DOMINGO 3º DE PASCUA

La Pascua de Cristo posee una dimensión cósmica. Supuso la renovación del mundo entero: «En ella resucitó el mundo, el cielo y la tierra; en adelante habrá un cielo nuevo y una tierra nueva» (San Ambrosio). El tercer domingo anuncia la gran alegría del universalismo de la salvación lograda por Jesús: «En su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos» (evangelio B). Por esto, se invita a la «tierra entera» a darle gracias.
A la par que constituye la resurrección del Señor una vic­toria definitiva sobre el poder del mal, es también ‑un co­mienzo. Es un germen de vida nueva, cuyo conjunto de virtualidades no se manifestará sino con el retorno de Cristo.

Si bien los cristianos, como repite con frecuencia San Juan, poseen ya la vida eterna, también es cierto que viven en la esperanza de la gloria, aguardando el día de su propia resurrección. Entonces será cuando la Pascua del Cristo total ‑‑‑cabeza y miembros‑ se desarrollará en una alegría eterna, cuyas primicias ofrece la Eucaristía.

 

ANTÍFONA DE ENTRADA  Sal 65,1-2

Aclamad al Señor, tierra entera; tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria. Aleluya.

ORACION COLECTA

Que tu pueblo, Señor, exulte siempre al verse renovado y rejuvenecido en el espíritu; y que la alegría de haber recobrado la adopción filial afiance su esperanza de resucitar gloriosamente. Por nuestro Señor.

LITURGIA DE LA PALABRA

Cristo resucitado es, a la vez, el Absolutamente Intimo, que dispone en la playa la comida para sus discípulos a su regreso de la pesca, y el Absolutamente Santo a quien los ángeles adoran en el cielo como al Dios Vivo. Por el convencimiento que de esto tenían Pedro y los restantes Apóstoles fueron tan firmes en el testimonio que dieron de la resurrección de Jesús ante las autoridades y pudieron lanzar con serenidad el gran desafío de la fe cristiana: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres».

Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 5, 27b-32. 40b-41

En aquellos días, el sumo sacerdote interrogó a los apóstoles y les dijo:
- «¿No os hablamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.»
Pedro y los apóstoles replicaron:
- «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.»
Prohibieron a los apóstoles hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Los apóstoles salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús.


Salmo responsorial

R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
0 bien: Aleluya.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos serían de mi.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

Tañed para el Señor, fieles suyos,

dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante,
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo. R.

Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R.

  Digno es el Cordero degollado de recibir el pode r y la riqueza

Lectura del libro del Apocalipsis 5, 11-14

Yo, Juan, en la visión escuché la voz de muchos ángeles: eran millares y millones alrededor del trono y de los vivientes y de los ancianos, y decían con voz potente:
«Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza.»
Y oí a todas las criaturas que hay en el cielo, en la tierra, bajo la tierra, en el mar -todo lo que hay en ellos -, que decían:
«Al que se sienta en el trono y al Cordero la alabanza, el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos.»
Y los cuatro vivientes respondían: «Amén.»
Y los ancianos se postraron rindiendo homenaje

Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado

Lectura del santo evangelio según san Juan 21, 1-19

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
Simón Pedro les dice:

- «Me voy a pescar.»
Ellos contestan:
- «Vamos también nosotros contigo.»
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Jesús les dice:
- «Muchachos, ¿tenéis pescado?»
Ellos contestaron:
- «No.»
Él les dice:
«Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.»
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro:
- «Es el Señor.»
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.
Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice:
- «Traed de los peces que acabáis de coger. »
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.
Jesús les dice:
- «Vamos, almorzad.» Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.
Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro:
«Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?»
El le contestó:
- «SI, Señor, tú sabes que te quiero. »
- Jesús le dice:
- «Apacienta mis corderos.»
- Por segunda vez le pregunta:
- «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?»
- Él le contesta:

- «SI, Señor, tú sabes que te quiero.»
Él le dice:
- «Pastorea mis ovejas.
Por tercera vez le pregunta:
«Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?»
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó:
- «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.»
Jesús le dice:
«Apacienta mis ovejas.
Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e
ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.»
Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios.
Dicho esto, añadió:
- «Sígueme.»


Oración de los Fieles

El Reino de los Cielos es una obra gratuita del Señor, pero también un compromiso solidario nuestro. Oremos para que todos los seres humanos, participen responsablemente en la causa de la salvación. Respondemos: Venga a nosotros tu Reino, Señor.

Para que la comunidad cristiana custodie la fe pascual de sus padres, y dé testimonio de la renovación en el Espíritu con obras de justicia y de paz, roguemos al Señor.

Para que todas las familias compartan los dones de verdad y gracia que han recibido, y en su uso de los bienes materiales den razón de la esperanza que resplandece en Cristo resucitado, roguemos al Señor.

Para que todos los cristianos, que reconocen a Cristo en la Palabra y en la fracción del pan, sepan verlo por los caminos del mundo, lo socorran cuando esté herido y necesitado, y lo acojan cuando es pobre y forastero, roguemos al Señor.

Para que todos los renacidos en el bautismo rechacen toda forma de violencia y de mentira, y se adhieran a la realeza de Cristo Señor en sus pensamientos y en sus obras, roguemos al Señor.

Para que, al terminar la celebración litúrgica de la misa, toda nuestra vida anuncie al mundo la reconciliación y la paz, roguemos al Señor.

Dios, Padre nuestro, que en Cristo resucitado has comenzado la nueva creación, haz que los hijos de la Iglesia, con la gracia del Espíritu Santo, anuncien la perenne novedad del Evangelio. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Recibe, Señor, las ofrendas de tu Iglesia exultante de gozo; y pues en la resurrección de tu Hijo nos diste motivo para tanta alegría, concédenos participar de este gozo eterno, Por Jesucristo.

Prefacio 
Cristo, sacerdote y víctima

El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor,
pero más que nunca en este tiempo en que Cristo,
nuestra pascua, fue inmolado. 
Porque él, con la oblación de su cuerpo en la cruz,
llevó a la plenitud los sacrificios de la antigua Ley;
y al ofrecerse a ti por nuestra salvación
quiso ser a un tiempo sacerdote, víctima y altar. 
Por eso, con esta efusión de gozo pascual,
el mundo entero se desborda de alegría, y 
también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles,
cantan sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo…

ANTÍFONA DE COMUNIÓN


Así estaba escrito, el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los Pueblos. Aleluya.

ORACION DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Mira, Señor, con bondad a tu pueblo, y ya que has querido renovarlo con estos sacramentos de vida eterna, concédele también la resurrección gloriosa. Por Jesucristo.
 

Domingo 3 de Pascua

Hay un grupo de discípulos que, después del fracaso del Maestro, han vuelto a Galilea, su patria, a su antiguo oficio de pescadores. En la escena se dilucida la vida íntima del grupo: la fe en la presencia del Señor, como quien invita y como quien preside la celebración, la autoridad, la relación mutua, el trabajo, la entrega y, sobre todo, una relación de amor. Es en el entorno de la comida donde ellos recuerdan que Jesús hizo sus grandes revelaciones, ante ellos, ante sus amigos y ante otros que no eran tan amigos. La comunidad de mesa y el encuentro, que proporciona es un acontecimiento que los primeros cristianos tomaron muy en serio. De ahí surgió entre ellos la comunidad de bienes, la igualdad y el encuentro fraterno. Relación con el maestro, celebración y relación con los hermanos son inseparables en la vida del creyente.