3 DOMINGO DE CUARESMA
Donde se puede tener la experiencia más radical de lo
indispensable que es el agua para la vida es en el desierto. Por eso se reveló Dios a sí
mismo como el salvador de su pueblo haciendo manar el agua de la roca por mediación de
Moisés. Pero, más importante que el agua que da la vida al cuerpo, es el agua viva del
Espíritu que Jesús promete a la mujer de Samaría, el manantial de la fe del amor y la
esperanza en lo más íntimo de su ser.
Hemos de tomar conciencia de las exigencias de nuestro bautismo, reviviendo en pos de
Moisés el éxodo del pueblo de la antigua alianza, recibiendo con la samaritana la
revelación del "agua viva" y participando de la gracia que se nos confiere en
Jesucristo
Lectura del libro del Éxodo 17, 3-7
En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, murmuraba
contra Moisés: «¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a
nuestros hijos y a nuestros ganados?». Clamó Moisés al Señor y dijo: «¿Qué puedo
hacer con este pueblo?. Poco falta para que me apedreen.» Respondió el Señor a Moisés:
«Preséntate al pueblo llevando contigo algunos de los ancianos de Israel; lleva también
en tu mano el cayado con que golpeaste el río y vete, que allí estaré yo ante ti, sobre
la peña, en Horeb; golpearás la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo.»
Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel. Y puso por nombre a aquel lugar
Massá y Meribá, por la reyerta de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor
diciendo: «¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?»
SALMO RESPONSORIAL 94
R/ Escucharemos tu voz, Señor.
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
vitoreándole al son de instrumentos
Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto,
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.»
Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los romanos 5, 1-2.5-8
Hermanos: Ya que hemos recibido la justificación por la fe,
estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido
con la fe el acceso a esta gracia en que estamos; y nos gloriamos apoyados en la esperanza
de la gloria de los Hijos de Dios. La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha
sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.
En efecto, cuando todavía estábamos sin fuerzas, en el tiempo señalado, Cristo murió
por los impíos -en verdad, apenas habrá quien muera por un justo, por un hombre de bien
tal vez se atrevería uno a morir--mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo siendo
nosotros todavía pecadores, murió por nosotros.
Lectura del santo Evangelio según San Juan 4, 5-42
En aquel tiempo llegó Jesús a un pueblo de Samaría llamado
Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José: allí estaba el manantial de Jacob.
Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del
mediodía. Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber »
(Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida). La samaritana le dice:
«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los
Judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le contesto. «Si conocieras el don de
Dios, y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, v él te daría agua viva.»
La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el
agua viva?, ¿eres tu más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo y de el bebieron
él y sus hijos y sus ganados?» Jesús le contesto: «El que bebe de esta agua vuelve a
tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, nunca mas tendrá sed: el agua que
yo le daré se convertirá entro de el en un surtidor de agua que salta hasta la vida
eterna.» La mujer le dice: «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré
que venir aquí a sacarla.».![]()
Los tres
capítulos del evangelio de Juan que se leerán en estos tres domingos de Cuaresma
(3.°4.°-5.°) tienen muchas cosas en común. En ellos veían los primeros cristianos
reflejado el proceso de fe de los catecúmenos. Cada uno de ellos ilustra una afirmación
sobre Jesús: Jesús es quien da el agua viva (Jn 4,14); es la luz del mundo (Jn 9,5); es
la resurrección y la vida (Jn 1 1,25).
Mirando el de mañana, el de la samaritana, notemos sólo un aspecto fundamental para
mostrar la unidad de todas sus escenas: a lo largo de todas ellas hay un progresivo
descubrimiento de Jesús por el encuentro personal con El. Los distintos personajes van
haciendo en voz alta balance de este descubrimiento:
La mujer: "eres un profeta" (v. 19) Jesús: "Yo soy" (el Mesías) (v.
26) La mujer: "Es el Cristo" (v. 29) Los samaritanos: "el Salvador"
(v. 42).
Este proceso de fe es el que han seguido los miembros de la comunidad a la que Juan se
dirige y es también un modelo para todos aquellos que quieren encontrarse con Jesús.
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