La colonia Augusta Emérita (nuestra actual
Mérida), se había convertido, a fines del siglo III, en un emporio floreciente del
comercio y la cultura hispano-romana, así como en una de las primeras cunas del
cristianismo en la Península. Dentro de este mundo un tanto abigarrado y cosmopolita
vería la luz una de las vírgenes mártires más veneradas de todos los tiempos: Santa
Eulalia. Si bien su vida fue breve, puede decirse que dentro de sus pocos años dio
muestras de "haber llenado una gran carrera", mostrando su preferencia por la virginidad
y las cosas de Dios con seriedad adulta. Al surgir la persecución de Diocleciano y
Maximiano, los padres de Eulalia, conocedores de su entereza y ansias de martirio,
quisieron apartarla solícitamente de la ciudad. Pero, huyendo por la noche del albergue
campesino en que la habían puesto, se presentó ella misma, a impulsos del deseo ardiente
del premio eterno, ante el tribunal proclamando su fe en el Dios verdadero y desafiando
cualquier género de tormentos. Extrañado, al par que iracundo, el pretor --como cuenta
Prudencio--, quiso disuadirla con palabras persuasivas: "Tu casa, deshecha en
lágrimas, te reclama. ¿Es que no te importa el amor de tus padres? Mira que están
preparando los instrumentos de suplicio...". Pero Eulalia, desoyendo tales
insinuaciones, arrojó por el suelo los ídolos y despreció al pretor. Dos verdugos
comenzaron a desgarrar su cuerpo, mientras la joven creía ver en cada herida una letra
más que escribía el nombre sacrosanto de Cristo. Roto al fin su cuerpo, pero exultante
progresivamente su alma, fue sometida a la hoguera, que fundió en rojo la flor blanca de
su virginidad. Era el día 10 de Diciembre del año 304.
Otros Santos: Ntra. Sra. de Loreto; San Melquíades, papa y mártir; Gregorio lll, papa; Julia virgen; Invento y compañeros, Carpóforo, presbítero; Carpóforo, Abundio, Menas, Hermógenes, Eugrafo, Mercurio, Gemelo, mártires; Sindulfo y Diosdado, obispos; Beato Jerónimo de la ciudad "Sant'Angelo in" , presbítero.
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