SÁBADO
SANTO
El
sábado santo no tiene ni Eucaristía ni liturgia de la Palabra. Sólo se
celebra en él el Oficio de las Horas. Sin embargo, no es una simple espera de
la Fiesta. Al no tener ninguna asamblea, nos recogemos en la memoria de Cristo
en el sepulcro, pero, a la vez, nos unimos a un misterio que confesamos creer
cuando rezamos el símbolo de los Apóstoles: «Creo en Jesucristo, nuestro Señor,
que descendió a los infiernos». La bajada de Cristo a los infiernos ‑es
decir, al lugar de los muertos‑ es el lazo de unión del misterio de su
Pascua. Prolonga la humillación de la cruz, manifestando el realismo de la
muerte de Jesús cuya alma conoció en verdad la separación del cuerpo y se unió
a las restantes almas de los justos. Mas el descenso de Cristo al lugar de los
muertos manifiesta también la grandeza de su victoria: resurgió a la vida
precisamente del fondo del abismo. Al mismo tiempo, supone ya la inauguración
de esta victoria: Cristo, el Señor, descendió hacia aquellos que le esperaban
para anunciarles su ya inmediata liberación. El descenso a los infiernos es el
punto de partida del gran movimiento que le llevará, tras la resurrección, a
la gloria de su ascensión: «Este que bajó es el mismo que subió por encima
de todos los delos» (Ef. 4, 10).
En
la Liturgia de las Horas rogamos en estos términos: «Omnipotente y eterno
Dios, cuyo Hijo unigénito descendió a las profundidades de la tierra, de donde
resurgió glorioso: concede a tus fieles, sepultados con Él en el bautismo,
Regar por su resurrección a la vida eterna»,
"ESTA ES LA NOCHE"
VIGILIA PASCUAL
La
celebración anual de la muerte y resurrección de Cristo culmina en la Noche
pascual, que es la noche santa para los cristianos. Esta asamblea litúrgica es,
según la expresión de San Agustín, la madre de todas las vigilias santas. Si
es natural que el discípulo de Cristo consagre a la oración una parte de las
horas de la noche, puesto que el Señor le enseñó a velar a la espera del
Esposo (Mt 25, 13), la asamblea litúrgica conviene de modo eminente a la noche
pascual: es la noche en que los hijos de Israel comían el cordero libertador
y en la que pasaron a pie el Mar Rojo; es la noche en que Cristo rompió los
lazos de la muerte para ascender victorioso de los infiernos; y la noche en que
la Iglesia, desde sus orígenes, aguarda el retorno de su Señor.
Los
cristianos congregados pasan esta noche, en primer lugar, oyendo la lectura de
la palabra de Dios, que les recuerda la historia de la salvación, desde la
creación y el éxodo hasta la resurrección de Jesús y su exaltación a los
cielos. Durante las lecturas, la asamblea es iluminada por el cirio pascual:
brilla junto al lector, como en otro tiempo la nube que condujo al pueblo judío
en su camino hacía la tierra prometida, y, en especial, como Cristo, que
ilumina al mundo con su resplandor.
La
noche concluye con la celebración de los sacramentos de la Pascua: el Bautismo,
por el que el hombre muere con Cristo para vivir con El de su nueva vida (Rom 6,
8); la Confirmación, que imprime en el cristiano el sello de Cristo y le otorga
el Espíritu Santo, y la Eucaristía, en la cual, cuando toman parte en el
banquete sagrado de la nueva Alianza, los discípulos reconocen al Señor
resucitado en la fracción del pan.
La
noche pascual ofrece a los cristianos un anticipo del gozo de la nueva Jerusalén.
Por este motivo resuena durante ella el cántico del Aleluya.
ESTA NOCHE TODO ES ESPECIAL
BENDICIÓN
DEL FUEGO Y PREPARACIÓN DEL CIRIO PASCUAL
El
Oficio puede comenzarse a la caída de la noche, y ha de concluir antes de salir
el sol.
En un lugar adecuado fuera de la iglesia, se enciende fuego. Allí se congrega
el pueblo, llevando cada uno su cirio. En caso de que no se pueda hacerlo fuera,
el pueblo se reúne ya en la iglesia, agrupándose junto a la entrada, a fin de
poder después proceder a la procesión tras el cirio hacia la luz de la
liturgia de la Palabra.
Una vez reunido el pueblo, acuden junto al fuego el celebrante y los ministros,
uno de los cuales lleva el cirio pascual. El celebrante saluda al pueblo y le
amonesta brevemente sobre el sentido de la Vigilia nocturna, con estas
palabras u otras semejantes.
Hermanos:
En esta noche santa, en que nuestro Señor Jesucristo ha pasado de la muerte a
la vida, la Iglesia invita a todos sus hijos, diseminados por el mundo, a que se
reúnan para velar en oración.
Si
recordamos así la Pascua del Señor, oyendo su palabra y celebrando sus
misterios, podremos esperar tener parte en su triunfo sobre la muerte y vivir
con él siempre en Dios.
Seguidamente se bendice el fuego.
Oremos.
Oh Dios, que por medio de tu Hijo has dado a tus fieles el fuego de tu luz:
santifica + este fuego, y enciende en nosotros, durante estas fiestas pascuales,
un deseo tan grande del cielo, que podamos llegar con corazón limpio a las
fiestas de la eterna luz. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
Del nuevo fuego se enciende el cirio pascual.
Bendecido el nuevo fuego, un acólito o uno de los ministros lleva el cirio pascual ante el celebrante, que con un punzón graba la cruz en el mismo cirio. Después hace sobre él la letra griega Alfa, y debajo la letra Omega, y entre los brazos de la cruz los cuatro números que expresan el año en curso, mientras dice:
1.
Cristo ayer y hoy.
(Graba el trazo vertical.)
2.
Principio y Fin.
(Graba el trazo horizontal.)
3.
Alfa.
(Graba la letra Alfa encima del trazo vertical.)
4.
Y Omega.
(Graba la letra Omega debajo del trazo vertical.)
5.
Suyo es el principio.
(Graba el primer número del año en curso en el ángulo izquierdo superior de la cruz.)
6.
Y la eternidad.
(Graba el segundo número del año en curso en el ángulo derecho superior de la cruz.)
7.
A él la gloria y el poder.
(Graba el tercer número del año en curso en el ángulo izquierdo inferior de la cruz.)
8.
Por los siglos de los siglos. Amén.
(Graba el cuarto número del año en curso en el ángulo derecho inferior de la cruz.)
Acabada la incisión de la cruz y de los otros signos, el celebrante puede incrustar en el cirio cinco granos de incienso, en forma de cruz, mientras dice:
1.
Por sus llagas santas
2.
y gloriosas
3.
nos proteja
4.
y nos guarde
5.
Jesucristo nuestro Señor. Amén.
El celebrante enciende el cirio Pascual con el fuego nuevo, diciendo:
La luz de Cristo, que resucita glorioso, disipe las tinieblas del corazón y del espíritu.
Cuando
no es posible bendecir el luego fuera de la iglesia, el rito se hará en el
interior, a ser posible al fondo, a fin de que pueda hacerse la procesión.
PROCESIÓN
Seguidamente,
el diácono, o en su defecto el celebrante, toma el cirio pascual y, teniéndolo
elevado, canta él solo:
¡Luz
de Cristo!
Y todos responden:
Demos
gracias a Dios.
o bien:
Oh
luz gozosa de la santa gloria, del Padre celeste e inmortal. ¡Santo y feliz
Jesucristo!
Después
todos entran en la iglesia precediéndoles el diácono con el cirio pascual.
A la puerta de la iglesia, el diácono, de pie y elevando el cirio, canta de
nuevo:
Luz
de Cristo.
Y todos responden:
Demos
gracias a Dios.
Y
encienden sus velas de la llama del cirio pascual, y avanzan.
El diácono, cuando hubiese llegado ante el altar, de pie vuelto al pueblo,
canta por tercera vez:
Luz
de Cristo.
Y todos responden:
Demos
gracias a Dios.
Y se encienden las luces de la iglesia.
PREGÓN PASCUAL
Cuando
el celebrante ha llegado al altar, va a su sede. El diácono pone el cirio
pascua[ sobre un candelabro colocado en medio del presbiterio o junto al ambón.
El
diácono, o en su defecto el celebrante, anuncia el pregón pascual, estando
todos de pie y con las velas encendidas en las manos.
El
pregón pascual puede ser anunciado, según las necesidades, por un cantor que
no sea diácono, el cual omite las palabras: Por eso, queridos hermanos, hasta
el fin de la invitación, y el saludo: El Señor esté con vosotros.
El pregón puede ser cantado también en su forma más breve.
Exulten
por fin los coros de los ángeles, exulten las jerarquías del cielo, y por la
victoria de rey tan poderoso que las trompetas anuncien la salvación.
Goce también la tierra, inundada de tanta claridad, y que, radiante con el
fulgor del rey eterno, se sienta libre de la tiniebla que cubría el orbe
entero.
Alégrese también nuestra madre la Iglesia, revestida de luz tan brillante;
resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.
[ Por eso queridos hermanos, que asistís a la admirable claridad de esta luz
santa, invocad conmigo la misericordia de Dios omnipotente, para que aquel que,
sin mérito mío, me agregó al número de sus ministros (diáconos),
infundiendo el resplandor de su luz, me ayude a cantar las alabanzas de este
cirio.
El
Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
Levantemos
el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos
gracias al Señor nuestro Dios.
Es Justo y necesario.
En
verdad es Justo y necesario aclamar con nuestras voces y con todo el afecto del
corazón a Dios invisible el Padre todopoderoso, y a su único Hijo, nuestro Señor'
Jesucristo.
Porque él ha pagado Por nosotros al eterno Padre la deuda de Adán y,
derramando su sangre, canceló el recibo del antiguo pecado.
Porque éstas Son las fiestas de Pascua, en las que se inmola el verdadero
Cordero, cuya sangre consagra las puertas de los fieles.
Esta
es la noche en que sacaste de Egipto a los israelitas, nuestros padres, y los
hiciste pasar a pie el mar Rojo.
Esta es la noche en que la columna de fuego esclareció las tinieblas del
pecado.
Esta es la noche en la que, por toda la tierra, los que confiesan su fe en
Cristo son arrancados de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado, son
restituidos a la gracia y son agregados a los santos.
Esta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende
victorioso del abismo. ¿De qué nos serviría haber nacido si no hubiéramos
sido rescatados?.
¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros!.
¡Qué
incomparable ternura y caridad! ¡Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!.
Necesario fue el pecado de Adán, que ha sido borrado por la muerte de Cristo.
¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!.
¡Qué noche tan dichosa! Sólo ella conoció el momento en que Cristo resucitó
de entre los muertos.
Esta es la noche de que estaba escrito: «Será la noche clara como el día, la
noche iluminada por mi gozo.» Y así, esta noche santa ahuyenta los pecados,
lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes,
expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos.
En esta noche de gracia, acepta, Padre santo, el sacrificio vespertino de esta
llama, que la santa Iglesia te ofrece en la solemne ofrenda de este cirio, obra
de las abejas.
Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego, ardiendo en llama viva para
gloria de Dios. Y aunque distribuye su luz, no mengua
al
repartirla, porque se alimenta de esta cera fundida, que elaboró la abeja
fecunda para hacer esta lámpara preciosa.
¡Qué noche tan dichosa en que se une el cielo con la tierra, lo humano y lo
divino!.
Te rogamos, Señor, que este cirio, consagrado a tu nombre, arda sin apagarse
para destruir la oscuridad de esta noche, y, como ofrenda agradable, se asocie a
las lumbreras del cielo. Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo, ese
lucero que no conoce ocaso y es Cristo, tu Hijo resucitado, que, al salir del
sepulcro, brilla sereno para el linaje humano, y vive y reina glorioso por los
siglos de los siglos.
Amén.
Se
puede terminar el Pregón pascual con un canto de aclamación.
Apagan todos sus velas y se sientan.
2. LA CELEBRACIÓN DE LA PALABRA
Los
cristianos se disponen a revivir en los sacramentos la muerte y resurrección de
Cristo, haciendo memoria de los acontecimientos esenciales de la historia de la
salvación. Entre las páginas del Antiguo Testamento que se ofrecen a nuestra
consideración, ocupa un lugar privilegiado el relato del Éxodo, ya que la
salvación del pueblo hebreo al cruzar el Mar Rojo inaugura la salvación de la
humanidad en Jesucristo (3). La liturgia de la Palabra alcanza su punto
culminante en el anuncio jubiloso de la resurrección de Jesús hecha por uno de
los evangelistas (9), Pero antes nos ha revelado San Pablo cómo, por el
bautismo, cada uno de los creyentes muere y resucita con Cristo: el hombre del
pecado ha sido sepultado en las aguas y surge
una nueva criatura (8).
En esta vigilia, «Madre de todas las vigilias» (San Agustín) se proponen
nueve lecturas: siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo (epístola y
evangelio).
Hermanos:
Con el pregón solemne de la Pascua, hemos entrado ya en la noche santa de la
Resurrección del Señor. Escuchemos, en silencio meditativo, la Palabra de
Dios. Recordemos las maravillas que Dios ha realizado para salvar al primer
Israel, y cómo en el avance continuo de la Historia de la Salvación, al
llegar los últimos tiempos, envió al mundo a su Hijo, para que, con su muerte
y resurrección, salvara a todos los hombres. Mientras contemplarnos la gran trayectoria
de esta Historia Santa, oremos intensamente, para que el designio de salvación
universal, que Dios inició con Israel, llegue a su plenitud y alcance a toda la
humanidad por el misterio de la resurrección de Jesucristo.
Después comienzan las lecturas. El lector se dirige al ambón y lee la primera. Seguidamente el salmista o un cantor dice el salmo, proclamando el pueblo la respuesta. Acabado el salmo todos se levantan y el sacerdote dice: Oremos, y, después que todos han orado en silencio durante algún tiempo, dice la colecta.
LECTURA
1
La creación del mundo y de la humanidad.
INTRODUCCIÓN
A LA PRIMERA LECTURA LARGA
La Pascua supone un comienzo absoluto: Cristo resucitado es el primogénito de la creación nueva, a la que se entra por el Bautismo
INTRODUCCIÓN
A LA PRIMERA LECTURA BREVE
Cristo
resucitado es el nuevo Adán, el hombre nuevo del que nos hacemos miembros por
el bautismo.
LECTURA
DEL LIBRO DEL GÉNESIS 1, 1‑31; 2,1‑2
Al
principio creó Dios el cielo y la tierra.
Vio Dios todo lo que había hecho: y era muy bueno
La
tierra era un caos informe; sobre la faz del Abismo, la tiniebla. Y el Aliento
de Dios se cernía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Que exista la luz. Y
la luz existió. Y vio Dios que la luz era buena. Y separó Dios la luz de la
tiniebla: llamó Dios a la luz «Día»; a la tiniebla «Noche» ‑pasó
una tarde, pasó una mañana: el día primero.
Y dijo Dios: Que exista una bóveda entre las aguas, que separe aguas de aguas.
E hizo Dios una bóveda y separó las aguas de debajo de la bóveda de las aguas
de encima de la bóveda. Y así fue. Y llamó Dios a la bóveda «Cielo».
‑Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo.
Y dijo Dios: Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo sitio, y que
aparezcan los continentes.
Y así fue. Y llamó Dios a los continentes «Tierra» y a la masa de las aguas
la llamó «Mar». Y vio Dios que era bueno.
Y dijo, Dios: Verdee la tierra hierba verde, que engendre semilla y árboles
frutales que den fruto según su especie, y que lleven semilla sobre la
tierra. Y así fue. La tierra brotó hierba verde que engendraba semilla según
su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla según su especie. Y
vio Dios que era bueno. ‑Pasó una tarde, pasó una mañana: el día
tercero.
Y dijo Dios. Que existan lumbreras en la Bóveda del cielo, para separar el día,
de la noche, para señalar las fiestas, los días y los años; y sirvan de
lumbreras en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra. Y así fue. E
hizo Dios do, lumbreras grandes: la lumbrera mayor para regir el día, y la
lumbrera menor para regir la noche; y las estrellas. Y las puso Dios en la bóveda
del cielo, para dar luz sobre la tierra; para regir el día y la noche, para
separar la luz de la tiniebla. Y vio Dios que era bueno. Pasó una tarde, pasó
una mañana: el día cuarto.
Y dijo Dios: Pululen las aguas un pulular de vivientes, y. pájaros vuelen sobre
la tierra frente a la bóveda del cielo. Y creó Dios los cetáceos y los
vivientes que se deslizan y que el agua hace pulular según sus especies, Y las
aves haladas según sus especies. Y vio Dios que era bueno. Y Dios los bendijo
diciendo: Creced, multiplicaos, llenad las aguas del mar; que las aves se
multipliquen en la tierra. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto.
Y dijo Dios: Produzca la tierra vivientes según sus especies: animales domésticos,
reptiles y fieras según sus especies, los animales domésticos según sus
especies y los reptiles según sus especies. Y vio Dios que era bueno.
Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los
peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, los reptiles de la
tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y
mujer los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: Creced, multiplicaos, llenad la
tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo, los
vivientes que se mueven sobre la tierra.
Y dijo Dios: Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran
semilla sobre la faz de la tierra; y todos los árboles frutales que engendran
semilla os servirán de alimento; y a todas las fieras de la tierra, a todas las
aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra ‑a todo ser que
respira‑ la hierba verde les servirá de alimento. Y así fue. Y vio Dios
todo lo que había hecho: y era muy bueno. ‑Pasó una tarde, pasó una mañana:
el día sexto.
Quedaron concluidos el cielo, la tierra y sus ejércitos. Y concluyó Dios para
el día séptimo todo el trabajo que había hecho; y descansó el día séptimo
de todo el trabajo que había hecho. ]
Se puede elegir entre el salmo 103 y el 32. Uno y otro dan gracias a Dios por el esplendor de su creación; el estribillo del primero pide a Dios que envíe su Espíritu para que realice en el mundo la nueva creación, cuya primicia es Cristo resucitado.
SALMO
RESPONSORIAL 103
R/
Envía
tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto.
Asentaste
la tierra sobre sus cimientos,
y no vacilará jamás;
la cubriste con el manto del océano,
y las aguas se posaron sobre las montañas.
De
los manantiales sacas los ríos
para que fluyan entre los montes,
junto a ellos habitan las aves del cielo,
y entre las frondas se oye su canto.
Desde
tu morada riegas los montes,
y la tierra se sacia de tu acción fecunda;
haces brotar hierba para los ganados
y forraje para los que sirven al hombre;
él saca pan de los campos.
¡Cuántas
son tus obras, Señor!,
y todas las hiciste con sabiduría,
la tierra está llena de tus criaturas.
¡Bendice, alma mía al Señor!
o bien puede cantarse el siguiente Salmo:
SALMO
RESPONSORIAL 32
R/
La
misericordia del Señor llena la tierra.
La
palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales.
El ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra.
La
palabra del Señor hizo el cielo,
el aliento de su boca, sus ejércitos;
encierra en un odre las aguas marinas,
mete en un depósito el océano.
Dichosa
la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que Él se escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres.
Nosotros
aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor,
venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.
ORACION
Oremos.
Dios todopoderoso y eterno, admirable sic en todas tus obras; que tus redimidos
comprendan la creación del mundo en el comienzo de los siglos fue obra de mayor
grandeza que el sacrificio pascual Cristo en la plenitud de los tiempos. Por
Jesucristo nuestro Señor. Amén.
o esta oración:
Oremos.
Oh Dios, que con acción maravillosa creaste al hombre y con mayor maravilla lo
redimiste. Concédenos resistir a los atractivos del pecado, guiados por la
sabiduría del Espíritu, para llegar a las alegrías del cielo. Por
Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
LECTURA
2
Sacrificio
y liberación de Isaac, el hijo querido.
Se puede leer el texto íntegro de este relato (Gen 22, 1‑13>
15‑18) o abreviarlo omitiendo lo que va entre paréntesis (Gen 22,
1‑2, 9a, 10‑13, 15‑18).
Nos dice la Escritura que Abrahán, al aceptar ofrecer en sacrificio a su hijo
único, hizo un acto de fe en la resurrección: Dios, pensaba él, es tan
poderoso que hasta puede resucitar a los muertos (Hebr 11, 9). De este modo, el
sacrificio de Isaac y su preservación profetizan la muerte y la resurrección
de Jesús.
LECTURA
DEL LIBRO DEL GÉNESIS 22,148
En
aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán llamándole: “Abrahán!» Él
respondió: «Aquí me tienes.» Dios le dijo: «Torna a tu hijo único, al que
quieres, a Isaac, y vete al país de Moría y ofrécemelo allí en sacrificio en
uno de los montes que yo te indicaré.» Abrahán madrugó, aparejó el asno y
se llevó consigo a dos criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el
sacrificio y se encaminó al lugar que le había indicado Dios, El tercer día
levantó Abrahán los ojos y descubrió el sitio de lejos.
Y Abrahán dijo a sus criados: «Quedaos aquí con el asno; yo con el muchacho
iré hasta allá para adorar y después volveremos con vosotros.»
Abrahán tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su hijo Isaac, y él
llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos. Isaac dijo a Abrahán,
su padre: «Padre.» Él respondió: «Aquí estoy, hijo mío.» El muchacho
dijo: «Tenemos fuego y leña, pero, ¿dónde está el cordero para el
sacrificio?» Abrahán contestó: «Dios proveerá el cordero para el
sacrificio, hijo mío.» Y siguieron caminando juntos.]
Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, [Abrahán levantó allí el
altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar,
encima de la leña. Entonces] Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su
hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo«¡Abrahán, Abrahán!»
Él contestó: «Aquí me tienes.» El ángel le ordenó: «No alargues la mano
contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has
reservado a tu hijo, tu único hijo.» Abrahán levantó los ojos y vio un
carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tornó el carnero y
lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo.
[Abrahán llamó aquel sitio «El Señor ve», por lo que se dice aún hoy «El
monte del Señor ve». El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el
cielo: «juro por mí mismo oráculo del Señor‑: por haber hecho
esto, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te bendeciré,
multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena
de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades
enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque
me has obedecido.»
SALMO
RESPONSORIAL 15
El
salmo 15 fue interpretado por la primera generación cristiana como una profecía
de la resurrección de Cristo (Hch. 2, 25‑29).
R/
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
El
Señor es el lote de mí heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mí derecha no vacilaré.
Por
eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena:
porque no me entregarás a la muerte
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
Me
enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
ORACIÓN
Oremos.
Oh Dios, Padre supremo de los creyentes, que multiplicas sobre la tierra los
hijos de tu promesa con la gracia de la adopción y, por el misterio pascual,
hiciste de tu siervo Abrahán el padre de todas las naciones, como lo habías
prometido. concede a tu pueblo responder dignamente a la gracia de tu llamada.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
LECTURA
3
Liberación
de Israel por el paso del Mar Rojo (Lectura obligatoria).
En la antigua Pascua, el pueblo hebreo fue liberado de la esclavitud atravesando
el Mar Rojo. El nuevo pueblo de Dios recibe su salvación al cruzar las aguas
del bautismo.
LECTURA
DEL LIBRO DEL ÉXODO 14, 15‑51, 1
Los
israelitas entraron en medio del mar a pie enjuto
En
aquellos días, dijo el Señor a Moisés‑ «¿Por qué sigues clamando a mí?
Di a los israelitas que se pongan en marcha. Y tú, alza tu cayado, extiende tu
mano sobre el mar y divídelo, para que los israelitas entren en medio del mar
a pie enjuto. Que yo voy a endurecer el corazón de los egipcios para que los
"sigan, y me cubriré de gloria a costa del Faraón y de todo su ejército,
de sus carros y de los guerreros. Sabrán los egipcios que yo soy el Señor,
cuando me haya cubierto de gloria a costa del Faraón, de sus carros y de los
guerreros.» Se puso en marcha el ángel del Señor, que iba al frente del ejército
de Israel, y pasó a retaguardia. También la columna de nube de delante se
desplazó de allí y se colocó detrás, poniéndose entre el campamento de los
egipcios y el campamento de los israelitas. La nube era tenebrosa y transcurrió
toda la noche sin que los ejércitos pudieran trabar contacto. Moisés extendió
su mano sobre el mar, y el Señor hizo soplar durante toda la noche un fuerte
viento del Este que secó el mar y se dividieron las aguas, Los israelitas
entraron en medio del mar a pie enjuto, mientras que las aguas formaban muralla
a derecha e izquierda. Los egipcios se lanzaron en su persecución, entrando
tras ellos en medio del mar, todos los caballos del Faraón y los carros con sus
guerreros.
Mientras velaban al amanecer, miró el Señor al campamento egipcio desde la
columna de fuego y nube y sembró el pánico en el campamento egipcio. Trabó
las ruedas de sus carros y las hizo avanzar pesadamente. Y dijo Egipto: «Huyamos
de Israel, porque el Señor lucha en su favor contra Egipto.» Dijo el Señor a
Moisés: «Extiende tu mano sobre el mar y vuelvan las aguas sobre los egipcios,
sus carros y sus jinetes.» Y extendió Moisés su mano sobre el mar; y al
amanecer volvía el mar a su curso de siempre. Los egipcios huyendo iban a su
encuentro y el Señor derribó a los egipcios en medio del mar. Y volvieron
las aguas y cubrieron los carros, los jinetes y todo el ejército del Faraón,
que lo había seguido por el mar. Ni uno solo se salvó. Pero los hijos de
Israel caminaban por lo seco en medio del mar; las aguas les hacían de muralla
a derecha e izquierda.
Aquel día salvó el Señor a Israel de las manos de Egipto. Israel vio a los
egipcios muertos, en la orilla del mar. Israel vio la mano grande del Señor
obrando contra los egipcios, y el pueblo temió al Señor y creyó en el Señor
y en Moisés, su siervo. Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron un cántico
al Señor.
CÁNTICO
EX 15, 1‑2.343‑6.17‑18
Al fin de la lectura se une inmediatamente el cántico de Moisés, que sigue a continuación. En aquellas asambleas en que no fuera posible cantar este cántico, el lector omite la última frase de la lectura: Entonces Moisés... y se canta el salmo 135.
R/
Cantemos al Señor, sublime es su victoria.
Cantemos
al Señor, sublime es su victoria:
caballos y carros ha arrojado en el mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mí salvación.
Él
es mi Dios: yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré.
El Señor es un guerrero,
su nombre es el Señor.
Los
carros del Faraón los lanzó al mar,
ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes.
Las olas los cubrieron,
bajaron hasta el fondo como piedras.
Tu
diestra, Señor, es fuerte y terrible,
tu diestra, Señor, tritura al enemigo.
Los introduces y los plantas en el monte de tu heredad
lugar del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor que fundaron tus manos. El Señor reina por siempre jamás.
SALMO
135
El salmo 135 da gracias a Dios por las maravillas que ha obrado en la liberación de su pueblo. Tales maravillas prosiguen a través de los sacramentos de la nueva Pascua.
R/
Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
Dad
gracias al Dios de los dioses,
porque es eterna su misericordia.
Dad gracias al Señor de los señores,
porque es eterna su misericordia.
Él
hirió a Egipto en sus primogénitos,
porque es eterna su misericordia.
Y sacó a Israel de aquel país,
porque es eterna su misericordia.
Él
dividió en dos partes el mar Rojo,
porque es eterna su misericordia.
Guió por el desierto a su pueblo,
porque es eterna su misericordia.
Él
da alimento a todo viviente,
porque es eterna su misericordia.
Dad gracias al Dios del cielo,
porque es eterna su misericordia.
ORACIÓN
Oremos.
También ahora, Señor, vemos brillar tus antiguas maravillas, y lo mismo que
en otro tiempo manifestabas tu poder al librar a un solo pueblo de la persecución
del Faraón, hoy aseguras la salvación de todas las naciones, haciéndolas
renacer por las aguas del bautismo. Te pedimos que los hombres del mundo entero
lleguen a ser hijos de Abrahán y miembros del nuevo Israel. Por Jesucristo
nuestro Señor.
Amén.
O esta oración:
Oremos.
Oh Dios, que has iluminado los prodigios de los tiempos antiguos con la luz del
Nuevo Testamento: el mar Rojo fue imagen de la fuente bautismal, y el pueblo
liberado de la esclavitud imagen de la familia cristiana; concede que todos los
pueblos, elevados por su fe a la dignidad de pueblo elegido, se regeneren por la
participación de tu Espíritu. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
LECTURA
4
El
amor de Dios a Jerusalén, su Esposa.
El profeta Isaías nos va a descubrir el esplendor futuro de la nueva Jerusalén,
de la Ciudad‑Esposa, que nació de un amor eterno. Se trata de una profecía
de la Iglesia, a la que Cristo lavará con su sangre y la asociará a su vida de
Resucitado.
LECTURA
DEL LIBRO DE ISAÍAS 54,
Con
misericordia eterna te quiere el Señor, redentor.
El
que te hizo te tomará por esposa: su nombre es el Señor de los Ejércitos.
Tu redentor es el Santo de Israel, se llama Dios de toda la tierra.
Como a mujer abandonada y abatida te vuelve a llamar el Señor; como a esposa de
juventud, repudiada, ‑‑dice tu Dios.Por un instante te abandoné, pero con gran cariño te reuniré.
En un arrebato de ira te escondí un instante mi rostro, pero con misericordia
eterna te quiero ‑dice el Señor, tu Redentor.
Me sucede como en tiempo de Noé: juré que las aguas del diluvio no volverían
a cubrir la tierra; así juro no airarme contra ti ni amenazarte.
Aunque se retiren los montes y vacilen las colinas, no se retirará de ti mi
misericordia ni mi alianza de paz vacilará ‑dice el Señor, que te quiere.¡Oh,
afligida, zarandeada, desconsolada!.
Mira, yo mismo coloco tus piedras sobre azabaches, tus cimientos sobre zafiros;
te pondré almenas de rubí, y puertas de esmeralda, Y muralla de piedras
preciosas. Tus hijos serán discípulos del Señor, tendrán gran paz tus hijos.
Tendrás firme asiento en la justicia. Estarás lejos de la opresión, y no
tendrás que temer; y lejos del terror, que no se acercará.
SALMO
RESPONSORIAL 29
Este
salmo da gracias a Dios porque nos ha librado de la muerte y nos ha asociado a
la alegría de Cristo resucitado.
R/
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
Te
ensalzaré, Señor, porque me has librado.
y no has dejado que mis enemigos se rían
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.
Tañed
para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante, su bondad de por vida;
al atardecer nos visita el llanto,
por la mañana, el júbilo.
Escucha,
Señor, y ten piedad de mí,
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.
ORACION
Oremos.
Dios todopoderoso y eterno, multiplica, fiel a tu palabra, la descendencia que
aseguraste a la fe de nuestros padres, y aumenta con tu adopción los hijos de
la promesa; para que tu Iglesia vea en qué medida se ha cumplido ya cuanto los
patriarcas creyeron y esperaron. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
u otra de las oraciones que se omiten de las siguientes lecturas.
LECTURA
5
El
misterio del agua y de la Palabra. El agua que da la vida, la alianza eterna que
el Señor quiso establecer
con su pueblo y la palabra de Dios que transforma al creyente, son los tres
temas que va a desarrollar el profeta, constituyendo otras tantas aproximaciones
al misterio del bautismo en Jesucristo.
LECTURA
DEL LIBRO DE ISAÍAS
Venid
a mí, y viviréis; señalaré con vosotros alianza perpetua
Esto
dice el Señor:
Oíd, sedientos todos, acudid por agua, también los que no tenéis dinero:
venid, comprad trigo, comed sin pagar vino y leche de balde.
¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta y el salario en lo que no da
hartura?.
Escuchadme atentos y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos.
Inclinad el oído, venid a mí: escuchadme y viviréis.
Sellaré con vosotros alianza perpetua, la promesa que aseguré a David: a él
lo hice mi testigo para los pueblos, caudillo y soberano de naciones; tú llamarás
a un pueblo desconocido, un pueblo que no te conocía correrá hacia ti; por el
Señor, tu Dios, por el Santo de Israel que te honra.
Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras está cerca; que
el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor,
y él tendrá piedad, ~ nuestro Dios, que es rico en perdón.
Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos. Como
el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los
vuestros. mis planes, que vuestros planes.
Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá, sino después
de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla
al sembrador y pan al que come; así será mi Palabra, que sale de mí boca:
no volverá a mí vacía, sino que hará mi
voluntad, y cumplirá mi encargo.
CÁNTICO
Is 12, 2‑3.4bcd5‑6
Dios
nos ofreció el poder apagar gratuitamente nuestra sed en su agua viva. En el cántico
de Isaías (Is 12, 2‑6) le mostramos nuestra alegría, unidos a todos
los que aguardan el bautismo.
R/
Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.
El
Señor es mi Dios y Salvador:
confiaré y no temeré,
porque mí fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mí salvación.
Dad
gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso.
Tañed
para el Señor que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
«Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel.»
ORACIÓN
Oremos.
Dios todopoderoso y eterno, esperanza única del mundo que anunciaste por la voz
de tus profetas los misterios de los tiempos presentes: atiende los deseos de tu
pueblo, porque ninguno de tus fieles puede progresar en la virtud sin la
inspiración de tu gracia. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
LECTURA
6
Dios
ofrece a los hombres la verdadera sabiduría.
El profeta Baruc recuerda que Dios es la fuente de la sabiduría y que los
bautizados tienen que permanecer fieles a su Ley. Pero la sabiduría de Dios se
ha revestido de una apariencia humana, ha vivido entre los hombres en Jesús.
Para un cristiano, vivir según la sabiduría es seguir al Señor.
LECTURA
DEL LIBRO DE BARUC 3, 9‑15.32‑4, 4
Camina
a la claridad del resplandor, del Señor
Escucha,
Israel, mandatos de vida, presta oído para aprender prudencia.
¿A qué se debe, Israel, que estés aún en país enemigo, que envejezcas en
tierra extranjera, que estés impuro con los muertos, que te cuenten con los del
Abismo? ‑Es que abandonaste la sabiduría.
Si hubieras seguido el camino de Dios, habitarías en paz para siempre.
Aprende dónde se encuentra la prudencia, el valor y la inteligencia, así
aprenderás dónde se encuentra la vida larga, la luz de los ojos y la paz.
¿Quién encontró su puesto o entró en sus almacenes? El que todo lo sabe la
conoce, la examina y la penetra. El que creó la tierra para siempre y la llenó
de animales cuadrúpedos; el que manda a la luz, y ella va, la llama, y le
obedece temblando; a los astros, que velan gozosos en sus puestos de guardia,
los llama y responden: «Presentes»; y brillan gozosos para su Creador.
Él es nuestro Dios y no hay otro frente a él: investigó el camino del saber y
se lo dio a su hijo Jacob, a su alnado, Israel.
Después apareció en el mundo y vivió entre los hombres.
Es el libro de los mandatos de Dios, la ley de validez eterna: los que la
guardan, vivirán, los que la abandonan' morirán. Vuélvete, Jacob, a
recibirla, camina a la claridad de su resplandor; no entregues a otros tu gloria
ni tu dignidad a un pueblo extranjero. ¡Dichosos nosotros, Israel, que
conocemos lo que agrada al Señor!
SALMO
RESPONSORIAL 18
En
este salmo cantamos nuestro amor a la Ley del Señor, que el Espíritu ha
impreso en nosotros.
R/ Señor, tienes palabras de vida eterna.
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante.
Los
mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos.
La
voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y eternamente justos.
Más
preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila.
ORACIÓN
Oremos,
Oh Dios, que sin cesar haces crecer a tu Iglesia agregando a ella nuevos hijos:
defiende con tu constante protección a cuantos purificas en el agua del
bautismo. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
LECTURA
7
Un
corazón nuevo y un espíritu nuevo.
Dios anunciaba a su pueblo desterrado, por boca del profeta Ezequiel, que
derramaría sobre él un agua pura, que les infundiría su espíritu y les
otorgaría un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿No es precisamente eso lo
que se cumple en el bautismo de la Nueva Alianza para el pueblo?
LECTURA
DEL LIBRO DE EZEQUIEL 36, 16‑17a.18‑28
Derramaré
sobre vosotros un agua pura, y os daré un corazón nuevo
Me
vino esta Palabra del Señor: Cuando la casa de Israel habitaba en su tierra, la
profanó con su conducta, con sus acciones, como sangre inmunda fue su proceder
ante mí. Entonces derramé mi cólera sobre ellos, por la sangre que habían
derramado en el país, por haberlo profanado con sus idolatrías. Los esparcí
entre las naciones, anduvieron dispersos por los países; según su proceder,
según sus acciones los sentencié. Cuando llegaron a las naciones donde se
fueron, profanaron mí santo nombre; decían de ellos: «Estos son el pueblo
del Señor, de su tierra han salido.» Sentí lástima de mi santo nombre,
profanado por la casa de Israel en las naciones a las que se fue. Por eso, di a
la casa de Israel: Esto dice el Señor.‑ No lo hago por Vosotros, casa de
Israel, sino por mí santo nombre profanado por vosotros, en las naciones a las
que habéis ido. Mostraré la santidad de mi
nombre grande, Profanado entre los gentiles, que vosotros habéis
Profanado en medio de ellos; conocerán los gentiles que yo soy el Señor
‑Oráculo del Señor‑ cuando les haga ver mi santidad al castigaros.
Os recogeré de entre las naciones, os reuniré de todos los países, y os
llevaré a vuestra tierra. Derramaré sobre vosotros un agua pura que os
purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de Purificar; y
os daré un corazón nuevo, Y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de
vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os
infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis
y cumpláis mis mandatos. Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.
Vosotros seréis mí pueblo y yo seré vuestro Dios.
Se puede tomar como himno el cántico de Isaías (Is 12, 2‑6), en caso de que no se haya cantado después de la lectura quinta, o uno de los dos salmos siguientes.
Tanto un salmo como otro
son himnos bautismales: el 41‑42 expresa la aspiración del catecúmeno a
encontrarse con el Dios vivo; el salmo 50, su deseo de ser renovado en lo más
íntimo de su ser.
SALMO
41
R/
Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios
mío.
Sacaréis
aguas con gozo
de las fuentes de la salvación.
Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?.
Desahogo
mi alma conmigo:
recuerdo cómo marchaba a la cabeza del grupo
hacia la casa de Dios,
entre cantos de júbilo y alabanza,
en el bullicio de la fiesta.
Envía
tu luz y tu verdad;
que ellos me guíen
Y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada.
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío.
SALMO
50
R/
Oh Dios, crea en mí un corazón puro.
Oh
Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
Devuélveme
la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.
Los
sacrificios no te satisfacen,
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
M sacrificio es un espíritu quebrantado,
un corazón quebrantado y humillado
tú no lo desprecias.
ORACIÓN
Oremos.
Oh Dios, poder inmutable y luz sin ocaso, mira con bondad a tu Iglesia,
sacramento de la nueva Alianza, y, según tus eternos designios, lleva a término
la obra de la salvación humana; que todo el mundo, experimente y vea cómo lo
abatido se levanta, lo viejo se renueva y vuelve a su integridad primera, por
medio de nuestro Señor Jesucristo, de quien todo procede. El cual vive y reina
contigo por los siglos de los siglos.
Amén.
Oremos.
Oh Dios, que para celebrar el misterio pascual nos instruyes con las enseñanzas
de los dos Testamentos; concédenos penetrar en los designios de tu amor, para
que, en los dones que hemos recibido, percibamos la esperanza de los bienes
futuros. Por Jesucristo...
Amén.
o
esta oración (si hay bautizandos):
Oremos.
Que tu eficacia, Dios todopoderoso y eterno, se manifieste en estos sacramentos,
obra de tu amor. Que el espíritu de adopción descienda sobre los nuevos hijos
que van a nacer de la fuente bautismal. Que tu poder dé eficacia a la acción
de tu ministro. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
HIMNO
PASCUAL
Después
de la última oración, se encienden los cirios del altar, y el sacerdote entona
el himno Gloria a Dios en el cielo, que todos prosiguen mientras suenan las
campanas, según las costumbres de los lugares.
Acabado
el himno, el sacerdote dice la colecta, como de costumbre.
Oremos.
Oh Dios, que iluminas esta noche santa con la gloria de la resurrección del Señor,
aviva en tu Iglesia el espíritu filial, para que, renovados en cuerpo y alma,
nos entreguemos plenamente a tu servicio. Por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Y se sientan todos para escuchar la lectura de la Epístola.
EPÍSTOLA
Al pasar de la lectura del Antiguo Testamento a la del Nuevo, escuchamos la enseñanza fundamental de San Pablo acerca del bautismo: la inmersión del catecúmeno en el agua bautismal es una muerte con Cristo, y su salida del agua, una participación en la resurrección del Señor. El cristiano, como miembro de Cristo vencedor del mal, ha de vivir como un resucitado.
LECTURA
DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS ROMANOS 6,3-11
Cristo,
una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más.
Hermanos:
Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo, fuimos incorporados a su
muerte. Por el bautismo fuimos sepultados con El en la muerte, para que, así
como Cristo fue despertado de entre los muertos por la gloria del Padre, así
también nosotros andemos en una vida nueva. Porque, si nuestra existencia está
unida a El en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección
como la suya. Comprendamos que nuestra vieja condición ha sido crucificada con
Cristo, quedando destruida nuestra personalidad de pecadores y nosotros libres
de la esclavitud al pecado; porque el que muere ha quedado absuelto del pecado.
Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con El;
pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más;
la muerte ya no tiene dominio sobre El. Porque su morir fue un morir al pecado
de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios. Lo mismo vosotros
consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús Señor
Nuestro.
Acabada
la Epístola, todos se levantan, y el sacerdote entona solemnemente el Aleluya,
que repiten todos.
Después
el salmista, o un cantor proclama el salmo, respondiendo el pueblo Aleluya.
SALMO
RESPONSORIAL 117
R/
Aleluya, aleluya, aleluya.
Dad
gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
La
diestra del señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa.
No he de morir, viviré,
para contar las hazañas del Señor.
La
piedra que desecharon los arquitectos,
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
EVANGELIO
El
ángel anuncia a las mujeres que Jesús de Nazaret, el crucificado, ha
resucitado
CICLO A Lectura del santo Evangelio según San Mateo 28 1-lo
n la madrugada del sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María la Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel habló a las mujeres: «Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí: HA RESUCITADO, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis.» Mirad, os lo he anunciado.» Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro impresionadas y llenas de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos.» Ellos se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies. Jesús les dijo: «No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea: allí me verán.»
CICLO B
Lectura del santo Evangelio según San Marcos¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado. Mirad el sitio donde lo pusieron Ahora id a decir a sus discípulos y a Pedro: El va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo.» Salieron corriendo del sepulcro, temblando de espanto. Y no dijeron nada a nadie, del miedo que tenían.
En aquel tiempo María la Magdalena, María la de Santiago y Salomé, compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Y se decían unas a otras: «¿Quién nos correrá la piedra a la entrada del sepulcro? » Al mirar vieron que la piedra estaba corrida, y eso que era muy grande. Entraron en el sepulcro y vieron un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y se asustaron. El les dijo: «No os asustéis
CICLO C
Lectura del santo Evangelio según San Lucas 24,1-12
El
primer día de la semana, de madrugada, las mujeres fueron al sepulcro llevando los aromas
que habían preparado. Encontraron corrida la piedra del sepulcro. Y entrando no
encontraron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras estaban desconcertadas por esto, se les
presentaron dos hombres con vestidos refulgentes. Ellas, despavoridas, miraban al suelo, y
ellos les dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. HA
RESUCITADO. Acordaos de lo que os dijo estando todavía en Galilea: 'El
Hijo del Hombre tiene que ser entregado en manos de pecadores, ser crucificado y al tercer
día resucitar'.» Recordaron sus palabras, volvieron del sepulcro y anunciaron todo esto
a los Once y a los demás. María Magdalena, Juana y María la de Santiago, y sus
compañeras contaban esto a los Após toles. Ellos lo tomaron por un delirio y no las
creyeron. Pedro se levantó y fue corriendo al sepulcro. Asomándose vio sólo las vendas
por el suelo. Y se volvió admirándose de lo sucedido.
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3 LOS SACRAMENTOS DE LA PASCUA
La Palabra de Dios nos ha preparar para los sacramentos de la noche pascual.
La fiesta
de Pascua -en esta noche o en las misas del domingo - es la fecha más expresiva para
celebrar el Bautismo.
* cantamos las
letanías de los Santos, si va a haber bautizos;
* el sacerdote bendice el agua bautismal; y se celebran los bautizos, si los hay; y la
Confirmación, si los bautizados son adultos;
* la comunidad renueva sus promesas bautismales: "Si, renuncio", "Si
creo"; y se hace la aspersión con el agua bautismal a todos;
* concluyendo con la oración universal.
En caso de que no haya ningún bautismo en la Vigilia pascual y de que no se tenga que bendecir el agua bautismal para los bautismos que tengan lugar durante el Tiempo pascual, se procede a la bendición del agua ordinaria.
BENDICIÓN
DEL AGUA BAUTISMAL
El
sacerdote con los ministros se dirige a la fuente bautismal, si es que ésta
se encuentra a la vista de los fieles reunidos. De lo contrario se pone un
recipiente con agua en el presbiterio (cosa que se ha podido hacer antes de
comenzar la Vigilia.
Si hay bautismos, se invita a quienes han de ser bautizados a que se aproximen
a la fuente bautismal. Los adultos acuden acompañados por sus padrinos y
madrinas; los que sean muy pequeños son llevados por sus padres, acompañados
por sus padrinos y madrinas.
El sacerdote amonesta a los presentes con estas u otras palabras:
Si hay bautizandos:
Hermanos:
Mantengamos con nuestra oración la anhelante esperanza de nuestros catecúmenos
y, todos juntos, oremos insistentemente a Dios, Padre todopoderoso, para que
guíe y encamine sus pasos hacia la fuente de la regeneración.
Si se bendice la fuente, pero no hay bautizandos:
Invoquemos,
queridos hermanos, a Dios todopoderoso, y pidámosle que con su poder
santifique esta agua, para que cuantos en ella renazcan por el bautismo sean
incorporados a Cristo y contados entre los hijos de adopción.
LETANÍAS
Sí no hay bautizandos ni se bendice la fuente, omitidas las Letanías, se hace inmediatamente la bendición del agua.
Durante
las Letanías permanecen todos en pie y responden a las invocaciones. pueden añadir
algunos nombres de santos especialmente de los titulares de la iglesia, de los
patronos y de los que van a ser bautizados.
Señor
ten piedad.
Señor: ten piedad.
Cristo,
ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Señor,
ten piedad.
Señor, ten piedad.
Santa
María, Madre de Dios.
Ruega por nosotros.
San
Miguel.
Ruega por nosotros.
Santos
ángeles de Dios.
Ruega por nosotros.
San
Juan Bautista.
Ruega por nosotros.
San
José.
Ruega por nosotros.
Santos
Pedro y Pablo.
Ruega por nosotros.
San
Andrés.
Ruega por nosotros.
San
Juan.
Ruega por nosotros.
Santa
María Magdalena.
Ruega por nosotros.
San
Esteban. Ruega por nosotros.
San
Ignacio de Antioquia.