Miércoles de Ceniza

ceniza3x.jpg (9440 bytes)El programa que nos traza la Iglesia en el día del comienzo de la Cuaresma se fija menos en la significación de la imposición de la ceniza que en las palabras que la acompañan en algunas regiones: «Convertíos y creed en el Evangelio».
Convertirse quiere decir volverse hacia Dios. Supone más un dirigirse hacia Alguien que llama que un desprenderse del egoísmo y optar por una nueva concepción de la vida. Para acoger un mensaje, hay que elevar ante todo los ojos hacia el mensajero.
Por este motivo, Jesús hizo una llamada a la conversión en el momento en que iba a anunciar a los hombres la Buena Nueva del Reino de Dios, y Pedro reitera esa misma llamada el día de Pentecostés. La conversión, a la que somos invitados, consistirá, ante todo en una intensificación de nuestra relación personal con Jesús.

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Antífona de Entrada               Sab. 11, 24‑2527

Te compadeces de todos, porque todo lo puedes, Señor; cierras los Ojos a los pecados de los hombres, para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no odias nada de lo que has hecho; a todos perdonas, porque son tuyos, Señor amigo de la vida.

ORACIÓN COLECTA

Señor, fortalécenos con tu auxilio al empezar la Cua­resma, para que nos mantengamos en espíritu de con­versión; que la austeridad penitencial de estos días nos ayude en el combate cristiano contra las fuerzas del mal. Por nuestro Señor.


Liturgia de la Palabra

El llamamiento que hace el profeta Joel al pueblo de Dios para una celebración comunitaria de penitencia y su alusión a la conversión íntima nos dispondrán a escuchar la invitación de San Pablo, que nos pide "por Cristo, que nos dejemos reconciliar con Dios», pues «ahora es el día de la salvación». Al ver seguidamente en Jesús con qué espíritu se debe hacer la limosna, la oración y el ayuno, descubriremos que no es la Iglesia quien ha elaborado las diversas modalidades de penitencia, sino que las ha recibido de su Señor.

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Lectura del libro de Joel 2, 12-18

Cuare03x.jpg (5625 bytes)Dice el Señor todopoderoso: Convertíos a mi de todo corazón: con ayuno, con llanto, con luto. Rasgad los corazones no las vestiduras: Convertíos al Señor Dios vuestro; porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad, y se arrepiente de las amenazas. Quizá se convierta y se arrepienta y nos deje todavía la bendición, la ofrenda, la libación del Señor nuestro Dios. Tocad la trompeta en Sión, proclamad el ayuno, convocad la reunión; congregad al pueblo, santificad la asamblea, reunid a los ancianos, congregad a muchachos y niños de pecho. Salga el esposo de la alcoba; la esposa del tálamo. Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, diciendo: «Perdona, Señor, perdona a tu pueblo, no entregues tu heredad al oprobio; no la dominen los gentiles, no se diga entre las naciones: «¿Dónde está su Dios?» Que el Señor sienta celo por su tierra y perdone a su pueblo.

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Salmo responsorial 50

R/ Misericordia, Señor: hemos pecado.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa.
Lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado.
Contra ti, contra ti sólo pequé.


Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará su alabanza.

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Lectura de la 2ª carta del apóstol S. Pablo a los Corintios 5,20-6,2

Ceniza5x.jpg (8909 bytes)Hermanos: Somos embajadores de Cristo, siendo Dios el que por medio nuestro os exhorta; os lo pedimos por Cristo: dejaos reconciliar con Dios. El cual, por nosotros hizo pecado al que no conocía el pecado, para que por él llegáramos a ser justicia de Dios. Os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Porque él dice: «En el tiempo de la gracia te escucho ¡ en el día de la salvación te ayudo» Pues mirad: Ahora es el tiempo de la gracia; ahora es el día de la salvación.

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Lectura del santo Evangelio según S. Mateo 6, 1-6. 16-18

oracion2x.jpg (5564 bytes)En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos, de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial.
Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha ¡ así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.
Cuando recéis no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Cuando tú vayas a rezar entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre, que esta en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.
Cuando ayunéis no andéis cabizbajos, como los farsantes que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre que esta en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.»


BENDICIÓN E IMPOSICIÓN DE LA CENIZA

Después de la homilía, el sacerdote dice:

Con actitud humilde oremos, hermanos, a Dios nuestro Padre, para que se digne bendecir con su gracia estas cenizas que vamos a imponer en nuestras cabezas en señal de penitencia.

 Y después de un breve silencio oracional, prosigue:

Oh Díos que te inclinas ante el que se humilla y encuentras agrado en quien expía sus pecados; escucha benig­namente nuestras súplicas y derrama la gracia de tu bendición sobre estos siervos tuyos que van a recibir la ceniza, para que, fieles a las prácticas cuaresmales, puedan llegar, con el corazón limpio, a la celebración del misterio pascual de tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos. ». Amén.

o bien:

Oh Dios, que no quieres la muerte del pecador, sino su arrepentimiento; escucha con bondad nuestras súpli­cas y dígnate bendecir esta ceniza que vamos a imponer sobre nuestra cabeza; y porque sabemos que somos polvo y al polvo hemos de volver, concédenos, por medio de las prácticas cuaresmales, el perdón de los pecados; as' podremos alcanzar, a imagen de tu Hijo resucitado, la vida nueva de tu reino. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

Y en silencio asperja con agua bendita las cenizas. Seguida­mente, el sacerdote impone la ceniza a todos los presentes que se acercan hasta él; a cada uno le dice:

 Convertíos y creed el Evangelio                 Mc. 1, 15

o bien:

Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás.                  Gen. 3, 19

Mientras tanto se canta.

ANTÍFONA                Jl. 2, 12‑13

Cambiemos nuestro vestido por la ceniza y el cilicio ­ ayunemos y oremos delante del Señor, porque nuestro Dios es compasivo y misericordioso para perdonar nuestros pecados.


Oración de los Fieles

Imploremos, hermanos y hermanas, a quien tiene pleno poder en el cielo y en la tierra, y pidámosle que escuche benignamente las súplicas de su pueblo penitente: (Respondemos a cada petición:
Señor, ten piedad).


Para que el Espíritu Santo, con su fuerza, rasgue los corazones de los pecadores, de manera que, convirtiéndose de sus culpas, busquen sinceramente el rostro del Señor, roguemos al Señor.

Para que Dios ilumine a nuestros hermanos que viven en la indiferencia, les infunda el deseo de buscarlo y les dé la fuerza necesaria para convertirse, roguemos al Señor.

Para que el Señor, que tan generosamente nos concede empezar hoy la Cuaresma, nos dé también en estos días de gracia el don de convertirnos a él y afirmarnos en la fidelidad cristiana, roguemos al Señor.

Escucha, Señor, nuestras oraciones y extiende tu mano misericordiosa sobre el pueblo penitente, para que estos días de Cuaresma te busquemos con todo corazón y veamos atendidas nuestras plegarias. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Al ofrecerte este sacrificio que inaugura la Cuaresma, te pedirnos, Señor, que nuestras obras de caridad y nuestras penitencias nos ayuden al dominio de nosotros m1s1nos, Para que, limpios de pecado, merezcamos cele­brar piadosamente los misterios de la pasión de tu Hijo. Que vive y reina.

PREFACIO
Los frutos del ayuno

En verdad es Justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque con el ayuno corporal refrenas nuestras pasiones,
elevas nuestro espíritu,
nos das fuerza y recompensa, por Cristo nuestro Señor.
Por eso, con los ángeles y arcángeles, y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

ANTÍFONA DE COMUNIÓN            Sal, 1, 2-3

Dichoso el hombre que medita en la ley del Señor día y noche, da fruto en su corazón.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor, estos sacramentos que hemos recibido hagan nues­tros ayunos agradables a tus Ojos Y obren corno remedio saludable de todos nuestros males. Por Jesucristo.

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