BAUTISMO DEL SEÑOR

bautismo2x.jpg (9726 bytes)Después de haber conmemorado la fiesta de la Epifanía de la infancia de Jesús, celebramos hoy, en su Bautismo, la Epifanía que da comienzo a su vida pública. Con esto concluye el tiempo de Navidad a lo largo del cual hemos proclamado nuestra fe en la divinidad de Jesucristo y en nuestra propia divinización en El.
Estos dos aspectos del misterio de la encarnación resplandecen vivamente en el Bautismo de Jesús. Jesús de Nazaret bajó al Jordán con los pecadores, pero, cuando sale del agua Dios revela en El a su Hijo amado, y el Espíritu cuando se posa sobre El manifiesta que es el consagrado por excelencia, el Ungido del Señor, el Cristo. Juan puede testificar: «Es el Hijo de Dios»; pero también puede añadir que es «quien purificó el pecado del mundo». En efecto, en el bautismo de Jesús, no sólo se da una manifestación de su divinidad, sino que también se revela «el misterio del nuevo bautismo". Jesús entró en el agua para santificarla. Cuando sale de ella, «restablece, en algún modo, elevándolo junto a sí, al mundo sumergido" (San Gregorio Nacianceno). Quienes renazcan «del agua y del Espíritu" serán hijos de adopción de Dios. Hemos de permanecer atentos a la palabra del Hijo unigénito, a fin de hacernos merecedores de tal nombre.

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LITURGIA DE LA PALABRA

El evangelio narra cómo, estando Jesús bautizándose, el Espíritu Santo descendió sobre El y la voz del Padre se hizo oír para presentarle como su Hijo amado. De esta manera, tenía cumplimiento el antiguo vaticinio hecho por el Señor: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre El he puesto mi Espíritu». Jesús, glorificado por el Padre y consagrado por el Espíritu, podía ya comenzar su ministerio, que San Pedro resume así: «Pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo» .

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Lectura del libro de Isaías

Esto dice el Señor: Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones:
No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho, nos vacilará ni se quebrará hasta implantar el derecho en la tierra y sus leyes, que esperan las islas.
Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he tomado de la mano, te he formado y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan en las tinieblas.

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SALMO RESPONSORIAL

R/ El Señor bendice a su pueblo con la paz.

Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor
postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica.

El Dios de la gloria ha tronado.
El Señor descorteza las selvas.
En su templo un grito unánime: ¡Gloria!
El Señor se sienta por encima del aguacero,
el Señor se sienta como rey eterno.

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Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 10, 34-38

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: «Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los israelitas anunciando la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos. Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con él.»

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bautismox.jpg (5491 bytes)Lectura del santo Evangelio según San Mateo 3, 13-17 (Ciclo A)

En aquel tiempo, fue Jesús desde Galilea al Jordán y se presento a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole: «Soy yo el que necesita que tu me bautices, ¿y tú acudes a mí?" Jesús le contestó: "Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo o que Dios quiere.» Entonces Juan se lo permitió.
Apenas se bautizó Jesús, salió del agua- se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto.»

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Lectura del santo Evangelio según San Marcos 1, 6b-11 (Ciclo B)

En aquel tiempo proclamaba Juan: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.» Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo amado, mi preferido.»

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Lectura del santo Evangelio según San Lucas 3, 15-16.21-22 (Ciclo C)

Después del bautismo de Jesús, el cielo se abrió En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación y todos se preguntaban si no seria Juan el Mesías; él tomó la Palabra y dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará con Espíritu Santo y fuego.»
En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.»


Oración de los Fieles

Oremos, hermanos y hermanas, a nuestro Salvador, que quiso ser bautizado para santificar nuestro bautismo y renovar por él a la humanidad caída, y pidámosle que se compadezca de quienes ha querido que fueran sus hermanos: Respondemos a cada petición: Escúchanos, Señor.

Para que Cristo, el Siervo de Dios, en quien el Padre se complace, mire con amor a todos los que se preparan para el bautismo o la confirmación o preparan el bautismo de sus hijos, roguemos al Señor.

Para que Cristo, el Elegido de Dios para llevar el derecho a las naciones, ilumine a los que buscan a Dios con sinceridad de corazón, les haga oír la voz magnífica y potente del Padre, que los llama a escuchar a su Hijo amado y los conduzca hacia el bautismo, roguemos al Señor.

Para que Cristo, el Enviado del Padre, que no quiebra la caña resquebrajada ni apaga la mecha que apenas arde, conceda la salud a los que viven oprimidos por el diablo, roguemos al Señor.

Para que Cristo, el Hijo amado, que quiso ser bautizado en el Jordán para dar fuerza a nuestro bautismo, nos haga descubrir y amar la grandeza del bautismo cristiano, don del amor de Dios a la humanidad, roguemos al Señor.

Padre todopoderoso, que haces resonar tu voz magnífica en las aguas del bautismo y en la unción de la confirmación; escucha nuestras oraciones y concede a los bautizados cumplir fielmente las promesas de su bautismo y ser testigos valientes de la fe. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Prefacio
El bautismo, inicio de la vida nueva


El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Porque en el bautismo de Cristo en el Jordán
has realizado signos prodigiosos,
para manifestar el misterio del nuevo bautismo:
hiciste descender tu voz desde el cielo,
para que el mundo creyese que tu Palabra habitaba entre nosotros;
 y por medio del Espíritu, manifestado en forma de paloma,
ungiste a tu siervo Jesús para que los hombres reconociesen en él al Mesías, enviado a anunciar la salvación a los pobres.
Por eso, como los ángeles te cantan en el cielo,
así nosotros en la tierra te aclamamos, diciendo sin cesar:

Santo, Santo, Santo…

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BAUTISMO DEL SEÑOR

Con esta fiesta del Bautismo de Jesús llega al fin el Ciclo Adviento-Navidad-Epifanía, que es el misterio de espera, llegada y manifestación del Mesías. Y hoy otra manifestación: el Salvador es el Siervo de Yahvé que ha venido a dar la vida, si fuera preciso, para llevar a cabo su misión.
Jesús ora, y entonces el Espíritu se derrama sobre Él, y lo envía para que se acerque a los hombres y mujeres, para que les enseñe a vivir al estilo del Padre.
Así comienza la misión pública de Jesús, enviado por el Padre con la fuerza del Espíritu para dar la Buena Noticia y anunciar la libertad (Lc 4,18-19). Y así ha de continuar, en íntima comunión con el Padre y lleno del Espíritu Santo.
El cristiano acepta, por su bautismo, la misma misión y el mismo camino en el seguimiento de Jesús.