La
Palabra se hizo carne por medio de la maternidad virginal de María. Al adorar en el Niño
de Belén al Hijo de Dios hecho hombre, reconocemos que María es la Madre de Dios. Pero,
si bien la maternidad divina de María queda inserta como una filigrana dentro de la
liturgia de la Navidad, los cristianos de las diversas regiones han querido consagrar un
día del tiempo de Navidad a honra a «la Madre de Jesucristo, nuestro Dios y
Señor". La Iglesia de Roma eligió para este homenaje la octava de Navidad, aun
antes de que ese día señalara en Occidente el comienzo del año. Al saludar a la Madre
de Jesús, no echamos en olvido que también es Madre nuestra, la Madre de todos los que
no forman sino un solo cuerpo con Cristo, «la Madre de la Iglesia», como recuerda la
oración después de la comunión.
El homenaje rendido a María no deja en la penumbra los restantes aspectos de este día.
El día octavo después de la Natividad es el de la circuncisión del Niño e imposición
del Nombre de Jesús . El día primero de enero es el día de Año Nuevo: los años pasan,
Cristo permanece. Es también la jornada de la paz. Pero la diversidad de temas no
significa dispersión, todo nos conduce a Cristo y a su Madre.
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LITURGIA DE LE PALABRA
El evangelio narra cómo Jesús, al octavo día de su nacimiento, fue circuncidado, según la ley de Moisés, y cómo recibió el nombre de Jesús. Pero la alusión a la visita de los pastores a Belén da ocasión para unir a este suceso la evocación de María, completamente recogida en su silencio. Cuando en la epístola dice San Pablo que Dios envió a su Hijo «nacido de una mujer», encuadra el papel de María dentro del desarrollo del misterio de salvación. Por lo que toca a la primera lectura, invoca el nombre del Señor sobre el nuevo año e implora la Paz.
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Lectura del Libro de los Números, 22-27
El Señor habló a Moisés: «Di a Aarón y a sus hijos: Esta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; El Señor se fije en ti y te conceda la paz. Así invocarán mi nombre sobre los israelitas y yo los bendeciré.»
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SALMO RESPONSORIAL 66
R/ El Señor tenga piedad y nos bendiga.
El Señor tenga
piedad y nos bendiga.
ilumine su rostro sobre nosotros:
conozca la tierra tus caminos
todos los pueblos tu salvación.
Que canten de
alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia
riges los pueblos con rectitud,
y gobiernas las naciones de la tierra.
Oh Dios, que te
alaben los pueblos
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que te teman
hasta los confines del orbe.
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Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas
4. 4-7
Hermanos: Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. Como sois hijos. Dios envió a vuestros corazones al Espíritu de su Hijo que clama: «¡Abba!» (Padre). Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.
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Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 2,16-21
En aquel tiempo los
pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José y al Niño acostado en el
pesebre. Al verlo, les contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo
oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas,
meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por
lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.
Al cumplirse los ocho días tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús,
como lo había llamado el ángel antes de su concepción.
Oración
de los Fieles
Levantemos,
hermanos y hermanas, nuestra voz suplicante al Señor y, por la poderosa
intercesión de la Madre de su Hijo, imploremos la misericordia divina en favor
de todos los seres humanos: Respondemos
a cada petición: Escúchanos,
Señor).
Para
que los fieles, a imitación de María, mediten y conserven en su corazón y
anuncien con celo lo que han oído del Hijo de Dios, roguemos al Señor.
Para
que los seres humanos de todas las razas y pueblos descubran que tienen un único
Dios, Padre de todos, y nunca se comporten como enemigos unos de otros, roguemos
al Señor.
Para
que llegue a la presencia del Señor el lamento de los que sufren a causa de las
guerras, y pronto puedan experimentar el retorno de la paz a sus hogares y
naciones, roguemos al Señor.
Para
que los que hoy nos hemos reunido para dedicar al Señor las primicias de este año
nuevo, vivamos en paz todos sus días y podamos ver con salud y alegría su fin,
roguemos al Señor.
Tu
trono, Dios nuestro, permanece para siempre y tus años no se acaban; escucha,
pues, nuestras súplicas y bendice el año que hoy comenzamos: que nuestro
trabajo cotidiano nos dé el pan de cada día, y nuestras almas encuentren también
el alimento necesario para avanzar en el camino del bien y en la contemplación
fiel de tu palabra. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
Maternidad de la santísima Virgen María
El
Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado
hacia el Señor.
Demos gracias al Señor,
nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En
verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Y alabar, bendecir y proclamar tu gloria
en la maternidad de santa María, Madre de Dios siempre Virgen. Porque ella
concibió a tu único Hijo por obra del Espíritu Santo,
y, sin perder la gloria de su virginidad,
derramó sobre el mundo la luz eterna, Jesucristo, Señor nuestro.
Por él, los ángeles y arcángeles
y todos los coros celestiales celebran tu gloria,
unidos en común alegría.
Permítenos asociarnos a sus voces
cantando humildemente tu alabanza:
Santo, Santo, Santo…
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Se
acaba el año. ¿Qué me traerá el nuevo? Sea lo que sea, quiero pedirte, Señor, seguir
el camino que Tú me indiques. Tenga yo entrañada en mi ser la brújula que marque tu
norte.![]()