VIGÉSIMO SEGUNDO DOMINGO
Acto
Penitencial
Reconozcamos ahora, en silencio, nuestra debilidad, y pidámosle a Dios perdón por nuestros pecados. (Silencio).
Tú
que amas a los pobres. Señor, ten piedad.
Tú que fortaleces a los débiles. Cristo, ten piedad.
Tú que eres nuestra vida. Señor, ten piedad.
En el evangelio, Jesús da a cuantos le rodean una lección de
humildad cuando les recomienda que no busquen los primeros puestos en los banquetes, sino
que han de dar prioridad a los humildes, como son los pobres y mendigos. La primera
lectura nos exhorta también a la humildad puesto que, afirma, «la herida del cínico no
tiene cura». Dios, dice la epístola, no sólo ha renovado en nosotros los milagros del
Éxodo, sino que ha ido más lejos al introducirnos en su Ciudad santa junto a Cristo, con
los ángeles y los santos.
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LECTURA DEL LIBRO DEL ECLESIÁSTICO 3, 17-2129
Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y
te querrán más que al hombre generoso. Hazte pequeño en las grandezas humanas, y
alcanzarás el favor de Dios porque es grande la misericordia de Dios, y revela sus
secretos a los humildes. No corras a curar la herida del cínico, pues no tiene cura, es
brote de mala planta. El sabio aprecia las sentencias de los sabios, el oído atento a la
sabiduría se alegrará.
SALMO RESPONSORIAL 67
R/ Preparaste, oh Dios, casa para los pobres.
Los justos se alegran
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.
Cantad a Dios, tocad en su honor;
su nombre es el Señor..
Padre de huérfanos
protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.
Dios prepara a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece.
Derramaste en tu heredad, oh Dios, una lluvia copiosa
aliviaste la tierra extenuada;
y tu rebaño habitó en la tierra
que tu bondad, oh Dios, preparó para los pobres.
LECTURA DE LA CARTA A LOS HEBREOS 12, 18-19.22-24A
Hermanos: Vosotros no os habéis acercado a un monte tangible, a un fuego encendido, a
densos nubarrones, a la tormenta, al sonido de la trompeta; ni habéis oído aquella voz
que el pueblo, al oírla, pidió que no les siguiera hablando.
Vosotros os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a
la asamblea de innumerables ángeles, a la congregación de los primogénitos inscritos en
el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino y
al Mediador de la nueva alianza, Jesús.
ALELUYA
Cargad con mi yugo y aprended de mi
- dice el Señor -
que soy manso y humilde de corazón.
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 14 17-14
Entró Jesús un
sábado en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban
espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso este
ejemplo: «Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal no sea que
hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al
otro, y te dirá: 'Cédele el puesto a éste.' Entonces, avergonzado, irás o ocupar el
último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para
que cuando venga el que te convidó, te diga: 'Amigo, sube más arriba.' Entonces
quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será
humillado; y el que se humilla será enaltecido.»
Y dijo al que lo había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no invites a tus
amigos ni a tus hermanos ni a tus parientes ni a los vecinos ricos; porque corresponderán
invitándote y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos
y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los
justos.»
Oración
de los Fieles
Pidamos,
hermanos, al Señor de oídos a las súplicas de su pueblo: Respondemos:
Te
rogamos Señor.
Tengamos
presente, hermanos, en nuestras oraciones a la iglesia santa, católica y apostólica,
para que el Señor la haga crecer en la fe, la esperanza y la caridad.
Oremos
también por los pecadores, por los encarcelados, por los enfermos y por los que
están lejos de sus hogares, para que el Señor los proteja, los libere, les
devuelva la salud y los consuele.
Oremos
también por las almas de todos los difuntos, para que Dios, en su bondad,
quiera admitirlos en el coro de los santos y de los elegidos.
Pidamos
también por los que nos disponemos a celebrar la Eucaristía, para que el Señor
perdone las culpas de los que vamos a participar de sus sacramentos, otorgue sus
premios a los que ejercerán los diversos ministerios y dé la salvación a
todos aquellos los que ofrecemos nuestro sacrificio.
Dios
nuestro, que invitas a pobres y pecadores al banquete alegre de la nueva
alianza, escucha nuestras oraciones y haz que sepamos honrar a tu Hijo en los
enfermos y los humildes, a fin de que, alrededor de tu mesa, nos reconozcamos
mutuamente como hermanos.
Por
Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
La creación alaba al Señor
El
Señor esté con vosotros.
Y con tu Espíritu.
Levantemos
el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos
gracias al Señor.
Es justo y necesario.
En
verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Porque creaste el universo con todo cuanto contiene;
determinaste el ciclo de las estaciones
y formaste al hombre a tu imagen y semejanza:
porque lo hiciste dueño de un mundo portentoso,
para que en tu nombre dominara la creación entera
y, al contemplar la grandeza de tus obras,
en todo momento te alabara,
por Cristo, Señor nuestro.
A quien cantan los cielos y la tierra,
los ángeles y los arcángeles,
proclamando sin cesar:
Santo, Santo, Santo …
Jesús plantea dos temas que iban en contra de las
costumbres religiosas de su época: la humildad y la gratuidad del amor. Dos actitudes
también poco comunes en nuestra sociedad actual. Pero fundamentales para construir el
reino. El prestigio, las categorías, el elitismo, los primeros puestos no tienen nada que
ver con un reino de hermanos, donde debe prevalecer el servicio y la estima por los
demás. Y donde la verdadera bienaventuranza consiste en hacer dichosos a quienes no
pueden devolvernos el favor ni recompensarnos.
Una vez más la imagen del banquete y de la fiesta simboliza al reinado de Dios. Un
banquete al que hay que invitar "a los pobres", no por mero altruismo, sino para
que sean mis comensales, mis hermanos. Si hay un puesto mejor será para el más pequeño,
para el último. Así estará garantizada la calidad de la intención. Y la promesa de
Jesús: "¡Dichoso tú!".
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