Después
de haber conmemorado la fiesta de la Epifanía de la infancia de Jesús, celebramos hoy,
en su Bautismo, la Epifanía que da comienzo a su vida pública. Con esto concluye el
tiempo de Navidad a lo largo del cual hemos proclamado nuestra fe en la divinidad de
Jesucristo y en nuestra propia divinización en El.
Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor
postraos ante el Señor en el atrio sagrado.
La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica.
El Dios de la gloria ha tronado.
El Señor descorteza las selvas.
En su templo un grito unánime: ¡Gloria!
El Señor se sienta por encima del aguacero,
el Señor se sienta como rey eterno.

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Lectura
del santo Evangelio según San Mateo 3, 13-17 (Ciclo A)
En aquel tiempo, fue
Jesús desde Galilea al Jordán y se presento a Juan para que lo bautizara. Pero Juan
intentaba disuadirlo diciéndole: «Soy yo el que necesita que tu me bautices, ¿y tú
acudes a mí?" Jesús le contestó: "Déjalo ahora. Está bien que cumplamos
así todo o que Dios quiere.» Entonces Juan se lo permitió.
Apenas se bautizó Jesús, salió del agua- se abrió el cielo y vio que el Espíritu de
Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía:
«Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto.»
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Lectura del santo Evangelio según San Marcos 1, 6b-11
(Ciclo B)En aquel tiempo proclamaba Juan: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.» Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo amado, mi preferido.»
Lectura del santo Evangelio según San Lucas
3, 15-16.21-22 (Ciclo C)Después del bautismo de Jesús, el cielo se abrió En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación y todos se preguntaban si no seria Juan el Mesías; él tomó la Palabra y dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará con Espíritu Santo y fuego.»
Oración
de los Fieles
Oremos, hermanos y
hermanas, a nuestro Salvador, que quiso ser bautizado para santificar nuestro
bautismo y renovar por él a la humanidad caída, y pidámosle que se compadezca
de quienes ha querido que fueran sus hermanos: Respondemos a cada petición: Escúchanos,
Señor.
Para que Cristo, el Siervo de Dios, en quien el Padre se complace, mire con amor
a todos los que se preparan para el bautismo o la confirmación o preparan el
bautismo de sus hijos, roguemos al Señor.
Para que Cristo, el Elegido de Dios para llevar el derecho a las naciones,
ilumine a los que buscan a Dios con sinceridad de corazón, les haga oír la voz
magnífica y potente del Padre, que los llama a escuchar a su Hijo amado y los
conduzca hacia el bautismo, roguemos al Señor.
Para que Cristo, el Enviado del Padre, que no quiebra la caña resquebrajada ni
apaga la mecha que apenas arde, conceda la salud a los que viven oprimidos por
el diablo, roguemos al Señor.
Para que Cristo, el Hijo amado, que quiso ser bautizado en el Jordán para dar
fuerza a nuestro bautismo, nos haga descubrir y amar la grandeza del bautismo
cristiano, don del amor de Dios a la humanidad, roguemos al Señor.
Padre todopoderoso,
que haces resonar tu voz magnífica en las aguas del bautismo y en la unción de
la confirmación; escucha nuestras oraciones y concede a los bautizados cumplir
fielmente las promesas de su bautismo y ser testigos valientes de la fe. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
El bautismo, inicio de la vida nueva
El Señor esté con
ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado
hacia el Señor.
Demos gracias al Señor,
nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Porque en el bautismo de Cristo en el Jordán
has realizado signos prodigiosos,
para manifestar el misterio del nuevo bautismo:
hiciste descender tu voz desde el cielo,
para que el mundo creyese que tu Palabra habitaba entre nosotros;
y por medio del Espíritu, manifestado en forma de paloma,
ungiste a tu siervo Jesús para que los hombres reconociesen en él al Mesías,
enviado a anunciar la salvación a los pobres.
Por eso, como los ángeles te cantan en el cielo,
así nosotros en la tierra te aclamamos, diciendo sin cesar:
Santo, Santo, Santo…
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Con esta fiesta del Bautismo de Jesús llega al fin el
Ciclo Adviento-Navidad-Epifanía, que es el misterio de espera, llegada y manifestación
del Mesías. Y hoy otra manifestación: el Salvador es el Siervo de Yahvé que ha venido a
dar la vida, si fuera preciso, para llevar a cabo su misión.