DOMINGO 2º DE PASCUA C

Cristo resucitó y, por medio del bautismo, nosotros resuci­tamos con El. Este doble aspecto del mensaje pascual llena la liturgia de la octava de Pascua, cuyo último día es el domingo, a un mismo tiempo recuerdo semanal de la Pascua del Señor y anticipo del día de la eternidad, que se abrirá al término de la sucesión de las semanas.
El relato de la aparición de Cristo a los diez apóstoles, y luego a Santo Tomás, muestra aquí su luz y su certeza, a la vez que expresa por boca del mismo Tomás la fe de todas las generaciones cristianas: «Señor mío y Dios mío».
En muchas iglesias, la presencia de los bautizados durante la Pascua en la asamblea congregada para la fracción del pan, le hace a ésta tomar conciencia de una exigencia nueva. Todos, cristianos de ayer o desde hace mucho tiempo, somos solidarios, Todos somos, en alguna manera, «recién nacidos»); todos tenemos necesidad de comprender mejor «que el bautismo
nos ha purificado, que el Espíritu nos ha hecho renacer y que la sangre nos ha redimido».
 

ANTÍFONA DE ENTRADA                 1 P 2,2

Como niños recién nacidos apeteced la leche espiritual, no adulterada. para que con ella crezcáis hacia la salvación. Aleluya.

ORACION COLECTA

Dios de misericordia infinita, que reanimas la fe de tu pueblo con la celebración anual de las fiestas pascuales; acrecienta en nosotros los dones de tu gracia, para que comprendamos mejor que el bautismo nos ha purificado, que el Espíritu nos ha hecho renacer y que la sangre nos ha redimido. Por nuestro Señor.



LITURGIA DE LA PALABRA

Aun cuando el relato de la aparición de Jesús a Santo Tomás constituye la lectura propia de la octava de Pascua hay que hacer notar el alcance de la primera aparición del Señor a sus Apóstoles la tarde de su resurrección: «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Es la consagración misionera de la Iglesia. Pero ésta no cumple con su misión sino cuando sus hijos permanecen unidos junto con los Apóstoles y, en especial, junto a Pedro, y cuando, a lo largo de su caminar, mantiene los ojos fijos en el que vive por los siglos.

 Crecía el número de los creyentes, hombres y mujeres, que se adherían al Señor

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 5, 12-16

Los apóstoles hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Los fieles se reunían de común acuerdo en el pórtico de Salomón; los demás no se atrevían a juntárseles, aunque la gente se hacia lenguas de ellos; más aún, crecía el número de los creyentes, hombres y mujeres, que se adherían al Señor.
La gente sacaba los enfermos a la calle, y los ponía en catres y camillas, para que, al pasar Pedro, su sombra, por lo menos, cayera sobre alguno.
Mucha gente de los alrededores acudía a Jerusalén, llevando a enfermos y poseídos de espíritu inmundo, y todos se curaban.

Salmo responsorial (Sal 117, 2-4. 22-24. 25-27ª)

R. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
0 bien: Aleluya.

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia. R.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. R.

Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina. R.

 Estaba muerto y, ya ves, vivo por los siglos de los siglos

Lectura del libro del Apocalipsis, 9-1 la. 12-13. 17-19

Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación, en el reino y en la constancia en Jesús, estaba desterrado en la isla de Patmos, por haber predicado la palabra, Dios, y haber dado testimonio de Jesús.
Un domingo caí en éxtasis y oí a mis espaldas una voz potente que decía:
«Lo que veas escríbelo en un libro, y envíaselo a las siete Iglesias de Asia. »
Me volví a ver quién me hablaba, y, al volverme, vi siete candelabros de oro, y en medio de ellos una figura humana, vestida de larga túnica, con un cinturón de oro a la altura del pecho.
Al verlo, caí a sus pies como muerto.
El puso la mano derecha sobre mí y dijo:
- «No temas: Yo soy el primero y el último, yo soy el que vive. Estaba muerto y, ya ves, vivo por los los de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo.
Escribe, pues, lo que veas: lo que está sucediendo y lo que ha de suceder más tarde.»

Aleluya Jn 20, 29

Porque me has visto, Tomás, has creído, - dice el Señor-.
Dichosos los que crean sin haber visto.

 A los ocho días, llegó Jesús

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
- «Paz a vosotros.»
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
- «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. » Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
- «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados! quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos. » Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
- «Hemos visto al Señor.»
Pero él les contestó:
- «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo. »
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
- «Paz a vosotros.»
Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.» Contestó Tomás: - «¡ Señor Mío y Dios Mío!» Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo tengáis vida en su nombre.


Oración de los Fieles

Llenos de gozo por la santa resurrección del Señor purificados nuestros sentimientos y renovado nuestro espíritu, supliquemos con insistencia al Señor; Respondemos: Rey vencedor, escúchanos.

A Cristo, que, con su gloriosa resurrección ha vencido la muerte y ha destruido el pecado, pidámosle que todos los cristianos sean siempre fieles a las promesas del bautismo que renovaron en la noche santa de Pascua, roguemos al Señor.

A Cristo, que, con su santa resurrección ha otorgado el perdón y la paz a los pecadores, supliquémosle que quienes han regresado al camino de la vida conserven íntegramente los dones de la misericordia que el Padre les ha restituido, roguemos al Señor.

A Cristo, que, con su gloriosa resurrección ha dado al mundo la vida verdadera y ha renovado toda la creación, pidámosle por quienes por no creer en su triunfo viven sin esperanza, roguemos al Señor.

A Cristo, que, con su santa resurrección ha colmado de alegría a los pueblos, los ha enriquecido con sus dones y ha hecho vibrar de gozo nuestros corazones, pidámosle que renueve la esperanza de los que sufren y lloran, roguemos al Señor.

A Cristo, que, con su gloriosa resurrección anunció la alegría a las mujeres, y por medio de las mujeres a los apóstoles, y por medio de los apóstoles al mundo entero, pidámosle por los que nos hemos reunido para celebrar su triunfo, roguemos al Señor.

Señor, Dios nuestro, escucha nuestra oración y danos la fuerza de tu Espíritu para que ofrezcamos, juntamente con nuestro amor, el obsequio de nuestra obediencia libre. Por Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos.
Amén.

El  ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Recibe, Señor, las ofrendas que (junto con los recién bautizados) te presentamos, y haz que, renovados por la fe y el bautismo, consigamos la eterna bienaventuran­za. Por Jesucristo.

Prefacio 
El misterio Pascual

El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, glorificarte siempre, Señor, pero más que nunca en este día
en que Cristo, nuestra pascua, fue inmolado.
porque él es el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo: muriendo, destruyó nuestra muerte y,
resucitando, restauró la vida.
Por eso, con esta efusión de gozo pascual,
el mundo entero se desborda de alegría y 
también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles,
cantan sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...

ANTÍFONA DE COMUNIÓN              Jn 20, 27

Trae tu mano y toca la señal de los clavos; y no seas incrédulo, sino creyente.

ORACION DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Concédenos, Dios Todopoderoso, que la virtud recibida en los sacramentos pascuales persevere siempre en nosotros. Por Jesucristo.

 MISIÓN

Jesús, el crucificado, ha resucitado. Éste es el testimonio de la fe que hemos recibido. El testimonio hace referencia a una experiencia que es captada por los sentidos; son los signos de la nueva realidad que comienza a vivir la comunidad. Volver a empezar a vivir como discípulos de Jesús resucitado, después de haber experimentado el reencuentro con él, manifestado en la gracia del perdón y de la comunión, los orienta a su verdadera vocación y misión: ser comunicadores de esa experiencia, y hacer que otros la experimenten también. Lo que hemos visto y oído os lo anunciamos para que también vosotros estéis en comunión con nosotros, como nosotros lo estamos con él. La paz con la que les saluda Jesús impregna toda esa experiencia de perdón, de acogida, de comunión.