«Santa
María, Madre de Dios". Desde los primeros siglos, la Iglesia formuló en su oración
lo esencial de su fe en lo tocante a la Madre de Jesús (Concilio de Éfeso, el año 431).
Pero habría de transcurrir aún mucho tiempo para descubrir, poco a poco, las maravillas
de gracia que encerraban esas palabras nacidas espontáneamente de los labios del pueblo
cristiano. San Ireneo había presentido la inmaculada concepción de María, cuando
saludaba en ella a «la Nueva Eva». Pero hasta el siglo XV no vemos exponer formalmente
en la liturgia que «por la concepción inmaculada de la Virgen María, Dios preparase a
su Hijo una digna morada», y, «en previsión de la muerte de su Hijo, la preservase de
todo pecado». La fórmula es de una plenitud tal, que sería repetida casi textualmente
en la definición dogmática por el papa Pío IX (1854).
Después
que Adán comió del árbol, el Señor lo llamó: «¿Dónde estás?» El contestó: «Oí
tu ruido en el jardín me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí.» El Señor le
replicó: «¿Quién te informó de que estabas desnudo?, ¿es que has comido del árbol
del que te prohibí comer?» Adán respondió: «La mujer que me diste como compañera me
ofreció el fruto y comí.» El Señor Dios dijo a la mujer: «¿Qué es lo que has
hecho?» Ella respondió: «La serpiente me engañó y comí». El señor Dios dijo a la
serpiente: «Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado v todas las fieras
del campo, te arrastrarás sobre el vientre v comerás polvo toda tu vida; establezco
hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la
cabeza, cuando tú la hieras en el talón.»El Señor da a conocer su victoria
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia
y su fidelidad en favor de la casa de Israel.
Los confines de la tierra han
contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclamad al Señor tierra entera,
gritad, vitoread, tocad.
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Lectura de la Carta Del Apóstol San Pablo A Los Efesios 1, 3-6.11-12
Hermanos: Bendito
sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la Persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales. El nos eligió en la Persona de
Cristo--antes de crear el mundo-para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el
amor. El nos ha destinado en la Persona de Cristo--por pura iniciativa suya--a ser sus
hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su
querido Hijo, redunde en alabanza suya. Con Cristo hemos heredado también nosotros A esto
estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así,
nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria.
En
aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada
Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la
virgen se llamaba María. El ángel, entrando a su presencia, dijo: «Alégrate, llena de
gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres.» Ella se turbó ante
estas palabras, y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: "No temas,
María porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un
hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el
Señor Dios le dará el trono de David su padre reinará sobre la casa de Jacob para
siempre, y su reino no tendrá fin.» Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues
no conozco varón?» El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la
fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo que va a nacer se
llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel que, a pesar de su vejez, ha
concebido un hijo y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada
hay imposible.» María contestó: «Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí
según tu palabra.» Y el ángel se retiró.
Oración
de los Fieles
Oremos, hermanos y
hermanas, al Señor, que en María ha empezado el buen trabajo de la santificación
de los seres humanos, y pidámosle que los haga progresar hasta el día de la
manifestación de su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor: Respondemos a cada petición:
Te lo pedimos, Señor.
Para que el Señor, que quiso prefigurar y culminar en María la plenitud de la
gracia, conceda a todos los miembros de la Iglesia ser reflejo de la hermosura
inmaculada de la Madre de Jesucristo, roguemos al Señor.
Para que el Espíritu Santo, que engendró en las entrañas de María al Verbo
eterno del Padre, impregne el mundo con su fuerza y haga nacer en todos los
seres humanos un deseo vivo de la venida del Reino de Dios, roguemos al Señor.
Para que quienes se han alejado del camino del bien, con la intercesión de María,
refugio de pecadores, se conviertan de sus malos pasos y obtengan el perdón de
sus culpas, roguemos al Señor.
Para que todos nosotros, fija nuestra mirada en María, nos preparemos como ella
a recibir a Jesucristo y nos dispongamos a celebrar santamente las próximas
fiestas de su nacimiento, roguemos al Señor.
Señor Dios nuestro,
que has hecho resplandecer la aurora de la salvación en la concepción
inmaculada de santa María Virgen; escucha nuestra oración y haz fecunda la
acción santificadora de la Iglesia, para que todos los seres humanos, una vez
alcanzado el perdón de sus pecados, sean regenerados en tu amor. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
El misterio de María y la Iglesia
El Señor esté con
vosotros.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado
hacia el Señor.
Demos gracias al Señor,
nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Porque preservaste a la Virgen María de toda mancha de pecado original, para
que en la plenitud de la gracia fuese digna Madre de tu Hijo y comienzo e imagen
de la Iglesia, Esposa de Cristo,
llena de juventud y de limpia hermosura.
Purísima había de ser, Señor,
la Virgen que nos diera el Cordero inocente
que quita el pecado del mundo.
Purísima la que, entre todos los seres humanos,
es abogada de gracia y ejemplo de santidad.
Por eso, unidos a los ángeles, te aclamamos llenos de alegría:
Santo, Santo, Santo…
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LA MUJER Y EL
DRAGÓN
El capítulo 12 del
Apocalipsis es un resumen de toda la historia del Antiguo Testamento. Es la lucha entre la
vida (mujer) y el mal (dragón). Muestra que la propia persecución hay que verla como una
señal de la victoria de Jesús sobre el dragón. Con ironía y satisfacción muestra que
Satanás es un eterno derrotado. Fue derrotado por Jesús (Ap 4-6), por el Arcángel san
Miguel (Ap 12,7-8), por los que creen en Jesús (Ap 12,11) y por la tierra (Ap 12,16).
Sugiere que la persecución de Domiciano es una prueba evidente de que el dragón está
caminando a la derrota definitiva.
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