CUARTO DOMINGO DE CUARESMA

Domingo de Israel y de la Tierra Prometida

En la primera lectura Dios castiga a Israel por sus múltiples infidelidades, pero, al cabo de setenta años, le conduce hasta la tierra que le había asignado. Es la imagen de su amor infinito hacia los hombres, a quienes salva mediante la cruz de su Hijo, asociándoles por la fe a la gloria de la resurrección y ascensión.

También se puede tomar las lecturas del ciclo A.

LECTURA DEL LIBRO SEGUNDO DE LAS CRÓNICAS 36,14-16.19-23

La ira y la misericordia del Señor se manifestaron por el exilio y la liberación del pueblo

En aquellos días, todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, según las costumbres abominables de los gentiles, y mancharon la Casa del Señor, que él se había construido en Jerusalén. El Señor, Dios de sus Padres, les envió desde el principio avisos por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su Morada. Pero ellos se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se mofaron de sus profetas, hasta que subió la ira del Señor contra su pueblo a tal punto, que ya no hubo remedio. Incendiaron la casa de Dios y derribaron las murallas de Jerusalén; pegaron fuego a todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos. Y a los que escaparon de la espada los llevaron cautivos a Babilonia, donde fueron esclavos del rey y de sus hijos hasta la llegada del reino de los persas; para que se cumpliera lo que dijo Dios por boca del Profeta Jeremías: «Hasta que el país haya pagado sus sábados, descansará todos los días de la desolación, hasta que se cumplan los setenta años.»
En el año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la Palabra del Señor, por boca de Jeremías movió el Señor el espíritu de Ciro, rey de Persia, que mandó publicar de palabra y por escrito en todo su reino: «Así habla Ciro, rey de Persia: El Señor, el Dios de los Cielos me ha dado todos los reinos de la tierra. EI me ha encargado que le edifique una Casa en Jerusalén, en Judá. Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, ¡sea su Dios con él y suba!."

SALMO RESPONSORIAL 136

R/ Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti .

Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los sauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras

Allí los que nos deportaron nos invitaban a cantar
nuestros opresores, a divertirlos:
«Cantadnos un cantar de Sión.»

¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha

Que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías.

LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS EFESIOS 2, 4-10

Muertos por los pecados, por pura gracia estáis salvados

Hermanos: Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo - por pura gracia estáis salvados -nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con él. Así muestra en todos los tiempos la inmensa riqueza de su gracia, su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque estáis salvados por su gracia y mediante la fe. Y no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios; y tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir. Somos, pues, obra suya. Dios nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras que él determinó practicásemos.

EVANGELIO Jn. 3,16

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único.
Todos los que creen en él tienen vida eterna.

Lectura del santo Evangelio según San Juan 3,14-21

Dios mandó a su Hijo para que el mundo se salve por El

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del Hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no será condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. Esta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.-»

LA LUZ DEL CRUCIFICADO

¿Cómo podremos reconocer en un ajusticiado,- en el crucificado,- nuestra señal de salvación?... y sin embargo, el Hijo del Hombre "tiene que ser elevado" para que el mundo crea.
Aquel Hijo del Hombre que Daniel nos presentaba como el que vendrá a juzgar en el último día, se nos anuncia aquí como Luz, como salvación para el hombre. ¿Será posible transformar el madero de la cruz en faro de salvación para los navegantes del mundo?.
Juan afirma, que esto no es sólo posible, sino que precisamente para esto mandó Dios a su Hijo al mundo. Por puro amor de Dios, por un Amor que siempre se manifiesta al hombre como desproporcionado, sobreabundante y excesivo.
La altura de la cruz, no es la altura de la peana desde donde los tribunales juzgan, sino la elevación donde se inmola el Hijo del Hombre y se hace visible para todos los crucificados del mundo. La cruz es el punto de partida y de llegada al mismo tiempo, a partir del cual, todo dolor, toda pasión de cualquier hombre queda asumida, toda muerte, valorada.
Porque todo aquel que acoja la Luz desde allí proyectada, queda abierto a la utopía final, a la esperanza y a la realidad del Resucitado.