Nueve meses antes de la Natividad, celebramos
el Anuncio del Señor a María y su Encarnación. Por muy íntimamente que esté asociada
la Virgen al acontecimiento que había de hacer de ella la Madre de Dios, el punto central
de la celebración descansa en la Palabra que se hace carne.![]()
![]()
LECTURA DEL LIBRO DE ISAÍAS 7,1~14
En aquellos días, dijo el señor a Acaz: «Pide una señal al
Señor tu Dios en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.» Respondió Acaz: «No la
pido, no quiero tentar al Señor.» Entonces dijo Dios: «Escucha, casa de David: ¿no os
basta cansar a los hombres sino que cansáis incluso a Dios? Pues el Señor, por su
cuenta, os dará una señal. Mirad: La Virgen está encinta y da a luz un hijo y le pone
por nombre Emmanuel.» ( Que significa «Dios-con-nosotros» ) .
![]()
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio.
Entonces yo digo: "Aquí estoy".
Como está escrito en mi libro:
"Para hacer tu voluntad"
Dios mío, lo quiero y llevo en las entrañas.
He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tu lo sabes.
Me he guardado en el pecho tu defensa,
he contado tu fidelidad y tu salvación,
no he negado tu misericordia y tu lealtad,
ante la gran asamblea.
![]()
LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS HEBREOS 10,5-10
Hermanos Cuando Cristo entró en el mundo, dijo: Tú no quieres sacrificios ni
ofrendas; pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas
expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: "Aquí estoy, oh
Dios, para hacer tu voluntad.» Primero dice: «No quieres ni aceptas sacrificios ni
ofrendas, holocaustos ni víctimas expiatorias - que se ofrecen según le ley -. Después
añade: Aquí estoy yo para hacer tu voluntad. Niega lo primero, para afirmar lo segundo.
Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de
Jesucristo, hecha una vez para siempre.
![]()
Lectura del santo Evangelio según San Lucas 1, 26 38
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una
ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una Virgen, desposada con un hombre llamado José,
de la estirpe de David; la Virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia,
dijo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las
mujeres." Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás
en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se
llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David su padre, reinará
sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin.» Y María dijo al ángel:
«¿Cómo será eso, pues no conozco varón,» El ángel le contestó: «El Espíritu
Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el
santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que a
pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban
estéril, porque para Dios nada hay imposible.» María contestó: «Aquí está la
esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue.
![]()