PRIMER
DOMINGO DE ADVIENTO
Viene
el Señor
Comenzamos
con este primer domingo de Adviento el año
de
San
Marcos
en la lectura del evangelio. El Señor, al
anunciarnos
su retorno, nos da la consigna de permanecer
en
vela esperando. San Pablo, poniendo su confianza
en
la fidelidad de Dios, nos invita a aguardar llenos de
esperanza
el advenimiento de Jesucristo, el Señor. En
la
primera lectura participamos de la ardiente petición del
pueblo
judío que, en medio de su dolor, acude al Señor
que
puede salvarle: «¡Ojalá rasgases los cielos y bajases
derritiendo
los montes con tu presencia!.»
LECTURA
DEL LIBRO DE ISAÍAS 63,
16b‑17: 64. 1.3b‑8
Tú,
Señor, eres nuestro padre, tu nombre de siempre es «nuestro redentor». Señor, ¿por qué
nos extravías de
tus caminos y endureces nuestro corazón
para que no
te tema?.
Vuélvete por amor a tus siervos y a las tribus
de tu heredad. ¡Ojalá rasgases el
cielo y bajases, derritiendo los montes con tu presencia!.
Bajaste y los montes se derritieron con tu presencia. Jamás
oído oyó ni ojo
vio un Dios, fuera de ti, que hiciera
tanto por el que
espera en él.
Sales al encuentro del que practica la justicia y se acuerda de tus caminos.
Estabas airado y nosotros fracasamos‑ aparta nuestras culpas y seremos
salvos.
Todos éramos impuros, nuestra justicia era un paño
manchado; todos nos marchitábamos
como follaje, nuestras culpas nos arrebatan como el viento. Nadie invocaba tu nombre ni se esforzaba por
aferrarse a ti; pues nos ocultabas tu rostro y nos entregabas al poder de
nuestra culpa. Y, sin embargo, Señor, tú
eres nuestro padre,
nosotros la arcilla y tú el alfarero;
somos todos obra de
tu mano. No te excedas en la ira, Señor,
no recuerdes
siempre nuestra culpa: mira que somos
tu pueblo.
SALMO
RESPONSORlAL 79
R/ Señor, Dios
nuestro, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
Pastor
de Israel, escucha,
tú que te sientas sobre querubines, resplandece.
Despierta tu poder y ven a salvarnos.
Dios
de los ejércitos,
vuélvete: mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó
y que tú hiciste vigorosa
Que
tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste.
No nos alejaremos de ti;
danos vida, para que invoquemos tu nombre.
LECTURA
DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTlOS 1, 3-9
Esperamos
la revelación de Nuestro Señor Jesucristo
Hermanos:
La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean
con vosotros. En mi
Acción de Gracias a Dios os tengo
siempre presentes,
por la gracia que Dios os ha dado en
Cristo Jesús. Pues
por él habéis sido enriquecidos en
todo: en el hablar y
en el saber: porque en vosotros se ha
probado el testimonio de Cristo. De hecho, no carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación
de nuestro Señor Jesucristo.
El os mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de qué acusaros en el
tribunal de Jesucristo Señor Nuestro. Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo Señor Nuestro. ¡Y
Él es fiel!.
Aleluya, aleluya.
Sal. 84
Muéstranos, Señor, tu misericordia
y danos tu salvación.
Aleluya.
Estad
alerta, ya que no sabéis cuándo será el
tiempo
En
aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el
momento. Es igual
que un hombre que se fue de viaje, y
dejó su casa y dio
a cada uno de sus criados su tarea,
encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al
atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre
dormidos. Lo que
os digo a vosotros, lo digo a todos:
¡Velad!»
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El
Adviento recuerda y celebra las venidas de
Cristo:
ha venido, vendrá, viene. No es extraño
que
la primera recomendación sea la de estar en
vela.
Hasta de noche. Es en sentido figurado ya
que
en la Biblia la noche simboliza a este
mundo
en contraste con el mundo venidero, que
será
un mundo de LUZ..
Jesús
nos libera de la
noche.
"El
que me sigue no camina en tinieblas" (Jn
8,12). Por eso, estar en vela es, fundamentalmente, seguirle a él.
Este "vigilad" de cada Adviento nos viene muy
bien
para salir de la rutina y aprovisionarnos de
ilusión
y ganas de cambiar. Porque si no estamos alerta, poco a poco se acaba la luz
del
Evangelio
y empezamos a vivir en la noche
como si no hubiera
venido Cristo.
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