SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO

Juan el Precursor

De nuevo, como en el domingo anterior, la espera del Señor proyecta hoy su luz sobre nuestra condición cristiana. «Mira al Señor que viene». Esta certeza llena de gozo al cristiano pero, en especial, le ayuda a situarse en su debido puesto con relación a los dos mundos a que per­tenece, el de los vínculos temporales y el de la vida eterna, en la que ya ha entrado por medio del bautismo. No hay antinomia alguna en una vida orientada sencillamente hacia Cristo. Para quien se esfuerza en acoger a Cristo --en Vivir en Cristo, según la expresión familiar en San Pablo--«los afanes de este mundo» no pueden impedir salir “al encuentro de Jesús “. En la intimidad del Señor, que le va a alimentar en la comunión eucarística, aprenderá «a sopesar los bienes de la tierra amando intensamente los del cielo». Lo que podría haber resultado un obstáculo se convertirá en un impulso. Los primeros discípulos de Jesús habían pertenecido antes a la áspera escuela de Juan Bautista, que les había adoctri­nado sobre cómo preparar cada uno en sí mismo los caminos del Señor. Hemos de ver en todo esto una llamada semejante a la conversión para el perdón de los pecados.


Antífona de Entrada

Pueblo de Sión, mira al Señor que viene a salvar a los pueblos, el Señor hará oír su voz gloriosa en la alegría de vuestro corazón.

No se dice «Gloria».

Oración Colecta

Oremos:
Señor todopoderoso, rico en misericordia, cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo, no permitas que lo impidan los afanes de este mundo; guíanos hasta él con sabiduría divina para que podamos plenamente del esplendor de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA

San Lucas presenta hoy con solemnidad la inauguración del ministerio de San Juan Bautista, que viene a «preparar el "camino del Señor" predicando la penitencia. La lectura profética, henchida de poesía, anuncia que el Señor trazará por sí mismo la ruta de su pueblo, allanando todas las asperezas, hasta conducirlo a la tierra de sus padres. Después de oír esas imágenes, San Pablo desea que nos dispongamos para la llegada de Cristo con una vida recta y creciendo en el conocimiento de los designios de Dios sobre nosotros.

LECTURA DEL LIBRO DE BARUC 5,1-9

Dios mostrará su esplendor sobre ti

Jerusalén, despójate de tu vestido de luto y aflicción y viste las galas perpetuas de la gloria que Dios te da; envuélvete en el manto de la justicia de Dios y ponte a la cabeza la diadema de la gloria perpetua, porque Dios mostrará tu esplendor a cuantos viven bajo el cielo. Dios te dará un nombre para siempre: "Paz en la justicia, Gloria en la piedad". Ponte en pie, Jerusalén, sube a la altura mira hacia oriente y contempla a tus hijos, reunidos de oriente a occidente, a la voz del Espíritu, gozosos, porque Dios se acuerda de ti.
A pie se marcharon, conducidos por el enemigo, pero Dios te los traerá con gloria, como llevados en carroza real. Dios ha mandado abajarse a todos los montes elevados, a todas las colinas encumbradas, ha mandado que se llenen los barrancos hasta allanar el suelo, para que Israel camine con seguridad, guiado por la gloria de Dios; ha mandado al bosque y a los árboles fragantes hacer sombra a Israel. Porque Dios guiará a Israel entre fiestas, a la luz de su gloria, con su justicia y su misericordia.

SALMO RESPONSORIAL 125

R/ El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,

nos parecía soñar;
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían: «El Señor
ha estado grande con ellos.
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas,
cosecharán entre cantares.

Al ir, iban llorando
llevando la semilla,
al volver, vuelven cantando,
trayendo sus gavillas.

LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS FILIIPENSES 1, 4-6.8-11

Manteneos limpios e irreprochables para el Día de Cristo

Hermanos: Siempre que rezo por vosotros, lo hago con gran alegría. Porque habéis sido colaboradores míos en la obra del evangelio, desde el primer día hasta hoy. Esta es nuestra confianza: que el que ha inaugurado entre vosotros una empresa buena, la llevará adelante hasta el Día de Cristo Jesús.
Testigo me es Dios de lo entrañablemente que os quiero en Cristo Jesús. Y ésta es mi oración: que vuestra comunidad de amor siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad para apreciar los valores. Así llegaréis al Día de Cristo limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, a gloria y alabanza de Dios.

EVANGELIO Lc, 3, 4-6

Aleluya, aleluya.
Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.
Todos los hombres verán la salvación de Dios.
Aleluya.

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 3- 1-6

Todos verán la salvación de Dios

En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la Palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del Profeta Isaías: «Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios.»


Oración de los Fieles

Salgamos al encuentro del Señor que se acerca a nosotros con designios de paz, y presentémosle confiados nuestra plegaria:
A cada petición respondemos: Ven, Señor no tardes.

Para que la Iglesia viva alegre sin inquietarse por nada y, llena de esperanza, crea que el Señor está cerca de ella. Roguemos al Señor.

Para que nuestra comunidad, con la ayuda de Dios, goce de seguridad, de alegría y de paz. Roguemos al Señor.

Para que el Señor, con su venida, conforte los corazones abatidos y fortalezca las rodillas que se doblan. Roguemos al Señor.

Para que nuestra fe crea firmemente en los dones que Dios nos promete y, ayudados por la gracia divina, nos dispongamos a recibir los auxilios que él nos envía. Roguemos al Señor.

Señor Dios, grande en el amor, que llamas a los humildes al esplendor de tu Reino, escucha nuestra oración y endereza nuestro camino hacia ti; abaja los montes elevados de nuestra soberbia, para que celebremos con fe ardiente la venida de Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.


Oración sobre las Ofrendas

Que los ruegos y ofrendas e nuestra pobreza te conmuevan, Señor, y al vernos tan desvalidos y sin méritos propios, acude compasivo en nuestra ayuda. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Prefacio
Cristo, Señor y juez de la historia

El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.

En verdad es justo darte gracias,
es nuestro deber cantar en tu honor
himnos de bendición y de alabanza,
Padre todopoderoso, principio y fin de todo lo creado.
Tú nos has ocultado el día y la hora en que Cristo,
tu Hijo, Señor y Juez de la historia,
aparecerá revestido de poder y de gloria
sobre las nubes del cielo.
En aquel día terrible y glorioso,
pasará la figura de este mundo
y nacerán los cielos nuevos y la tierra nueva.
El mismo Señor,
que se nos mostrará entonces lleno de gloria,
viene ahora a nuestro encuentro en cada hombre
y en cada acontecimiento,
para que lo recibamos en la fe
y por el amor demos testimonio
de la espera dichosa de su Reino.
Por eso, mientras aguardamos su última venida,
unidos a los ángeles y a los santos
cantamos el himno de tu gloria


Santo, Santo, Santo…


Antífona de la Comunión

Levántate, Jerusalén, ponte sobre la cumbre, y mira la alegría que te va a traer tu Dios.

Oración después de la Comunión

Oremos:
Alimentados con esta eucaristía te pedimos, Señor, por la comunión de tu sacramento, nos de sabiduría para sopesar los bienes de la tierra amando intensamente los del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.


ALLANAD LOS CAMINOS

Adviento es tiempo de prepararse para ver "la salvación de Dios". Dice Juan: hay que preparar el camino para recibirlo. Hay que abrir caminos en el desierto de nuestro individualismo, y de los miedos y seguridades que nos paralizan. Hay que allanar los caminos que nos conducen al encuentro de todos, amigos y enemigos, a los de distinta cultura, raza y religión, a los emigrantes y marginados, a los más pobres y discriminados. Hay que derrumbar todas las barreras y esas montañas de vacilaciones y objeciones en las que nos hemos atrincherado.
! Es Adviento!. ¿Cómo abrir caminos en nuestra vida tranquila y confortable y acortar la distancia que nos separa de los demás? ¿Cómo hacer que todos veamos la salvación de Dios?