La primera
lectura nos muestra como san Pablo, luego de su conversión, en el camino de
Damasco, se tuvo que presentar a los apóstoles, a fin de que su misión fuera
autentificada dentro del seno de la Iglesia. San Juan nos habla después de este
hecho. Nos da en primer lugar el resumen de toda su doctrina, cifrado en la
intimidad con Jesús. Creed en Jesucristo y amaos mutuamente como Él nos ha
amado. Seguidamente nos relata la parábola de la viña: "Yo soy la vid,
dice, y vosotros los sarmientos". Vivimos de su vida.
Antífona de Entrada
Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas; su diestra le ha
dado la victoria, su santo brazo. Aleluya.
Se dice «Gloria».
Oración Colecta
Oremos:
Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos,
míranos siempre con amor de Padre y haz que cuantos creemos en Cristo
obtengamos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por nuestro, Señor
Jesucristo…
Amén.
Primera Lectura
Les contó cómo había visto
al Señor en el camino
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 9, 26-31
En aquellos días, llegado Pablo a Jerusalén, trato de juntarse con los
discípulos, porque no se fiaban de que fuera realmente discípulo.
Entonces Bernabé se lo presentó a los apóstoles. Saulo les contó como había
visto al Señor en el camino, lo que le había dicho y cómo en Damasco había
predicado el nombre de Jesús. Saulo se quedó con ellos y se movía libremente
en Jerusalén, predicando públicamente el nombre del Señor. Hablaba y
discutía también con los judíos de habla griega, que se propusieron
suprimirlo. Al enterarse los hermanos bajaron a Pablo a Cesárea y lo hicieron
embarcarse para Tarso.
Entre tanto, la Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Se iba
construyendo y progresaba en la fidelidad al Señor y se multiplicaba
animada por el Espíritu Santo.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial salmo 21
R/ El Señor es mi alabanza en la gran asamblea
Cumpliré mis votos
delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan:
su corazón ha de vivir por siempre.
Lo recordarán y volverán al Señor
hasta los confines de la tierra;
en su presencia se postrarán
las familias de los pueblos.
Ante él se postrarán las cenizas de la tumba,
ante él se inclinarán los que bajan al polvo.
Me hará vivir para
él, mi descendencia lo servirá,
hablarán del Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de nacer,
todo lo que hizo el Señor,
Segunda Lectura
Éste es su mandamiento: que
creamos y que nos amemos
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 18-24
Hijos míos: No amemos de palabra ni de boca, sino de verdad y con obras. En
esto conocemos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante
él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es más grande que
nuestra conciencia y conoce todo.
Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios; y
cuanto pidamos lo recibiremos de Él porque guardamos sus mandamientos y hacemos
lo que le agrada.
Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, y que nos amemos
unos a otros, como nos lo mandó.
Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él; En esto conocemos
que permanece en nosotros: por el espíritu que nos dio.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del
Evangelio
Aleluya, aleluya.
Permaneced en mí y yo en vosotros, dice el Señor;
el que permanece en mí da fruto abundante. Aleluya.
Evangelio
El que permanece en mí y yo
en él, ése da fruto abundante
Lectura del santo Evangelio según san Juan 15, 1-8
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que
no da fruto lo poda para que dé más fruto.
Vosotros estáis limpios por las palabras que os he hablado. Permaneced en mí y
yo vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la
vid, así tampoco vosotros, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, vosotros los
sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante, porque
sin mí nada podéis hacer. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el
sarmiento, y se seca; luego lo recogen, lo hechan al fuego y arde.
Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que
deseéis y se les concederá. La gloria de mi Padre consiste en que den mucho
fruto y se realizará."
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Se dice «Credo».
Oración de los Fieles
Invoquemos, hermanos y hermanas, a Cristo, camino, verdad y vida, y, como pueblo
sacerdotal, pidámosle por las necesidades de todo el mundo:
Respondemos a cada petición: Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que Cristo, esposo de la Iglesia, llene de alegría pascual a todos los que
se han consagrado a la extensión de su reino, roguemos al Señor.
Para que Cristo, piedra angular del edificio, ilumine con el anuncio evangélico
a los pueblos que aún desconocen la buena nueva de la resurrección, roguemos
al Señor.
Para que Cristo, estrella luciente de la mañana, seque las lágrimas de los que
lloran y aleje el dolor y las penas de los que sufren, roguemos al Señor.
Para que Cristo, testigo fidedigno y veraz, nos conceda ser, con nuestra
alegría evangélica, sal y luz para los seres humanos que desconocen la
victoria de la resurrección, roguemos al Señor.
Dios nuestro, que nos has unido a Cristo como sarmientos a la verdadera vid,
escucha nuestra oración y danos tu Espíritu Santo, para que, amándonos los
unos a los otros, demos frutos abundantes de santidad y de paz. Por Jesucristo,
tu Hijo, que vive y reina, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, que por el admirable trueque de este sacrificio nos haces participes de
tu divinidad, concédenos que nuestra vida sea manifestación y testimonio de
esta verdad que conocemos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
Cristo vive por siempre e
intercede por nosotros
El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor,
nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación,
glorificarte siempre, Señor;
pero más que nunca en este tiempo
en que ha sido inmolado
Cristo, nuestra Pascua.
Porque él no cesa de ofrecerse por nosotros
de interceder por todos ante ti;
inmolado ya no vuelve a morir;
sacrificado vive para siempre.
Por eso, con esta efusión de gozo pascual,
el mundo entero se desborda de alegría,
y también los coros celestiales,
los ángeles y los arcángeles,
cantan sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo…
Antífona de la Comunión
Yo soy la verdadera vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo
en él, ese dará fruto abundante. Aleluya.
Oración después de la
Comunión
Oremos:
Ven, Señor, en ayuda de tu pueblo, y ya que nos has iniciado en los misterios
de tu Reino, haz que abandonemos nuestra antigua vida de pecado y vivamos ya
desde ahora, la novedad de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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LA VID
La
palabra "viña" estaba cargada de resonancias para los oídos de
cualquier judío. Fácilmente venia a su memoria la canción de Isaías:
"Voy a cantar para mi amigo la canci6n del amor de mi amigo por su viña.
Mi amigo tenía una viña en un fértil collado. La cavó, la despedregó, le
plantó una cepa escogida, edificó una torre y cavó en ella un lagar. Y
esperó que diera uvas pero dio agrazones... ¿Qué más puedo hacer yo a mi
viña que no se lo haya hecho?". (Is, 5, 1-4)
EI Dios labrador no había tenido suerte con su viña. La historia de Israel,
como la nuestra, no es una historia de fecundidad ni de agradecimiento. En vez
de frutos, Israel dio agrazones de injusticia, de desamor, de infidelidad a la
Alianza.
Yo soy la verdadera vid", dijo: . Jesús. Y, de pronto, toda la oscuridad y
frialdad de aquella historia quedó iluminada y transformada. El viñador ya
tenía la respuesta que soñaba: La vid de Israel era ya una cepa vigorosa con
verdes pámpanos y abundantes frutos.
Todo en la imagen evoca plenitud, alegría, vida. Y nosotros no nos quedamos
fuera: somos los sarmientos incorporados a la vid, inundados por su savia,
unidos a su raíz, cargados de fruto. Un texto para ser acogido en un silencio
desbordante de alegría agradecida, mientras tomamos conciencia de que en
nuestras venas late la vida misma de Dios.
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