EPIFANÍA DEL SEÑOR
Epifanía
quiere decir manifestación. Pero la manifestación de Cristo al mundo encierra múltiples
aspectos. Por eso la Iglesia celebra, en el tiempo de Navidad, dos clases de sucesos que
manifiestan progresivamente en Jesús al Hijo de Dios hecho hombre. Unos perfilan su
nacimiento e infancia, otros señalan los comienzos de su vida pública. Entre los
primeros, el más significativo es la llegada de los Magos a Belén, entre los segundos,
el bautismo del Señor en el Jordán. Si la llegada de los Magos ha centrado más la
atención que la de los pastores, es debido a que se trataba de unos hombres que venían
de fuera de las fronteras de Israel, del lejano Oriente. Al atraerles hacia Cristo-Niño,
Dios quiso revelar «para luz de los pueblos, el misterio de nuestra salvación». Se
trata de una Fiesta de Cristo, «Señor del señorío", que nos esclarece «la gloria
de su inmortalidad. La Epifanía es también, por consiguiente, la fiesta de la vocación
de los hombres a la fe, y después a la visión de Dios. Jesús, que en la Eucaristía
«se inmola y se da en comida», se encuentra presente en nuestro caminar hacia la luz,
desde la fe hasta la visión. De este modo, la celebración litúrgica nos ofrece «su
luz» que nos orientará, como a los Magos, hasta el final del camino.
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LITURGIA DE LA PALABRA
Todos los hombres están llamados a no formar sino un cuerpo con Cristo y a vivir juntos cerca de Dios. En esto consiste, según San Pablo, el misterio oculto desde siempre. Sólo algunos profetas de Israel tuvieron un cierto presentimiento de él. Uno de esos profetas lo anunciará de forma lírica. Luego, transcurrieron los siglos. Y he aquí que el Nacimiento de Cristo transforma la esperanza en realidad. Con la llegada de los Magos desde Oriente a Belén el misterio empieza a desvelarse: los pueblos paganos se ponen en camino hacia Cristo.
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Lectura del libro de Isaías 60. 1-6
¡Levántate.
brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Mira: las
tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor,
su gloria aparecerá sobre ti; y caminarán los pueblos a tu luz; los reyes al resplandor
de tu aurora. Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, vienen a ti:
tus hijos llegan de lejos. a tus hijas las traen en brazos. Entonces lo verás, radiante
de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará, cuando vuelquen sobre ti los
tesoros del mar, y te traigan las riquezas de los pueblos.
Te inundará una multitud de
camellos, los dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Saba, trayendo incienso y
oro, y proclamando las alabanzas del Señor.
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SALMO RESPONSORIAL 71
R/ Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra.
Dios mío, confía tu
juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes:
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.
Que en sus días
florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra.
Que los reyes de
Tarsis y de las islas
le paguen tributos;
que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.
Porque él librará
al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres.
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Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Efesios 3, 2-3a.5-6
Hermanos: Habéis
oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor vuestro.
Ya que se me dio a conocer por
revelación el misterio que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos,
como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que
también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la
Promesa en Jesucristo, por el Evangelio.
Lectura del santo Evangelio según San Mateo 2 , 1-12
Jesús
nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se
presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha
nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.>" Al enterarse
el rey Herodes, se sobresaltó y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices
y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le
contestaron: «En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el Profeta» «Y tú, Belén,
tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; pues de ti
saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel.»Oración
de los Fieles
Presentemos,
hermanos y hermanas, nuestras oraciones al Señor, en este día santo en que
Dios ha manifestado su poder a las naciones, la salvación a los pueblos y a
nosotros la luz radiante de su gloria: Respondemos
a cada petición: Escúchanos, Señor.
Por
la santa Iglesia de Dios: para que ilumine a los hombres con la luz que
resplandece en el rostro de Cristo, disipe las tinieblas de los que viven en el
error y dé ánimo a los fieles, para que, con valentía, hagan brillar la luz
del Evangelio ante todas las naciones, roguemos al Señor.
Por
las Iglesias que acaban de nacer en los diversos pueblos: para que su juventud y
vigor sean levadura de vida para todas las comunidades cristianas, roguemos al
Señor.
Por
los pueblos que aún no han sido iluminados por el Evangelio y por aquellos que,
habiendo conocido a Cristo, han abandonado el camino de la verdad: para que
confiesen a Cristo como Señor y le adoren como a Dios verdadero, roguemos al Señor.
Por
nosotros, que hemos sido llamados de las tinieblas a la luz admirable de Cristo:
para que nos afiancemos en la fe verdadera y sigamos con fidelidad las enseñanzas
del Evangelio, roguemos al Señor.
Escucha
nuestras oraciones, Dios todopoderoso y eterno, y haz que los que hemos conocido
y adorado a tu Hijo, Rey y Señor de todos los pueblos, vivamos siempre como
hijos de la luz y nos esforcemos para iluminar con la luz de Cristo a todos los
pueblos y naciones. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
Cristo, luz de las naciones
El
Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
Levantemos
el corazón.
Lo tenemos levantado
hacia el Señor.
Demos
gracias al Señor, nuestro Dios.
Es
justo y necesario.
En
verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Porque hoy has revelado en Cristo, para luz de los pueblos,
el misterio de nuestra salvación;
pues al manifestarse Cristo en nuestra carne mortal,
nos hiciste partícipes de la gloria de su inmortalidad.
Por eso, con
los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar
el himno de tu gloria.
Santo, Santo, Santo…
Hemos
visto su estrella (Mateo 2, 2) dijeron los Magos. Y si no fuera porque hemos oído este
relato tantas veces, y por primera vez cuando íbamos adelantando por el camino de serrín
del Nacimiento los Reyes de barro con sus pagas y estábamos dispuestos a creernos un
cuento tan bonito, diríamos: Imposible.![]()