TRIGÉSIMO TERCER DOMINGO
E
n la primera lectura el profeta Malaquías
vaticina la venida del Señor, hoguera para los perversos y Sol de justicia para los
buenos. Jesús augura en el evangelio la ruina de Jerusalén, previene a sus discípulos
contra los falsos profetas y les profetiza que, antes de que lleguen aquellos días,
tendrán que sufrir mucho por causa de su Nombre. Pero no les faltará su asistencia. San
Pablo, por su parte, no quiere que las especulaciones acerca del fin del mundo alejen a
los cristianos de sus tareas cotidianas. A ejemplo suyo, deben trabajar.
LECTURA DEL LIBRO DE MALAQUÍAS
Mirad que llega el día ardiente como un horno: malvados y perversos serán la paja, y
los que quemaré el día que ha de venir - dice el Señor de las Huestes- y no quedará de
ellos ni rama ni raíz, Pero a los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia
que lleva la salud en las alas.
SALMO RESPONSORIAL 97
R/ El Señor llega para regir la tierra con justicia.
Tocad la cítara para el Señor
suenen los instrumentos
con clarines y al son de trompetas
aclamad al Rey y Señor.
Retumbe el mar y cuanto contiene
a tierra y cuantos la habitan
aplaudan los ríos, aclamen los montes
a Señor que llega para regir la tierra
Regirá el orbe con justicia
y los pueblos con rectitud
LECTURA DE LA 2ª CARTA DE SAN PABLO APÓSTOL A LOS TESALONICENSES
Hermanos: Ya sabéis cómo tenéis que imitar mi ejemplo: No viví entre vosotros sin
trabajar, nadie me dio de balde el pan que comí, sino que trabajé y me cansé día y
noche, a fin de no ser carga para nadie. No es que no tuviera derecho para hacerlo, pero
quise daros un ejemplo que imitar. Cuando viví con vosotros os lo dije: el que no
trabaja, que no coma. Porque me he enterado de que algunos viven sin trabajar, muy
ocupados en no hacer nada. Pues a esos les digo y les recomiendo, por el Señor
Jesucristo, que trabajen con tranquilidad para ganarse el pan.
ALELUYA
Levantaos, alzad la cabeza:
se acerca vuestra liberación
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 21, 5-19
En aquel tiempo,
algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos.
Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre
piedra: todo será destruido.» Ellos preguntaron: "Maestro, ¿cuando va a ser eso?,
¿y cuál será la señal de que todo esto está para suceder?» El contestó: «Cuidado
con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usando mi nombre diciendo: "Yo
soy" o bien "el momento está cerca"; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis
noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir
primero, pero el final no vendrá en seguida.» Luego les dijo: «Se alzará pueblo contra
pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y
hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo.
Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a los tribunales y
a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre:
así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra
defensa: porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni
contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres y parientes y hermanos y
amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa
de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá: con vuestra perseverancia
salvaréis vuestras almas.»
Prefacio
Cristo, huésped y peregrino
en medio de nosotros
El
Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor,
nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En
verdad es justo darte gracias, Señor, Padre Santo,
Dios de la alianza y de la paz.
Porque tú llamaste a Abrahán y le mandaste salir de su tierra,
para constituirlo padre de todas las naciones.
Tú suscitaste a Moisés para librar a tu pueblo y
guiarlo a la tierra de promisión.
Tú, en la etapa final de la historia, has enviado a tu Hijo,
como huésped y peregrino en medio de nosotros,
para redimirnos del pecado y de la muerte;
y has derramado el Espíritu,
para hacer de todas las naciones un solo pueblo nuevo,
que tiene como meta tu reino;
como estado, la libertad de tus hijos;
como ley, el precepto del amor.
Por estos dones de tu benevolencia,
unidos a los ángeles y a los santos,
cantamos con gozo el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo…
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ESPERANZA Y PERSEVERANCIA
Llegando al final del año litúrgico, la liturgia nos propone la reflexión
sobre el término de todo, la espera del fin de los tiempos y la esperanza de una nueva
vida para siempre.
El texto de Lucas, lleno de imágenes propias del género apocalíptico, parece que
estuviera describiendo el mundo en que vivimos: guerras, rebeliones, terremotos, hambre...
No hay más que leer la prensa, escuchar las noticias o salir a la calle con los ojos bien
abiertos. Pero este evangelio no pretende hacernos huir o hundirnos en el pánico. Es una
invitación al discernimiento frente a la confusión, a la fortaleza y al testimonio
frente a la persecución y cobardía, a la esperanza frente al desánimo.
Seguros de que Cristo vendrá, las sombras en que parece sumirse la historia no son sino
una llamada a la esperanza en medio del caos, a la perseverancia en medio de las
dificultades, a la confianza en la fuerza que el mismo Señor de la historia nos da. Si
perseveráis, triunfaréis.
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