VIGÉSIMO TERCER DOMINGO
Acto penitencial
Ante
Jesús, que nuevamente nos reúne, reconozcámonos pecadores y pidamos perdón .
Tú, que nos has amado y nos has mostrado el amor del Padre, SEÑOR, TEN PIEDAD.
Tú, que eres el Pan que alimenta nuestra fe, CRISTO, TEN PIEDAD
Tú, que has derramado tu Sangre para la redención de la humanidad
entera, SEÑOR, TEN PIEDAD.
Jesús nos enseña hoy que todo hombre sensato debe saber
acomodar al fin que persigue los medios que ha de emplear. Así, quien quiere ser su
discípulo ha de renunciar a todo. La primera lectura nos invita a escudriñar las
intenciones de Dios sobre nosotros. De este modo, podremos organizar nuestra vida de
manera que correspondamos a esas intenciones. San Pablo, en la epístola, manifiesta su
ternura respecto a un esclavo que se había fugado. Afirma que es «como algo de sus
entrañas». Hasta tal extremo llegó la revolución social ocasionada por la fe en
Cristo.
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LECTURA DEL LIBRO DE LA SABIDURÍA 9, 13-18
¿Qué hombre conoce el
designio de Dios, quién comprende lo que Dios quiere? Los pensamientos de los mortales
son mezquinos y nuestros razonamientos son falibles; porque el cuerpo mortal es lastre del
alma y la tienda terrestre abruma la mente que medita. Apenas conocemos las cosas terrenas
y con trabajo encontramos lo que está a mano: ¿Pues quién rastreará las cosas del
cielo, quién conocerá tu designio, si tú no le das sabiduría enviando tu Santo
Espíritu desde el cielo? Sólo así serán rectos los caminos de los terrestres, los
hombres aprenderán lo que te agrada; y se salvarán con la sabiduría los que te agradan,
Señor, desde el principio.
SALMO RESPONSORIAL 89
R/ Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó,
una vela nocturna.
Los siembras año por año,
como hierba que se renueva
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca.
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos.
Por la mañana sácianos
de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo;
baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las
obras de nuestras manos.
LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL S. PABLO A FILEMÓN 9B-10. 12-17
Querido hermano: Yo, Pablo, anciano y prisionero por Cristo Jesús, te recomiendo a
Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado en la prisión. Te lo envío como algo de mis
entrañas. Me hubiera gustado retenerlo junto a mí para que me sirviera en tu lugar en
esta prisión que sufro por el Evangelio; pero no he querido retenerlo sin contar contigo:
así me harás este favor no a la fuerza, sino con toda libertad. Quizá se apartó de ti
para que le recobres ahora para siempre; y no como esclavo, sino mucho mejor: como hermano
querido. Si yo lo quiero tanto, cuánto más lo has de querer tú como hombre y como
cristiano. Si me consideras compañero tuyo, recíbelo a él como a mí mismo.
ALELUYA
Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
enséñame tus leyes.
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 14,25-33
En aquel tiempo,
mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: «Si alguno se viene conmigo
y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus
hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz
detrás de mí, no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre no se sienta primero a calcular
los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede
acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran diciendo: 'Este hombre empezó a
construir y no ha sido capaz de acabar' ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey,
no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le
ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para
pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes, no
puede ser discípulo mío.»
Oración
de los Fieles
Hermanos
y hermanas, pidamos al Señor que escuche nuestras plegarias y atienda nuestras
peticiones: A cada petición respondemos:
Te
rogamos, Señor, óyenos.
Por
la santa Iglesia de Dios, para que el Señor le conceda la paz y la unidad, la
guarde de todo mal y acreciente el número de sus hijos, roguemos al Señor.
Por
la paz del mundo, para que cesen las rivalidades entre las naciones, renazca en
el corazón humano el amor y arraigue entre todos los pueblos la mutua comprensión,
roguemos al Señor.
Para
que Dios, Padre todopoderoso, purifique al mundo de todo error, devuelva la
salud a los enfermos, aleje el hambre, abra las prisiones injustas y conceda el
regreso a los que añoran la patria, roguemos al Señor.
Para
que el Señor nos conceda perseverar en la fe hasta el fin de nuestra vida y,
después de la muerte, nos admita en el reino de la felicidad, de la luz y de la
paz, roguemos al Señor.
Señor,
Dios todopoderoso y eterno; tú que sabes que apenas conocemos las cosas de la
tierra y con trabajo descubrimos el rastro de las del cielo, escucha nuestras
oraciones y envíanos la sabiduría de tu Espíritu, para que, como verdaderos
discípulos de tu Hijo, llevemos nuestra cruz de cada día y, unidos a él,
sigamos fielmente tus caminos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
El día del Señor
El
Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
Levantemos
el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos
gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En
verdad es justo bendecirte y darte gracias,
Padre Santo, fuente de la verdad y de la vida,
porque nos has convocado en tu casa en este día de fiesta.
Hoy tu familia, reunida en la escucha de tu Palabra,
y en la comunión del pan único y partido,
celebra el memorial del Señor resucitado,
mientras espera el domingo sin ocaso
en el que la humanidad entera entrará en tu descanso.
Entonces contemplaremos tu rostro
y alabaremos por siempre tu misericordia.
Con esta gozosa esperanza,
y unidos a los ángeles y a los santos,
cantamos unánimes el himno de tu gloria:
Santo,
Santo, Santo …
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