PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

Viene el Señor
La expectativa ante el retorno del Señor polariza la atención de la Iglesia y nutre su oración en este primer domingo de Adviento. Desde el comienzo de la misa volvemos nuestras miradas hacia Dios: “A ti, Señor, levanto mi alma. Los que esperan en ti no quedan defraudados”. Si el cristiano es un hombre que aguarda a Cristo, su espera no supone una actitud de pasividad, un abandono de todo lo del mundo. Tiene que “salir al encuentro de Cristo acompañado por las buenas obras”. El Señor retornará, como lo ha prometido, pero desea que caminemos hacia El sin escatimar sacrificios. «Vigilad», nos dice en el evangelio. Y el vigilar
durante toda la noche exige mucha paciencia. Por esto, cada año san Pablo se vale de términos casi idénticos para carac­terizar nuestro caminar. Quiere que nos revistamos de las “armas de la luz”, que resistamos «firmes hasta el final  “con santidad irreprochable”.
La esperanza cristiana es una fidelidad en la fe y un combate,
cuyo protagonista es Cristo en nosotros. En efecto, nuestra espera se alimenta ya con la presencia del Señor en la Eucaristía. Por medio de ella, Dios, con paciencia, nos enseña, «ya en nuestra vida mortal, a descubrir el valor de los bienes eternos».


Antífona de Entrada

A ti, Señor, levanto mi alma; Dios mío, en ti confío, no quede yo defraudado. Que no triunfen de mí mis enemigo pues, los que esperan en ti, no quedan defraudados.

No se dice «Gloria».

Oración Colecta

Oremos:
Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo acompañados por las buenas obras, para que colocados un día a su derecha, merezcan poseer el Reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.


LITURGIA DE LA PALABRA

Comenzamos, con el primer domingo de Adviento, el ciclo Lucas para la lectura del evangelio. El Señor, al anunciarnos su venida, nos da la consigna de permanecer en vela y orar. San Pablo, por su parte, pide que nos preparemos para esa venida de Cristo rebosando de amor a todos. En la primera lectura se anuncia ya la Navidad la venida de un hijo de David, que brotará como «un vástago legítimo» y traerá la felicidad a los hombres.

LECTURA DEL LIBRO DE JEREMÍAS 33, 14-16

Suscitaré a David un vástago legítimo

Mirad que llegan días - oráculo del Señor- en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá. En aquellos días y en aquella hora suscitaré a David un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en la tierra. En aquellos días se salvará Judá y en Jerusalén vivirán tranquilos, y la llamarán así: Señor-nuestra-justicia.»

SALMO RESPONSORIAL 24

R/ A ti, Señor, levanto mi alma.

Señor, enséñame tus caminos,

instrúyeme en tus sendas,
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.

El Señor es bueno y recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud
enseña su camino a los humildes.

Las sendas del Señor son misericordia y lealtad,
para los que guardan su alianza y sus mandatos.
El Señor se confía con sus fieles
y les da a conocer su alianza.

LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS TESALONICENSES 3, 12--4, 2

Que el Señor os fortalezca interiormente, para cuando Jesús vuelva

Hermanos: Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos. Y así os fortalezca internamente; para que cuando Jesús nuestro Señor vuelva acompañado de sus santos, os presentéis santos e irreprensibles ante Dios nuestro Padre.
Para terminar, hermanos, por Cristo Jesús os rogamos y exhortamos: Habéis aprendido de nosotros cómo proceder para agradar a Dios: pues proceded así y seguid adelante. Ya conocéis las instrucciones que os dimos en nombre del Señor Jesús.

EVANGELIO Sal 84, 8

Aleluya, aleluya.
Muéstranos, Señor, tu misericordia

y danos tu salvación. Aleluya.

Lectura del santo Evangelio según San Lucas

Se acerca nuestra liberación

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo, ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo temblarán. Entonces verán al Hijo del Hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.
Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio la bebida y la preocupación del dinero, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir, y manteneos en pie ante el Hijo del Hombre.

Oración de los Fieles

Hermanos y hermanas invoquemos a Dios Padre, origen de todo don, para que nos ayude a acoger en la fe la venida del Salvador.
Respondemos a cada petición: Ven, Señor, y escúchanos.

Por la Iglesia, extendida en el mundo: para que viva en actitud constante de pobreza y de servicio. Roguemos al Señor.

Por los hombres que no han recibido la Buena Noticia: para que la solidaridad de las comunidades cristianas los disponga para acoger más fácilmente a Cristo Jesús, el Salvador. Roguemos al Señor.

Por la justicia y la paz del mundo: para que los egoísmos y los intereses cedan el paso a una fraternidad verdadera. Roguemos al Señor.

Por todos los que sufren en el cuerpo o en el espíritu y por cuantos se encuentran en mayor necesidad: para que experimenten los bienes que nos ha traído Jesús a través de la caridad generosa de los hermanos. Roguemos al Señor.

Por todos nosotros, reunidos en torno al altar: para que mantengamos una actitud de espera vigilante y serena ante la venida de Cristo Jesús. Roguemos al Señor.

Que tu Santo Espíritu, Señor, venga en ayuda de nuestra debilidad, y que nuestro compromiso evangélico sea germen de los cielos nuevos y de la tierra nueva que Cristo vendrá a instaurar en el último día. El, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.


Oración sobre las Ofrendas

Acepta, Señor, los bienes que de ti hemos recibido, y por la presentación de este pan y de este vino concédenos la acción santa, que celebramos ahora en nuestra vida mortal, sea para nosotros prenda de salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.


Prefacio

Las dos venidas de Cristo

El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.
El cual, al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne,
realizó el plan de redención trazado desde antiguo
y nos abrió el camino de la salvación,
para que cuando venga de nuevo,
en la majestad de su gloria,
revelando así la plenitud de su obra,
podamos recibir los bienes prometidos que ahora,
en vigilante espera, confiamos alcanzar.
Por eso,
con los ángeles y los arcángeles
y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo…


Antífona de la Comunión

El Señor nos dará sus bienes y nuestra tierra dará su fruto.

Oración después de la Comunión

Oremos:
Señor, que fructifique en nosotros la celebración de estos sacramentos, con los que tú nos enseñas, ya en nuestra vida mortal, a descubrir el valor de los bienes eternos y a poner en ello nuestro corazón. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.


¡DESPIERTA A LA ESPERANZA!

Adviento significa: Dios está aquí, ¡despierta a la esperanza! Despierta al horizonte que existe más allá del que miras todos los días. En medio del desencanto, del sufrimiento, de las injusticias, ¡alza la cabeza!, recupera el ánimo.
Renuncia a que el cansancio o la decepción te derroten. Viene el Dios liberador.
Adviento significa: Dios está aquí, ¡despierta a la conversión! Escudriña la vida para encontrar al Dios que está viniendo liberadoramente cada día. Estáte despierto por si llaman a la puerta, o mejor, abre la puerta, reencuentro el horizonte de la vida solidaria.
Adviento significa: Dios está aquí, y su
gran presencia es Jesucristo. ¡Que caigan los soles y las lunas viejas para que nazca en nosotros un nuevo sol y una luna de vida nueva reencontrada!