DOMINGO 6º DE PASCUA

DÍA DEL ENFERMO

                  ORACIÓN DEL ENFERMO

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Oh Dios de mi debilidad
y mi fortaleza,
de mi tristeza y mi alegría,
de mi soledad y compañía,
de mi incertidumbre y mi esperanza.

En la noche de mi enfermedad
me pongo en tus manos de Padre:
alumbra esta oscuridad
con un rayo de tu luz,
abre una rendija a mi esperanza,
llena con tu presencia mi soledad.

Señor,
que el sufrimiento no me aplaste,
para que también ahora
sienta el alivio de tu amor
y sea agradecido a la generosidad
de cuantos sufren conmigo. Amén

                  ORACIÓN DEL VOLUNTARIO

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Gracias, Señor
por haberme llamado a servir gratuitamente,
a dar mi tiempo,
mis energías y mi amor
a quienes sufren

        Aquí estoy,
        Señor, envíame.

Dispón de mi mente y mi corazón
a escuchar sin prejuicios,
a servir hasta las últimas consecuencias

Envíame, Señor
a pesar de que yo también soy débil
así comprenderé que eres tú nuestra fuerza,
y mis hermanos descubrirán tu rostro
en mi presencia discreta

Envíame, Señor,
y así comprenderé
que la mayor felicidad está en servirte. Amén

                          

La Cincuentena pascual se aúna en la alegría que la llena y se diversifica por los temas renovados sin cesar que propone a nuestra consideración. En el centro, se halla el Cristo viviente que «no cesa de ofrecerse por nosotros, de interceder por todos ante Díos»; que «reconstruyó cuanto estaba derrumbado y renovó en plenitud la salvación», y en quien «hemos resucitado todos». Cristo glorioso es quien preside durante estos días la asamblea de los creyentes.
Hoy, el creyente es invitado, tanto por las lecturas corno por los cantos, a tomar conciencia de modo más explícito de una promesa hecha en orden a una misión que se le confía. La promesa es la del Espíritu Santo, de quien nos asegura el Señor que permanecerá siempre con nosotros. En cuanto a la misión, consiste en anunciar la buena nueva de la salvación «hasta el fin del mundo». Este anuncio de la salvación es la tarea primordial de la Iglesia. Lo es también de todo cristiano que acaba de gustar en la mesa eucarística «el fruto abundante de los sacramentos pascuales».

ANTÍFONA DE ENTRADA                 Is 48,2

Con gritos de júbilo anunciadlo y proclamadlo; publicadlo hasta el confín de la tierra. Decid: el Señor ha redimido a su pueblo. Aleluya.

ORACIÓN COLECTA

Concédenos, Dios todopoderoso, continuar celebrando con fervor estos días de alegría en honor de Cristo resucitado; y que los misterios que estamos recordando transformen nuestra vida y se manifiesten en nuestras obras. Por nuestro Señor.

LITURGIA DE LA PALABRA

El concilio de Jerusalén (año 49), al que alude la primera lectura, supone un hecho clave para la Iglesia: la ruptura definitiva con el judaísmo y su apertura al mundo gentil. En lo sucesivo será ya la nueva Jerusalén, que camina humilde y dolorosamente a través de los siglos, a la espera de irradiar su gloria en la plenitud de los tiempos. En medio de sus trabajos goza dentro de lo más íntimo de su ser de una paz que no procede de los hombres, sino de la presencia en ella del Padre, el Hijo y el Espíritu.

 Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros,
no imponeros más cargas que las indispensables

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 15, 1-2. 22-29

En aquellos días, unos que bajaron de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban conforme a la tradición de Moisés, no podían salvarse. Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre la controversia.
Los apóstoles y los presbíteros con toda la Iglesia acordaron entonces elegir algunos de ellos y mandarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas Barrabás y a Silas, miembros eminentes entre los hermanos, y les entregaron esta carta:

Los apóstoles y los presbíteros hermanos saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia convertidos del paganismo.
Nos hemos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, os han alarmado e inquietado con sus palabras. Hemos decidido, por unanimidad, elegir algunos y enviároslos con nuestros queridos Bernabé y Pablo, que han dedicado su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo. En vista de esto, mandamos a Silas y a Judas, que os referirán de palabra lo que sigue: Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables: que os abstengáis de carne sacrificada a lo ídolos, de sangre, de animales estrangulados y de la fornicación. Haréis bien en apartaros de todo esto. Salud.


Salmo responsorial

R. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
0 bien: Aleluya.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca, la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. - R.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra. R.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga;
que le teman hasta los confines del orbe. R.


 Me enseñó la ciudad santa, que bajaba del cielo

Lectura del libro del Apocalipsis 21,10-14. 22-23

El ángel me transportó en éxtasis a un monte altísimo, y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, enviada por Dios, trayendo la gloria de Dios."Brillaba como una piedra preciosa, como Jaspe traslúcido.
Tenía una muralla grande y alta y doce puertas custodiadas por doce ángeles, con doce nombres grabados: los nombres de las tribus de Israel.
A oriente tres puertas, al norte tres puertas, al occidente tres puertas.
La muralla tenía doce basamentos que llevaban doce nombres: los nombres de los apóstoles del Cordero.
Santuario no vi ninguno, porque es su santuario el Señor Dios todopoderoso y el Cordero.
La ciudad no necesita sol ni luna que la alumbre, porque la gloria de Dios la ilumina y su lámpara es el Cordero.

Aleluya Jn 14, 23

El que me ama guardará mi palabra -dice el Señor-, y mi Padre lo amará, y vendremos a él.

El Espíritu Santo os irá recordando todo lo que os he dicho

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 23-29

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.
El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.
Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.
La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: "Me voy y vuelvo a vuestro lado." Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo.»


Oración de los Fieles

Unidos a Cristo, que intercede siempre por nosotros, elevemos hermanos y hermanas nuestras súplicas al Padre. Respondemos a cada petición, Escúchanos, Señor.

Para que el que estaba muerto y ahora vive por los siglos de los siglos, conceda a la Iglesia ser, con firmeza y valentía, testimonio perseverante de su resurrección, roguemos al Señor.

Para que el Resucitado, que dio a los apóstoles su paz, quiera concederla también en abundancia a todos los pueblos, roguemos al Señor.

Para que el vencedor de la muerte transforme los sufrimientos de los enfermos, de los moribundos y de todos los que sufren en aquella alegría que nunca nadie les podrá quitar, roguemos al Señor.

Para que el que tiene las llaves de la muerte y de su reino, nos conceda celebrar un día su resurrección con los ángeles y los santos en su reino, roguemos al Señor.

Dios nuestro, que has prometido hacer morada en el que escucha tu palabra y la guarda, escucha nuestra oración y envíanos el Espíritu Santo; para que nos recuerde constantemente todo lo que Cristo ha dicho y enseñado y nos haga capaces de dar testimonio de ello con nuestras obras y palabras. Por Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos.
Amén. 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Que nuestra oración, Señor, y nuestras ofrendas sean gratas en tu presencia, para que así, purificados por tu gracia, podamos participar más dignamente en los sacramentos de tu amor. Por Jesucristo.

Prefacio
El misterio Pascual

El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca en este tiempo
en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Porque él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo; muriendo destruyó nuestra muerte, y resucitando restauró la vida.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo…

ANTÍFONA DE COMUNIÓN              Jn 14,15‑16

Si me amáis, guardaréis mis mandamientos, dice el Señor. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros. Aleluya.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Dios todopoderoso y eterno, que en la resurrección de Jesucristo nos has hecho renacer a la vida eterna; haz que los sacramentos pascuales den en nosotros fruto abundante, y que el alimento de salvación que acabamos de recibir fortalezca nuestras vidas. Por Jesucristo.
  

Domingo 6 de Pascua

La práctica del amor tiene una dimensión comunitaria. Por eso, el amor es el signo que identifica a los que pertenecen a la comunidad de Jesús. Al mismo tiempo es la revelación del amor de Dios a los hombres. La acción del Espíritu Santo, la paz, los frutos de la resurrección, son la consecuencia de algo más profundo, la morada de Dios en el ser humano: "vendremos y viviremos en él". Dios quiere hacer familia con nosotros. ¿Algo imposible? La realidad histórica de Jesús nos dice que es posible. Hay, sin embargo, algo que arriesga esta posibilidad, las presiones que nos llegan del mundo en que vivimos, que, penetrando nuestro interior, nos despersonalizan y nos convierten en seres alienados de nuestra propia fuerza y dinamismo interior.