TRIGÉSIMO SEGUNDO DOMINGO
Jesús afirma con claridad en el evangelio, en contra de
determinadas corrientes de pensamiento judío, que los muertos resucitarán: Esta misma fe
en la resurrección era ya la que mantenía firmes bajo la tortura a los siete jóvenes
judíos --hacia el año 68 A. C. - cuyo martirio recoge la primera lectura. En la
epístola nos encontramos con un San Pablo abrumado por la perversidad de sus enemigos,
pero que confía en Cristo y exhorta a los cristianos a permanecer firmes aguardando la
venida del Señor.
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LECTURA DEL LIBRO SEGUNDO DE LOS MACABEOS 7, 1-2. 9-14
En aquellos días,
arrestaron a siete hermanos con su madre. El rey los hizo azotar con látigos y nervios
para forzarles a comer carne de cerdo, prohibida por la ley El mayor de ellos habló en
nombre de los demás: «¿Que pretendes sacar de nosotros? Estamos dispuestos a morir
antes que quebrantar la ley de nuestros padres.» El segundo, estando para morir, dijo:
«Tú, malvado, nos arrancas la vida presente; pero, cuando hayamos muerto por su ley, el
rey del universo nos resucitará para una vida eterna.» Después se divertían con el
tercero. Invitado a sacar la lengua, lo hizo enseguida y alargo las manos con gran valor.
Y habló dignamente: «De Dios las recibí y por sus leyes las desprecio; espero
recobrarlas del mismo Dios.» El rey y su corte se asombraron del valor con que el joven
despreciaba los tormentos.
Cuando murió éste, torturaron de modo semejante al cuarto, Y cuando estaba a la muerte,
dijo: «Vale la pena morir a manos de los hombres cuando se espera que Dios mismo nos
resucitará. Tú en cambio no resucitarás para la vida.»
R/ Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor.
Señor, escucha mi apelación
atiende a mis clamores
presta oído a mi súplica
que en mis labios no hay engaño.
Mis pies estuvieron firmes en tus caminos
y no vacilaron mis pasos.
Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío,
inclina el oído y escucha mis palabras.
A la sombra de tus alas escóndeme.
y al despertar me saciare de tu semblante.
LECTURA DE LA 2ª CARTA DEL
APÓSTOL PABLO A LOS TESALONICENSES 2, 16-3, 5
Hermanos: Que Jesucristo nuestro Señor y Dios nuestro Padre - que nos ha amado tanto
y nos ha regalado un consuelo permanente y una gran esperanza- os consuele internamente y
os dé fuerza para toda clase de palabras y de obras buenas.
Por lo demás, hermanos, rezad por nosotros, para que la palabra de Dios siga el avance
glorioso que comenzó entre vosotros, y para que nos libre de los hombres perversos y
malvados; porque la fe no es de todos. El Señor que es fiel os dará fuerzas y os
librará del malo. Por el Señor, estamos seguros de que ya cumplís y seguiréis
cumpliendo todo lo que os hemos enseñado. Que el Señor dirija vuestro corazón, par que
améis a Dios y esperéis en Cristo.
Jesucristo es el primogénito de entre los muertos
a él la gloria y el poder por los siglos de los siglos
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 20, 27-38
En aquel tiempo, se
acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección [y le preguntaron:
«Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero
sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete
hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con
ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuándo
llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado
casados con ella].» Jesús les contestó: «En esta vida hombres y mujeres se casan; pero
los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos,
no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque
participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en
el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: «Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios
de Jacob. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos".
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EL DIOS DE LA VIDA
Jesús
afirma la existencia de otra vida tras
la muerte, en contra de los saduceos, que no creían en la resurrección. Pero esa vida
que perdura no es, como se imaginaban los fariseos, una mera prolongación de la vida
orgánica. Jesús responde a los saduceos diciendo que no se imaginen el mundo venidero
según el modelo de la vida actual. La resurrección es una forma de existencia totalmente
nueva y transformada.
Dios mismo es el fundamento de esta nueva realidad. Porque Dios es el Dios de la alianza,
el Dios de la vida.
"La promesa de una vida futura nos compromete a trabajar seriamente contra los
poderes de la muerte: contra el subdesarrollo y todo lo que daña y deshonra y destruye la
vida presente" (Nuevo Catecismo para Adultos).
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