MISA
VESPERTINA DE LA VIGILIA
Al
celebrar el don del Espíritu, que se perpetúa en la Iglesia desde el día de
Pentecostés, la liturgia insiste de modo especial, al comienzo de la fiesta, en
las profecías acerca de este don, que llenan el Antiguo y el Nuevo Testamento,
desde el Génesis hasta el Evangelio. A través de los tiempos, la reflexión
cristiana sobre el misterio de Pentecostés se ha nutrido de los cuatro textos
que se ofrecen a elección como primera lectura.
Pentecostés hizo de la Iglesia la anti-Babel (Lectura l), la ciudad en la que
«los pueblos divididos por el odio y el pecado se congregaron para que las
diversas lenguas encontrasen su unidad en la confesión del nombre del Señor».
Pentecostés es la fiesta de la promulgación de la Ley (Lectura 2), pero la Ley
de la Nueva Alianza no fue entregada sobre el monte Sinaí, sino que se halla
inscrita en los corazones por el Espíritu Santo que los ilumina. El don del Espíritu,
en el día de Pentecostés, hizo surgir de entre los muertos al nuevo pueblo de
Dios: el Espíritu es aliento de vida (Lectura 3). Finalmente, la profecía de
Joel, que vaticina la irrupción del Espíritu de Dios en los tiempos mesiánicos,
es el texto al que alude San Pedro (Hech. 2, 16-21) cuando se dirige al pueblo
el día de Pentecostés (Lectura 4). Todo ese largo camino de la revelación
desemboca en el llamamiento de Jesús: «El que tenga sed, que venga a mí; el
que cree en mí, que beba» (Evangelio).
ANTÍFONA
DE ENTRADA Rom
5, 5; 10.11
El
amor de Dios ha sido derrama en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se
nos ha dado. Aleluya.
Se
dice «Gloria».
ORACIÓN
COLECTA
o
bien:
Dios
todopoderoso, brille sobre nosotros el esplendor de tu gloria y que el Espíritu
Santo, luz de tu luz, fortalezca los corazones de los regenerados por tu
gracia. Por nuestro Señor.
Se
dice «Credo».
LITURGIA
DE LA PALABRA
Mientras
que la lectura del Antiguo Testamento y la del Evangelio nos anuncian el don del
Espíritu que había de tener cumplimiento en el día de Pentecostés, San Pablo
describe en su carta a los Romanos la acción del mismo Espíritu, que habita en
nosotros (cfr. A 1): El es quien, en nuestro interior, «quiere lo que Dios
quiere» y nos enseña a vivir según su corazón.
Para
la segunda lectura se puede elegir una de las cuatro que siguen:
1.
LECTURA DEL LIBRO DEL GÉNESIS
11, 1‑9
Se
llamó Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra
Toda
la tierra hablaba una sola lengua con las mismas palabras. Al emigrar (el
hombre) de Oriente, encontraron una llanura en el país de Sinaar y se
establecieron allí. Y se dijeron tinos a otros. Vamos a preparar ladrillos y a
cocerlos (emplearon ladrillos en vez de piedras, y alquitrán en vez de
cemento). Y dijeron: Vamos a construir una ciudad y una torre que alcance al
cielo, para hacernos famosos, y para no dispersarnos por la superficie de la
tierra.
El Señor bajó a ver la ciudad y la torre que estaban construyendo los hombres
y se dijo: Son un solo pueblo con una sola lengua. Si esto no es más que el
comienzo de
su actividad, nada de lo que decidan hacer les resultará imposible. Voy a bajar
y a confundir su lengua, de .modo que uno no entienda la lengua del prójimo. El
Señor los dispersó por la superficie de la tierra y cesaron de construir la
ciudad. Por eso se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de
toda la tierra, y desde allí los dispersó por la superficie de la tierra.
2
LECTURA DEL LIBRO DEL ÉXODO 19,
3‑8a.16‑20b
El
Señor bajará al monte Sinaí a la vista del pueblo
En
aquellos días Moisés subió hacia Dios. El Señor lo llamó desde el monte,
diciendo: «Así dirás a la casa de Jacob y esto anunciarás a los israelitas:
Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he
llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora pues, si de veras
escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal
entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mí un
reino de sacerdotes y una nación santa. Estas son las palabras que has de decir
a los israelitas.» Moisi1s convocó a los ancianos del pueblo y les expuso todo
lo que el Señor le había mandado. Todo el pueblo, a una, respondió: «Haremos
todo cuanto ha dicho el Señor.» Al tercer día, al rayar el alba, hubo truenos
y relámpagos y una densa nube sobre el monte y un poderoso resonar de
trompeta; y todo el pueblo que estaba en el campamento se echó a temblar. Moisés
hizo salir al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios y se
detuvieron al pie del monte. Todo el Sinaí humeaba, porque el Señor había
descendido sobre él en forma de fuego. Subía el humo como de un horno, y todo
el monte retemblaba con violencia. El sonar de la trompeta se hacía cada vez más
fuerte; Moisés hablaba y Dios le respondía con el trueno. El Señor bajó al
monte Sinaí, a la cumbre del monte, y llamó a Moisés a la cima de la montaña.
3
LECTURA DEL LIBRO DE EZEQUIEL 37,144
¡Huesos
secos! Os infundiré espíritu y viviréis
En
aquellos días, la mano del Señor se posó sobre mí, y con su Espíritu el Señor
me sacó y me colocó en medio de un valle todo lleno de huesos. Me hizo dar
vueltas en torno a ellos: eran innumerables sobre la superficie del valle y
estaban completamente secos. Me preguntó: «Hombre mortal, ¿podrán revivir
estos huesos?» Yo respondí: «Señor, tú lo sabes.» El me dijo: «Pronuncia
un oráculo sobre estos huesos y diles: huesos secos, escuchad la Palabra del Señor!
Así dice el Señor a estos huesos: Yo mismo traeré sobre vosotros espíritu y
viviréis. Pondré sobre vosotros tendones, haré crecer sobre vosotros carne,
extenderé sobre vosotros piel, os infundiré espíritu y viviréis. Y sabréis
que yo soy el Señor.»
Y profeticé como me había ordenado, y a la voz de mi oráculo, hubo un estrépito,
y los huesos se juntaron hueso con hueso. Me fijé en ellos: tenían encima
tendones, la carne había crecido y la piel los recubría; pero no tenían espíritu.
Entonces me dijo: «Conjura al espíritu, conjura, hombre mortal, y di al espíritu:
Así dice el Señor: De los cuatro vientos ven, espíritu, y sopla sobre estos
muertos para que vivan.» Yo profeticé como me había ordenado; vino sobre
ellos el espíritu y revivieron y se pusieron en pie. Era una multitud innumerable.
Y me dijo: «Hombre mortal, estos huesos son la entera casa de Israel, que dice:
Nuestros huesos están secos, nuestra esperanza ha perecido, estamos
destrozados. Por eso profetiza y diles. Así dice el Señor: Yo mismo abriré
vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os
traeré a la tierra de Israel. Y cuando abra vuestros sepulcros y os saque de
vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Os infundiré mi
espíritu y viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor,
lo digo y lo hago.» Oráculo del Señor.
4
LECTURA DEL LIBRO DE JOEL
2, 28‑32
Sobre
mis siervos y siervas derramaré mí Espíritu
Así
dice el Señor Dios:
Derramaré mí espíritu sobre toda carne: profetizarán vuestros hijos e hijas,
vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones.
También sobre mis siervos y siervas derramaré mi espíritu en aquellos días.
Haré prodigios en el cielo y en la tierra: sangre, fuego, columnas de humo.
El sol se entenebrecerá, la luna se pondrá color sangre, antes de que llegue
el día del Señor, grande y terrible.
Cuantos invoquen el nombre del Señor se salvarán.
Porque en el monte Sión y en Jerusalén quedará un resto; como lo ha prometido
el Señor a los supervivientes que llamó.
SALMO
RESPONSORIAL 103
R/
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra. (o,
Aleluya.)
Bendice,
alma mía, al Señor.
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto.
Cuántas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con sabiduría;
la tierra está llena de tus criaturas.
¡Bendice, alma mía, al Señor!
Todos ellos aguardan
a que les eches comida a su tiempo;
se la echas y la atrapan,
abres tu mano y se sacian de bienes.
Les
retiras el aliento, y expiran,
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento y los creas,
y repueblas la faz de la tierra.
LECTURA
DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS ROMANOS 8, 22‑27
El
Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables
Hermanos:
Sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores
de parto. Y no sólo eso: también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu,
gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención
de nuestro cuerpo. Porque en esperanza fuimos salvados. Y una esperanza que se
ve, ya no es esperanza. ¿Cómo seguirá esperando uno aquello que ve? Cuando
esperamos lo que no vemos, esperamos con perseverancia. Así también el Espíritu
viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos
conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables.
El que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su
intercesión por los santos es según Dios.
EVANGELIO
Aleluya, aleluya. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y
enciende en ellos la llama de tu amor. Aleluya.
Lectura
del santo Evangelio según San Juan 7, 37‑39
Manarán
torrentes de agua viva
El
último día, el más solemne de las fiestas, Jesús en pie gritaba: «El que
tenga sed, que venga a mí; el que cree en mí, que beba. Como dice la
Escritura: de sus entrañas manarán torrentes de agua viva.» Decía esto
refiriéndose al Espíritu, que habían de recibir los que creyeran en él.
Todavía no se había dado el espíritu, porque Jesús no había sido
glorificado.
ORACIÓN
SOBRE LAS OFRENDAS
ANTÍFONA
DE COMUNIÓN Jn.
7, 37
El
último día, el más solemne de la fiesta, Jesús en pie gritaba: el que tenga
sed, que venga a mí. Aleluya.
ORACIÓN
DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
La comunión que acabamos de recibir, Señor, nos comunique el mismo ardor del Espíritu Santo que tan maravillosamente inflamó a los apóstoles de tu Hijo. Que vive y reina.
MISA
DEL DIA
El
Tiempo pascual concluye con la revelación de su verdadero carácter: es el
tiempo del Espíritu Santo. Queda enmarcado en una doble efusión del Espíritu
en su primer día y en el último, la noche de la Resurrección y la mañana de
Pentecostés ‑‑conforme nos dicen en el día de hoy la lectura del
evangelio y la de los Hechos de los Apóstoles. La liturgia nos presenta, como
en una especie de meditación acerca de la palabra de Dios, al Espíritu Santo a
la vez como una fuerza de expansión comunitaria y como un principio de
interiorización. El Espíritu de Dios llena el universo, cuya unidad
garantiza; santifica a la Iglesia «extendida por todas las naciones», y
difunde sus dones «sobre todos los confines de la tierra». Mas, al mismo tiempo,
penetra en los corazones, los llena del fuego de su amor (Aleluya) y los «lleva
al conocimiento pleno de toda la verdad». Es el principio vital del cristiano
en quien actúa, ya a la manera de un fuego que abrasa o como una fuente de agua
viva que regenera (Secuencia). Bien sea gobernando el cuerpo de la Iglesia, o
modelando a cada uno de los bautizados, su objetivo es hacer que todos entonen
las maravillas de Dios.
ANTÍFONA
DE ENTRADA Sab
1, 7
El
Espíritu del Señor llena el mundo, y él, que mantiene todo unido, habla con
sabiduría. Aleluya.
o
bien: Rom. 5, 5;
El
amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu que se nos
ha dado. Aleluya.
ORACIÓN
COLECTA
Oh Dios, que por el misterio de Pentecostés santificas a tu Iglesia, extendida por todas las naciones; derrama los dones de tu Espíritu sobre todos los confines de la tierra y no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica. Por nuestro Señor Jesucristo.
LITURGIA
DE LA PALABRA
Las tres lecturas
hacen notar el hecho de que el Espíritu Santo fue dado a los Apóstoles en relación con
su misión. Esto es lo que se deduce del relato evangélico y de la descripción del
suceso de Pentecostés del libro de los Hechos. En cuanto a San Pablo, que analiza en la
carta a los Romanos la acción íntima del Espíritu Santo en cada uno de los fieles (misa
de la víspera, nos presenta aquí al Espíritu como principio de la unidad de la Iglesia
en la diversidad de sus ministerios.
Se llenaron todos de Espíritu
Santo y empezaron a hablar
Lectura del libro de los hechos de los Apóstoles 2,1-11
Todos los discípulos estaban
juntos el día de Pentecostés. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio,
resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como
llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de
Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el
Espíritu le sugería.
Lectura de la 1ª carta del
apóstol San Pablo a los Corintios 12, 3b 7.12-13
Hermanos: Nadie puede
decir «Jesús es Señor», si no es bajo la acción del Espíritu Santo. Hay diversidad
de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de servicios, pero un mismo Señor; y
hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se
manifiesta el Espíritu para el bien común. SECUENCIA
Ven,
Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas,
infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones
según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. Amén.
Aleluya
Aleluya, Aleluya .
Ven, Espíritu Santo,
llena los corazones de tus fieles
y enciende en ellos la llama de tu amor.
Aleluya.
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Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid
el Espíritu Santo.
Lectura del santo Evangelio según San Juan 20,19-23
Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. En esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo." Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»
Oración
de los Fieles
Oremos,
hermanas y hermanos, e invoquemos a Cristo, que, entronizado a la derecha de
Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo prometido, y pidámosle que lo
derrame sobre la Iglesia y sobre todo el mundo: A
cada petición respondemos: Escúchanos, Señor.
Oremos
a Cristo, el buen pastor de la Iglesia, que nos mereció la efusión del Espíritu
Santo, y pidámosle que sean iluminados por este mismo Espíritu el Papa,
nuestros obispos y todos los demás pastores de la Iglesia, a fin de que
conduzcan su rebaño por las sendas de la salvación, roguemos al Señor.
Pidamos
también al Señor resucitado, que envió su Espíritu en forma de lenguas para
destruir la división de Babel, que congregue en la unidad y conceda la paz a
todas los pueblos y naciones del mundo, roguemos al Señor.
Supliquemos al vencedor de la muerte que envíe el Consolador a los que sufren, para que encuentren fuerza y consuelo en la contemplación del misterio pascual y les dé la firme esperanza de que están llamados a la resurrección y a la felicidad de su reino, roguemos al Señor.
Pidamos
al Hijo de Dios, que desde el Padre nos ha enviado el Espíritu Santo, que este
mismo Espíritu nos recuerde constantemente sus palabras y nos dé la fuerza que
necesitamos para dar testimonio de él hasta los confines del mundo, roguemos al
Señor.
Terminemos
nuestra oración pidiendo al mismo Espíritu que resucitó a Cristo de entre los
muertos, que permanezca en nosotros y nos disponga para ser piedras vivas del
templo eterno de Dios, roguemos al Señor.
Escucha,
Señor, las oraciones de tu pueblo y haz que quienes nos disponemos a clausurar,
con la solemnidad de hoy, las fiestas pascuales, renovados y fortalecidos por tu
Espíritu, vivamos continuamente la novedad pascual y lleguemos también a las
fiestas de la pascua eterna. Por Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina, inmortal
y glorioso, por los siglos de los siglos.
Amén.
ORACIÓN
SOBRE LAS OFRENDAS
PREFACIO
El
Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
Levantemos
el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos
gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En
verdad es justo y necesario
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno.
Pues, para llevar a plenitud el misterio pascual,
enviaste hoy el Espíritu Santo
sobre los que habías adoptado como hijos
por su participación en Cristo.
Aquel mismo Espíritu que, desde el comienzo,
fue el alma de la Iglesia naciente;
el Espíritu que infundió el conocimiento de Dios a todos los pueblos,
reunidos en Jerusalén;
el Espíritu que congregó en la confesión de una misma fe
a los que el pecado había dividido en diversidad de lenguas.
Y el mismo Espíritu que sigue vivificando a tu Iglesia,
e inspira a todos los hombres de buena voluntad que buscan tu reino.
Por eso, con esta efusión de gozo pascual,
el mundo entero se desborda de alegría
y también los coros celestiales,
los ángeles y arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria:
Santo...
ANTÍFONA
DE COMUNIÓN Hech.
2, 4-11
Se
llenaron todos de Espíritu Santo, y cada uno hablaba de las maravillas de Dios.
Aleluya.
Oh
Dios, que has comunicado a tu Iglesia los bienes del cielo: que el Espíritu
Santo sea siempre nuestra fuerza y la eucaristía que acabamos de recibir
acreciente en nosotros la salvación. Por Jesucristo.
![]()
La fiesta de Pentecostés es
la tercera gran Pascua cristiana, la tercera fiesta liberadora. La primera es Navidad,
cuando Dios se hace hombre, fiesta de ternura y esperanza porque Dios viene a salvar a su
pueblo. La segunda es Resurrección, día de vida y victoria, de amor que vence a toda
muerte. La tercera es Pentecostés : Dios se hace "huésped del alma",
fuego, don que todo lo recrea.![]()