San Pedro y San
Pablo sufrieron el martirio en Roma, sin duda el año 64 Pedro y el 67 Pablo. La Iglesia
romana, que venera sus sepulcros en el Vaticano y en la vía Ostiense nunca los separa en
su culto. Por eso, les ha consagrado una solemnidad común, el 29 de junio. Pero este
día, no sólo es fiesta para la Roma cristiana, sino para toda la Iglesia, que fue
plantada con su sangre, es «una celebración de santa alegría»: «Por caminos diversos,
ambos congregaron la única Iglesia de Cristo, y a ambos, coronados por el martirio,
celebra hoy el pueblo con una misma veneración».LITURGIA DE LA PALABRA
Las lecturas primera y tercera vuelven a estar consagradas a San Pedro y la segunda a San Pablo. El evangelio es el de la profesión de fe de Pedro y la promesa de Jesús: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». Los Hechos de los Apóstoles cuentan la liberación milagrosa de Pedro por medio de la oración de toda la Iglesia, con ocasión de hallarse prisionero en Jerusalén. La epístola nos ofrece el último mensaje dirigido por Pablo a su discípulo Timoteo cuando, prisionero en Roma, se prepara a recibir el Martirio.![]()
LECTURA DEL LIBRO DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES 12. 1-11
En aquellos días, el rey Herodes se puso a perseguir a algunos miembros de la
Iglesia. Hizo decapitar a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los
judíos, mandó detener a Pedro. Era la semana de Pascua. Mandó prenderlo y meterlo en la
cárcel, encargando su custodia a cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno: tenía
intención de ejecutarlo en público, pasadas las fiestas de Pascua. Mientras Pedro estaba
en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él. La noche
antes de que lo sacara Herodes, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado a ellos
con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel. De repente se
presentó el ángel del Señor, y se iluminó la celda. Tocó a Pedro en el hombro, lo
despertó y le dijo: «Date prisa, levántate.» Las cadenas se le cayeron de las manos, y
el ángel añadió: «Ponte el cinturón y las sandalias.» Obedeció y el ángel le dijo:
«Échate la capa y sígueme.» Pedro salió detrás, creyendo que lo que hacía el ángel
era una visión y no realidad. Atravesaron la primera y la segunda guardia, llegaron al
portón de hierro que daba a la calle, y se abrió solo. Salieron, y al final de la calle
se marchó el ángel. Pedro recapacitó y dijo: «Pues era verdad: el Señor ha enviado a
su ángel para librarme de las manos de Herodes y de la expectación de los judíos.»
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R/ El ángel del señor librará a los que temen a Dios.
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor
ensalcemos juntos su nombre
Yo consulté al Señor y me respondió
me libró de todas mis ansias.
Contempladlo y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias.
El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él.
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LECTURA DE LA SEGUNDA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A TIMOTEO 4, 6-8.17-18
Querido hermano: Yo estoy a punto de ser sacrificado y el momento de mi partida
es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe.
Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en
aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida. El Señor me
ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los
gentiles. El me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal,
me salvará y me llevará a su reino del cielo. ¡A El la gloria por los siglos de los
siglos. Amén!
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Aleluya, aleluya.
Tú eres Pedro,
y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia,
y el poder del infierno no la derrotará. Aleluya.
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Lectura del santo Evangelio según San Mateo 16,13-19
En aquel tiempo, llegó Jesús a la región de
Cesárea de Felipe y preguntaba a
sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?» Ellos contestaron:
«Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.»
El les preguntó: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" Simón Pedro tomó
la palabra y dijo: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo." Jesús le
respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado
nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo." Ahora te digo yo: «Tú
eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la
derrotará. Te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que ates en la tierra,
quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el
cielo.»
Oración
de los Fieles
En
el gozo de la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, imploremos la
misericordia divina para con la Iglesia, edificada sobre la roca de Pedro, y
pidamos por el mundo entero, iluminado por la predicación de Pablo: Respondemos
a cada petición: Te
rogamos que nos escuches.
Para
que el santo Padre, el Papa, gobierne con la sabiduría del Espíritu y la
firmeza de la fe apostólica a la Iglesia del Dios vivo, roguemos al Señor.
Para
que Dios, que envió a san Pablo a los paganos para anunciarles el mensaje de
salvación, envíe también hoy misioneros que proclamen el Evangelio a los
pueblos que lo desconocen, roguemos al Señor.
Por
los que sufren persecuciones y por los que están encarcelados a causa de su fe,
para que con la oración perseverante de la Iglesia obtengan su libertad,
roguemos al Señor.
Para
que quienes nos encontramos hoy reunidos aquí, perseveremos cimentados
firmemente en la doctrina apostólica y en la integridad de la fe y anunciemos a
Cristo al mundo, roguemos al Señor.
Protege,
Señor, a este pueblo que te busca sinceramente y, por la intercesión de los
santos apóstoles Pedro y Pablo, concédele los bienes que te ha pedido. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
La doble misión de san Pedro y san Pablo en la Iglesia
El
Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
Levantemos
el corazón.
Lo tenemos levantado
hacia el Señor.
Demos
gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En
verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso, y eterno por Cristo, Señor nuestro.
Porque en los apóstoles Pedro y Pablo has querido dar a tu Iglesia un motivo de
alegría:
Pedro fue el primero en confesar la fe;
Pablo, el maestro insigne que la interpretó;
Pedro fundó la primitiva Iglesia con los israelitas que creyeron;
Pablo la extendió a todas las gentes.
De esta forma, Señor, por caminos diversos,
los dos congregaron la única Iglesia de Cristo,
y a los dos, coronados por el martirio,
celebra hoy tu pueblo con una misma veneración.
Por eso, con
todos los ángeles y santos,
te alabamos proclamando sin cesar:
Santo, Santo, Santo...
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Recordamos hoy a dos personajes claves en el
cristianismo. Dos figuras diferentes pero gigantescas en nuestra tradición. Pedro, el
pescador llamado por Jesús que formó parte del grupo de los Doce. Hombre de carácter
entusiasta, afirma su adhesión a Jesús: "Aunque todos te fallen, yo no". Pero
también es un hombre pronto al arrepentimiento. Llora su negación, y asegura su amor
personal: "Señor, tú lo sabes todo, sabes que te amo". Este amor le hizo
seguir a Jesús hasta el martirio que, según el apócrifo "Hechos de Pedro",
sufrió crucificado cabeza abajo.![]()