Domingo
de las apariciones
Hoy leemos el más emotivo de
los relatos de entre las apariciones de Jesús: el de su manifestación a los discípulos
de Emaús, a los que se revela en la fracción del pan luego de haberles explicado las
Escrituras. En cuanto a las dos primeras lecturas, nos narran el testimonio de Pedro al
comienzo de su ministerio apostólico, el día de Pentecostés, y al final de su vida, en
la carta que escribe desde Roma para confirmar la fe y la esperanza de los cristianos,
recordándoles que fueron salvados en la sangre de Cristo.
LECTURA DEL LIBRO DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES 2, 14.22-28
No era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio
El día de Pentecostés, se presentó
Pedro con los Once, levanto la voz y dirigió la palabra: Escuchadme israelitas: Os hablo
de Jesús Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante vosotros realizando por su medio los
milagros signos y prodigios que conocéis. Conforme al plan previsto - sancionado por
Dios, os lo entregaron, y vosotros, por mano de paganos, lo matasteis en una cruz. Pero
Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte no era posible que la muerte lo
retuviera bajo su dominio, pues David dice: "Tengo siempre presente al Señor, con
él a mi derecha no vacilaré. Por eso se me alegra el corazón, exulta mi lengua y mi
carne descansa esperanzada. Porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel
conocer la corrupción. Me has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu
presencia.»
SALMO RESPONSORIAL 15
R/ Señor, me enseñarás el sendero de la vida. (o, Aleluya.)
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano.
Bendeciré al Señor que me aconseja;
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.
Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena:
porque no me entregarás a la muerte
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PEDRO 1, 17-21
Habéis sido redimidos con la sangre de
Cristo, el cordero sin defecto
Queridos hermanos: Si llamáis Padre al que juzga a cada uno, según sus obras, sin parcialidad, tomad en serio vuestro proceder en esta vida. Ya sabéis con qué os rescataron de ese proceder inútil recibido de vuestros padres: no con bienes efímeros, con oro o plata sino a precio de la sangre de Cristo, el cordero sin defecto ni mancha, previsto antes de la creación ,le, mundo y manifestado al final de los tiempos por nuestro bien. Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó y le dio gloria, y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza.
EVANGELIO
Aleluya, aleluya. Lc 24, 32.
Señor Jesús: explícanos las Escrituras.
Enciende nuestro corazón mientras nos hablas. Aleluya.
Lectura del santo Evangelio según San Lucas 2, 13-35
Le reconocieron al partir el pan
Dos discípulos de Jesús iban andando
aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos
leguas de Jerusalén, iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y
discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no
eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: «¿Qué conversación es ésa que traéis
mientras vais de camino? Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba
Cleofás, le replica: «¿Eres tu el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha
pasado allí estos días?» Él les preguntó: «¿Qué?» Ellos le contestaron: «Lo de
Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y todo el
pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a
muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de
Israel. Y ya ves, hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de
nuestro grupo nos han sobresaltado, pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron
su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que
les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y
lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no le vieron.» Entonces Jesús
les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para no creer lo que anunciaron los profetas ¿No
era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?» Y comenzando por
Moisés y siguiendo por los profetas les explicó lo que se refería a Él en toda la
Escritura. Ya cerca de la aldea donde iban, El hizo ademán de seguir adelante, pero
ellos le apremiaron diciendo: «Quédate con nosotros porque atardece y el día va de
caída.» Y entró para quedarse con ellos.
Sentado a la mesa con ellos tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo
dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero El desapareció. Ellos
comentaron: "¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos
explicaba las Escrituras?". Y levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén,
donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era
verdad ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.» Y ellos contaron lo que les
había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
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Aquellos dos
decepcionados se escapaban como alma que lleva el diablo. Menos mal que en el camino se
encontraron con un hombre que les echó el perro y los hizo volver con entusiasmo a casa.
Aquel caminante pudo hacerlo así porque se dieron las tres condiciones precisas para la
repesca:
EL ENCUENTRO: es una suerte encontrarse con Jesús.
Nosotros lo encontraremos en nuestros hermanos y por el camino de nuestra vida. Si no nos
abrimos a ellos, no le encontraremos Jamás.
LAS ESCRITURAS: cuando leemos la Palabra de Dios, en ella
encontramos a Jesús.
EL PAN: es imagen de la Eucaristía. La misa de los
domingos no es ningún lujo para nosotros. Quienes la dejan, olvidan para siempre a
Jesús.
Aquellos dos de Emaús volvieron a la comunidad para celebrar con ella el encuentro con
Jesús.