DOMINGO 6º DE PASCUA
DÍA DEL ENFERMO
ORACIÓN DEL ENFERMO
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Oh Dios de mi debilidad y mi fortaleza, de mi tristeza y mi alegría, de mi soledad y compañía, de mi incertidumbre y mi esperanza. En la noche de mi enfermedad Señor,
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ORACIÓN DEL VOLUNTARIO
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Aquí estoy, Dispón de mi mente y mi corazón Envíame, Señor Envíame, Señor, |
La
Cincuentena pascual se aúna en la alegría que la llena y se diversifica por
los temas renovados sin cesar que propone a nuestra consideración. En el
centro, se halla el Cristo viviente que «no cesa de ofrecerse por nosotros, de
interceder por todos ante Díos»; que «reconstruyó cuanto estaba derrumbado y
renovó en plenitud la salvación», y en quien «hemos resucitado todos».
Cristo glorioso es quien preside durante estos días la asamblea de los
creyentes.
Hoy, el creyente es invitado, tanto por las lecturas corno por los cantos, a
tomar conciencia de modo más explícito de una promesa hecha en orden a una
misión que se le confía. La promesa es la del Espíritu Santo, de quien nos
asegura el Señor que permanecerá siempre con nosotros. En cuanto a la misión,
consiste en anunciar la buena nueva de la salvación «hasta el fin del mundo».
Este anuncio de la salvación es la tarea primordial de la Iglesia. Lo es también
de todo cristiano que acaba de gustar en la mesa eucarística «el fruto
abundante de los sacramentos pascuales».
ANTÍFONA
DE ENTRADA Is
48,2
Con
gritos de júbilo anunciadlo y proclamadlo; publicadlo hasta el confín de la
tierra. Decid: el Señor ha redimido a su pueblo. Aleluya.
ORACIÓN
COLECTA
Concédenos, Dios todopoderoso, continuar celebrando con fervor estos días de alegría en honor de Cristo resucitado; y que los misterios que estamos recordando transformen nuestra vida y se manifiesten en nuestras obras. Por nuestro Señor.
LITURGIA DE LA PALABRA
El concilio de Jerusalén (año 49), al que alude la primera lectura, supone un hecho clave para la Iglesia: la ruptura definitiva con el judaísmo y su apertura al mundo gentil. En lo sucesivo será ya la nueva Jerusalén, que camina humilde y dolorosamente a través de los siglos, a la espera de irradiar su gloria en la plenitud de los tiempos. En medio de sus trabajos goza dentro de lo más íntimo de su ser de una paz que no procede de los hombres, sino de la presencia en ella del Padre, el Hijo y el Espíritu.
Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros,

En aquellos días, unos que
bajaron de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban
conforme a la tradición de Moisés, no podían salvarse. Esto provocó un altercado y una
violenta discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más
subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre la controversia.
Los apóstoles y los presbíteros con toda la Iglesia acordaron entonces elegir algunos de
ellos y mandarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas Barrabás y a
Silas, miembros eminentes entre los hermanos, y les entregaron esta carta:
Los apóstoles y los presbíteros hermanos saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y
Cilicia convertidos del paganismo.
Nos hemos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, os han alarmado e
inquietado con sus palabras. Hemos decidido, por unanimidad, elegir algunos y enviároslos
con nuestros queridos Bernabé y Pablo, que han dedicado su vida a la causa de nuestro
Señor Jesucristo. En vista de esto, mandamos a Silas y a Judas, que os referirán de
palabra lo que sigue: Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más
cargas que las indispensables: que os abstengáis de carne sacrificada a lo ídolos, de
sangre, de animales estrangulados y de la fornicación. Haréis bien en apartaros de todo
esto. Salud.
Salmo responsorial
R. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te
alaben.
0 bien: Aleluya.
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca, la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. - R.
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra. R.
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga;
que le teman hasta los confines del orbe. R.
El ángel me transportó en
éxtasis a un monte altísimo, y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del
cielo, enviada por Dios, trayendo la gloria de Dios."Brillaba como una piedra
preciosa, como Jaspe traslúcido.
Tenía una muralla grande y alta y doce puertas custodiadas por doce ángeles, con doce
nombres grabados: los nombres de las tribus de Israel.
A oriente tres puertas, al norte tres puertas, al occidente tres puertas.
La muralla tenía doce basamentos que llevaban doce nombres: los nombres de los apóstoles
del Cordero.
Santuario no vi ninguno, porque es su santuario el Señor Dios todopoderoso y el Cordero.
La ciudad no necesita sol ni luna que la alumbre, porque la gloria de Dios la ilumina y su
lámpara es el Cordero.
Aleluya Jn 14, 23
En aquel tiempo, dijo
Jesús a sus discípulos:
- «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos
morada en él.
El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía,
sino del Padre que me envió.
Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu
Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya
recordando todo lo que os he dicho.
La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro
corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: "Me voy y vuelvo a vuestro
lado." Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más
que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis
creyendo.»
Oración
de los Fieles
Unidos
a Cristo, que intercede siempre por nosotros, elevemos hermanos y hermanas
nuestras súplicas al Padre. Respondemos
a cada petición, Escúchanos, Señor.
Para
que el que estaba muerto y ahora vive por los siglos de los siglos, conceda a la
Iglesia ser, con firmeza y valentía, testimonio perseverante de su resurrección,
roguemos al Señor.
Para
que el Resucitado, que dio a los apóstoles su paz, quiera concederla también
en abundancia a todos los pueblos, roguemos al Señor.
Para
que el vencedor de la muerte transforme los sufrimientos de los enfermos, de los
moribundos y de todos los que sufren en aquella alegría que nunca nadie les
podrá quitar, roguemos al Señor.
Para
que el que tiene las llaves de la muerte y de su reino, nos conceda celebrar un
día su resurrección con los ángeles y los santos en su reino, roguemos al Señor.
Dios
nuestro, que has prometido hacer morada en el que escucha tu palabra y la
guarda, escucha nuestra oración y envíanos el Espíritu Santo; para que nos
recuerde constantemente todo lo que Cristo ha dicho y enseñado y nos haga
capaces de dar testimonio de ello con nuestras obras y palabras. Por Jesucristo,
tu Hijo, que vive y reina, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos.
Amén.
ORACIÓN
SOBRE LAS OFRENDAS
Que nuestra oración, Señor, y nuestras ofrendas sean gratas en tu presencia, para que así, purificados por tu gracia, podamos participar más dignamente en los sacramentos de tu amor. Por Jesucristo.
Prefacio
El misterio Pascual
El
Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
Levantemos
el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos
gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En
verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre,
Señor; pero más que nunca en este tiempo
en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Porque él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo; muriendo
destruyó nuestra muerte, y resucitando restauró la vida.
Por eso, con
esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y también
los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno
de tu gloria:
Santo, Santo, Santo…
ANTÍFONA DE COMUNIÓN Jn
14,15‑16
Si
me amáis, guardaréis mis mandamientos, dice el Señor. Yo le pediré al Padre
que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros. Aleluya.
ORACIÓN
DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Dios
todopoderoso y eterno, que en la resurrección de Jesucristo nos has hecho
renacer a la vida eterna; haz que los sacramentos pascuales den en nosotros
fruto abundante, y que el alimento de salvación que acabamos de recibir
fortalezca nuestras vidas. Por Jesucristo.
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La práctica del amor tiene una dimensión comunitaria. Por eso,
el amor es el signo que identifica a los que pertenecen a la comunidad de Jesús. Al mismo
tiempo es la revelación del amor de Dios a los hombres. La acción del Espíritu Santo,
la paz, los frutos de la resurrección, son la consecuencia de algo más profundo, la
morada de Dios en el ser humano: "vendremos y viviremos en él". Dios quiere
hacer familia con nosotros. ¿Algo imposible? La realidad histórica de Jesús nos dice
que es posible. Hay, sin embargo, algo que arriesga esta posibilidad, las presiones que
nos llegan del mundo en que vivimos, que, penetrando nuestro interior, nos despersonalizan
y nos convierten en seres alienados de nuestra propia fuerza y dinamismo interior.
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