Domingo de Abrahán y de la Transfiguración
LECTURA
DEL LIBRO DEL GÉNESIS 22,
1-2.9a. 15‑18
El
sacrificio de nuestro padre y patriarca Abrahán
Cuando
llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí un altar y
apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán tomó
el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor gritó desde el cielo: «¡Abrahán, Abrahán!»
El contestó: «Aquí me tienes.» Dios le ordenó: «No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada.
Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo.» Abrahán levantó los ojos y
vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio
en lugar de su hijo. El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo: «Juro por mí mismo--oráculo
del Señor--: Por haber hecho eso, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te bendeciré.
multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena
de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades
enemigas. Todos los pueblos del
mundo se bendecirán con tu descendencia porque me has obedecido.»
Señor,
yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu
esclava:
rompiste mis cadenas.
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré
al Señor mis votos,
en presencia de todo el
pueblo;
en el atrio de la casa del
Señor
en medio de ti, Jerusalén.
LECTURA
DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A
LOS ROMANOS 8, 31b-34
Dios no perdonó a su propio Hijo
Hermanos:
Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no perdonó
a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por nosotros, ¿cómo no nos dará todo con El?
¿Quién
acusará a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién
condenará? ¿Será acaso Cristo que murió, más aún, resucitó y está a la
derecha de Dios, y que intercede por
nosotros?
EVANGELIO Mt17,5
En
el esplendor de la nube
se oyó la voz del Padre:
Este es mi Hijo, el Amado,
escuchadle.
Lectura
del santo Evangelio según San Marcos 9,
2-10
Este
es mi Hijo muy amado
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «no contéis a nadie lo
que habéis visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos. Esto se les quedó grabado y
discutían qué querría decir aquello de resucitar de entre los
muertos.
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SUBIÓ A LA MONTAÑA Y SE TRANSFIGURÓ
En cuaresma reflexionamos
sobre el perdón y el pecado, sobre la austeridad, sobre la marginación...Pero
una reflexión desacertada puede llevarnos a vivir con tristeza. En el evangelio
de hoy se nos anuncia que este tiempo es tiempo de gracia, y que la vida
cristiana debe de ser ante todo una experiencia gozosa de transfiguración.
Marcos ha colocado este pasaje de la transfiguración después del primer
anuncio que Jesús hace de su muerte y resurrección. Con ello nos avisa :
la cruz, el sufrimiento en la vida, es cierto, es real, pero Jesús no se ha
equivocado de camino. Así lo asegura la intervención del Padre :
"Este es mi Hijo, el amado, escuchadle".
Es importante subir a la montaña del encuentro con Dios para luego reemprender
con nuevo ánimo la tarea que nos ha sido dada : la de entregar la vida por
los hermanos mientras construimos el reino.
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