SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO

 Juan el Precursor

 Leemos hoy las primeras páginas de dos libros sagrados: el Evangelio según San Marcos y el libro de la Consolaci6n de Israel, dirigido a los Judíos exilados. Ambos nos invi­tan a «preparar los caminos del Señor», reiterando Juan Bautista las mismas expresiones del antiguo profeta. Antiguamente en efecto, cuando un soberano llegaba a un país había que empezar por hacer practicables todas las vías. La  epístola hace que nuestras miradas se dirijan hacia el cielo nuevo y la tierra nueva, que inaugurará la segunda venida de Cristo.  

 LECTURA DEL LIBRO DE ISAÍAS            40, 1-5       
Preparad los caminos del Señor           

 Consolad, consolad a mi pueblo,
dice vuestro Dios;
hablad al corazón de Jerusalén, gritadle:
que se ha cumplido su servicio,
y está pagado su crimen,
pues de la mano del Señor ha recibido
doble paga por sus pecados.
 
Una voz grita:
En el desierto preparadle
un camino al Señor;
allanad en la estepa
una calzada para nuestro Dios;
que los valles se levanten,
que los montes y colinas se abajen,
que lo torcido se enderece
y lo escabroso se iguale.
Se revelará la gloria del Señor,

y la verán todos los hombres juntos
-ha hablado la boca del Señor-.

  Súbete a lo alto de un monte,
heraldo de Sión,
alza con fuerza la voz,
heraldo de Jerusalén, álzala, no temas,
di a las ciudades de Judá:
aquí está vuestro Dios.
Mirad: Dios, el Señor, llega con fuerza,
su brazo domina.
Mirad: le acompaña el salario,
la recompensa le precede.
Como un pastor apacienta el rebaño,
su mano los reúne.
Lleva en brazos los corderos
cuida de las madres.

 

SALMO RESPONSORIAL 54

 R/ Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz a su
pueblo y a sus amigos.»
La salvación está ya cerca de sus fieles
y la gloria habitará en nuestra tierra.

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra
y la justicia mira desde el cielo.

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos.

LECTURA DE LA SEGUNDA CARTA   DEL APÓSTOL SAN PEDRO  3, 8-14

 Nuevos cielos y nueva tierra esperamos                                  

Queridos hermanos: No perdáis de vista una cosa: para el Señor un día es como mil años y mil años, como un día. El Señor no tarda en cumplir su promesa, como creen algunos. Lo que ocurre es que tiene mucha pa­ciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca sino que todos se conviertan. El día del Señor llegará como un ladrón. Entonces el cielo desaparecerá con gran estrépito; los elementos se desintegrarán abrasados y la tierra con todas sus obras se consumirá. Si todo este mundo se va a desintegrar de este modo, ¡qué santa y piadosa ha de ser nuestra vida! Esperad y apresurad la venida del Señor, cuando desaparecerán los cielos consu­midos por el fuego y se derretirán los elementos. Pero nosotros confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en que habite la jus­ticia Por tanto, queridos hermanos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con Él, inmaculados e irreprochables.

Aleluya, aleluya.                       Lc. 3, 4-6
Preparad el camino del Señor,
allanad sus senderos
y todos verán la salvación del Señor
Aleluya

 Lectura del santo Evangelio según San Marcos 1. 1-8

Hacedle rectos los caminos

 Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
Está escrito en el Profeta Isaías: Yo envío mi mensajero delante de ti
para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: Preparadle el camino al Señor, allanad sus senderos.
Juan bautizaba en el desierto: predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los
pecados.
Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus
pecados y él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:  
«Detrás de mí viene
el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.»

¡GRITA, JUAN!

 Cada año en el pórtico del Adviento aparece la figura profética de Juan, el Bautista. Él preparó el camino a Jesús con un mensaje tajante: "¡Convertios! Cambiad de vida. ¡Ya llega el Reino!". Juan habla con una violencia que sor­prende, y la liturgia se sirve de sus palabras para lanzarnos al Adviento. La dureza de Juan Bautista pidiendo conversión es perspicaz, y añade: "¡Aprisa!". Es urgente "dar frutos".
Grita, Juan. Que tu voz resuene en los foros
internacionales, en las cumbres políticas y eco­nómicas que deciden que los pobres del mundo sean cada día más pobres y los ricos cada vez más ricos. Todos necesitamos convertirnos al amor, a la justicia, a la solidaridad. No es algo imposible; lo podemos hacer porque el Reino de Dios está aquí". Dios nos tiende la mano.