I DOMINGO DE CUARESMA
Domingo de la Tentación
No es el
cristianismo la única religión que hace hincapié sobre la penitencia de renuncia como
vía de acceso hacia Dios. El Islam impone a sus fieles, durante el ayuno del Ramadán,
una disciplina ascética cuyas exigencias muy pocos cristianos de nuestros días
aceptarían. Lo mismo ocurre, respecto a los Judíos, con el día de la Expiación. Lo
característico de la Cuaresma es que ésta se centra en el seguimiento de Cristo. A la
frase de Pascal, «Yo amo la pobreza porque El la amó», cabría añadir: Yo hago
penitencia porque El ayunó. El encuentro con Cristo en el desierto, en este primer
domingo de Cuaresma, reviste, por lo mismo, una importancia capital. La imagen de Jesús
haciendo cuarenta días de ayuno entre las fieras salvajes, tentado por el demonio y más
tarde alimentado por los ángeles, posee para todo el pueblo de Dios un valor modélico.
Hace oír a todos los corazones una llamada: la llamada del desierto. No puede el hombre
volverse a Dios, ni ahondar en su relación para con El, si no acepta adentrarse en
ciertas zonas de silencio profundo, en el que se nutra de su palabra y luche contra las
fuerzas del mal. De este modo es como se aprende a «sentir hambre de Cristo, pan vivo y
verdadero» y a «vivir con mayor plenitud el misterio de Cristo». No se puede vivir una
Cuaresma sino con «los ojos fijos en Jesús» (Heb 12, 2). Tiene que ser una obra de
amor: de amor a Cristo y a todos aquellos a quienes El llama sus hermanos.![]()
Lectura del libro del Génesis 2, 7-9; 3, 1-7
El Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en
su nariz un aliento de vida y el hombre se convirtió en ser vivo. El Señor Dios plantó
un jardín en Edén, hacia Oriente, y colocó en él al hombre que había modelado. El
Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver v buenos de
comer; además el árbol de la vida, en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento
del bien y el mal. La serpiente era el más astuto de los animales del campo que el Señor
Dios había hecho. Y dijo a la mujer: « Cómo es que os ha dicho Dios que no comáis de
ningún árbol del jardín?» La mujer respondió a la serpiente: «Podemos comer los
frutos de los árboles del jardín; solamente del fruto del árbol que está en mitad del
jardín nos ha dicho Dios: «No comáis de él ni lo toquéis, bajo pena de muerte». La
serpiente replicó a la mujer: «No moriréis. Bien sabe Dios que cuando comáis de él se
os abrirán los ojos y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal.» La mujer
vio que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable porque daba inteligencia; tomó del
fruto, comió y ofreció a su marido, el cual comió. Entonces se les abrieron los ojos a
los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las
ciñeron.
SALMO RESPONSORIAL 50
R/ Misericordia, Señor, hemos pecado.
Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por m inmensa compasión borra mi culpa.
Lava del todo mi delito
limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado.
Contra ti, contra ti solo pequé
cometí la maldad que aborreces.
Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.
Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los romanos 5, 12-19
Hermanos: Lo mismo que por un solo hombre entró el pecado en el
mundo, y por el pecado la muerte, y la muerte se propagó a todos los hombres, porque
todos pecaron.
[ Pero, aunque antes de la ley había pecado en el mundo, el pecado no se imputaba porque
no había ley. Pues a pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso
sobre los que no habían pecado con un delito como el de Adán, que era figura del que
había de venir.
Sin embargo, no hay proporción entre la culpa y el don: si por la culpa de uno murieron
todos, mucho más, gracias a un solo hombre, Jesucristo, la benevolencia y cl don de Dios
desbordaron sobre todos. Y tampoco hay proporción entre la gracia que Dios concede y las
consecuencias del pecado de uno: la sentencia contra uno acabó en condena total; la
gracia, ante una multitud de pecados, en indulto. ]
Si por la culpa de aquél, que era uno solo, la muerte inauguró su reino, mucho más los
que reciben a raudales el don gratuito de la amnistía vivirán y reinarán gracias a uno
solo, Jesucristo. En resumen, una sola culpa resultó condena de todos, y un acto de
justicia resultó indulto y vida para todos. En efecto, así como por la desobediencia de
un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de
uno solo, todos serán constituidos justos.
Lectura del santo Evangelio según San Mateo 4,1-11
En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu
para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta
noches, al final sintió hambre. Y el tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de
Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.» Pero él le contestó diciendo:
«Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca
de Dios.»
Entonces el diablo lo lleva a la Ciudad Santa, lo pone en el alero del templo y le dice:
«Si eres Hijo de Dios tírate abajo, porque está escrito: Encargará a los ángeles que
cuiden de ti y te sostendrán en sus manos para que tu pie no tropiece con las piedras».
Jesús le dijo: «También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios » Después el
diablo lo llevó a una montaña altísima y mostrándole todos los reinos del mundo y su
esplendor le dijo: «Todo esto te daré si te postras y me adoras.» Entonces le dijo
Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo
darás culto.» Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.
A través
del relato de las tentaciones nos acercamos a una realidad profunda que Jesús
experimentó en su vida muchas veces. En efecto, Jesús escuchó la invitación a
acreditarse por medio de signos portentosos (Mt 12,38: 16,1), y a abandonar el camino de
la cruz (Ml 16,21-22), pero a lo largo de toda su vida dejará bien clara su condición de
Hijo de Dios obediente al Padre.
Los primeros cristianos experimentaron también la tentación del poder y la gloria, pero
también ellos optaron por el modelo de los que sólo viven para hacer la voluntad del
Padre (M 5,3- 1 2; 6,25-34).
Los cristianos de todas las épocas podemos ver reflejada nuestra propia experiencia en
este relato.
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