TRIGÉSIMO PRIMER DOMINGOord31en.jpg (7526 bytes)

En la primera lectura, el profeta Malaquías reprende con vigor a los sacerdotes de su tiempo, pues tenían sumido al pueblo en el error. Si bien Jesús no discute la doctrina de los escribas y fariseos, sí les echa en cara que no ponen en práctica lo que enseñan. Son los dos peligros contra los que ha de defenderse constantemente la Iglesia. San Pablo, al revés de esos guías perversos, confiesa a cuantos ha conducido a Cristo que querría entregarles su propia vida al mismo tiempo que el Evangelio.

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LECTURA DEL LIBRO DE MALAQUÍAS 1, 14b--2, 2b.8-10

ord31an.jpg (8213 bytes)Os apartasteis del camino y habéis hecho tropezar a muchos en la ley

Yo soy el Rey soberano, dice el Señor de los Ejércitos: mi nombre es temido entre las naciones.
Y ahora os toca a vosotros, sacerdotes: Si no obedecéis y no os proponéis dar la gloria a mi nombre,--dice e Señor de los Ejércitos os enviaré mi maldición. O apartasteis del camino, habéis hecho tropezar a mucho en la ley, habéis invalidado mi alianza con Leví--dice el Señor de los Ejércitos--. Pues yo os haré despreciables y viles ante el pueblo, por no haber guardado mi caminos y porque os fijáis en las personas al aplicar la ley.

¿No tenemos todos un solo Padre? ¿No nos creó el mismo Señor? ¿Por qué, pues, el hombre despoja a su prójimo profanando la alianza de nuestros padres?

SALMO RESPONSORIAL 130

R/  Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor.

Señor mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad.

Sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.
Espere Israel en el Señor,
ahora y por siempre.

LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS TESALONICENSES 2, 7b-9.13

Ord31bn.jpg (6523 bytes)Deseábamos no sólo entregaros el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas

Hermanos: Os tratamos con delicadeza, como una madre cuida de sus hijos. Os teníamos tanto cariño que deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas, porque os habíais ganado nuestro amor. Recordad, si no, hermanos, nuestros esfuerzos y fatigas; trabajando día y noche para no serle gravoso a nadie proclamamos entre vosotros el Evangelio de Dios. También, por nuestra parte, no cesamos de dar gracias a Dios porque al recibir la Palabra de Dios, que os predicamos, la acogisteis no como palabra de hombre, sino, cual es en verdad, como Palabra de Dios, que permanece operante en vosotros los creyentes.

 

Aleluya, aleluya. Mt 23, 9a.10b
Uno solo es vuestro Padre, el del cielo;
uno solo es vuestro Maestro, Cristo. Aleluya.

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 23, 1-12

ord311.jpg (6737 bytes)No hacen lo que dicen

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los letrados y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros; pero no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame "maestro".  Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro padre, el del cielo. No os dejéis llamar jefes, porque uno solo es vuestro Señor, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

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POR QUE ELLOS NO HACEN LO QUE DICEN 

Ord31cn.jpg (5021 bytes)No os dejéis llamar maestro, ni padre, ni jefe...
Uno se imagina que detrás de esta advertencia evangélica está en juego algo más profundo que las costumbres sociales o el pequeño despunte de vanidad.
Efectivamente, parece que el núcleo está en al afirmación : "Todos vosotros sois hermanos"
El evangelio no da cabida a la vanidad de los títulos, costumbres, procedencias y, menos aún, suficiencia y autoritarismo.
Pone la fuerza en la fraternidad de tal manera que cualquiera en el pueblo de Dios podría preguntar al otro : En este momento, ¿eres tú mi hermano?

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