TERCER DOMINGO DE ADVIENTO
Han llegado los tiempos mesiánicos
Los
textos litúrgicos del tercer domingo de Adviento constituyen, por sí solos,
una síntesis de los diversos temas c
este tiempo.
En las dos primeras lecturas y en las antífonas aparece la espera del día del
Señor, la llegada de
los tiempos
mesiánicos ocupan el evangelio, que señala tránsito del ministerio de Juan
Bautista al de Jesús‑ en las
oraciones y
preces, y en especial (después del 16 de diciembre) en el prefacio, nos
encontramos con la espera
de la Navidad.
La
unión entre las diversas directrices que recibe nuestro
espíritu
se produce por la invitación a la alegría. Mientras
el
pueblo de Dios «espera el nacimiento del Hijo»
en
«las fiestas que se acercan» y
toma conciencia d
que
«el Señor está cerca», participa de aquella alegría
que
hablaba con más vigor que el sufrimiento físico en el corazón de Blas Pascal:
«Extiendo los brazos con alegría
hacia
mi Libertador». El hombre está hecho para expansionarse en el gozo. Pero el
domingo Gaudete
recuerda
a
cristiano
cuál ha de ser el motivo que tiene que configura
de
modo especial su alegría, haciéndole pedir a Dios: «Con
cédenos
llegar a la Navidad--fiesta de gozo y de salvación--y poder celebrarla con
alegría desbordante». La alegría de la Navidad, que brilla ya desde hoy en la
esperanza
nos
ha de acompañar durante toda
nuestra vida. Es menester, en efecto, que en el momento de nuestro reencuentro
con El, Cristo nos halle «cantando
su alabanza».
Antífona de Entrada
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LITURGIA DE LA PALABRA
Los
deportados de Israel, soñando con su liberación, se imaginaban ese día maravilloso como
aquel en el que serían vencidas todas las enfermedades por el huracán de la alegría.
Ahora bien, el sueño se hizo realidad con Jesús: los ciegos ven, los inválidos andan y,
en especial, a los pobres se les anuncia la Buena Nueva. No podía expresar Jesús con
más claridad que habían llegado con su venida los tiempos mesiánicos. Pero habrán de
transcurrir aún miles de años antes de que alcancen éstos su pleno cumplimiento. Por
eso nos recomienda Santiago la paciencia en la espera de la venida del Señor.
Lectura del Libro De Isaías, 35, 1-6a.10
El
desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa, florecerá como
flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría. Tiene la gloria del Líbano la belleza
del Carmelo y del Sarón. Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios.
Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes decid a los cobardes de
corazón: sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite, viene en
persona, resarcirá y os salvará. Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo
se abrirán, saltará como un ciervo el cojo la lengua del mudo cantará, y volverán los
rescatados del Señor.
Vendrá a Sión con cánticos: en cabeza, alegría perpetua, siguiéndolos, gozo y
alegría. Pena y aflicción se alejarán.
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R/ Ven, Señor, a salvarnos.
El Señor mantiene su fidelidad
perpetuamente
hace justicia a los oprimidos
da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos.
El Señor abre los ojos al ciego
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos.
Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente
tu Dios, Sión, de edad en edad.
Lectura
de la Carta Del Apóstol Santiago 5, 7-10
Tened paciencia,
hermanos, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la
tierra mientras recibe la lluvia temprana y tardía. Tened paciencia también vosotros,
manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca. No os quejéis, hermanos, unos
de otros para no ser condenados. Mirad que el juez está ya a la puerta. Tomad, hermanos,
como ejemplo de sufrimiento y de paciencia a los profetas, que hablaron en nombre del
Señor.
En
aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras de Cristo, le mandó a
preguntar por medio de dos de sus discípulos: "¿Eres tú el que ha de venir o
tenemos que esperar a otro?» Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis
viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los
sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. ¡Y
dichoso el que no se sienta defraudado por mí!» Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a
la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida
por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con
lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis, a ver a un profeta? Sí, os
digo, y más que profeta: él es de quien está escrito: «Yo envío mi mensajero delante
de ti para que prepare el camino ante ti». Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más
grande que Juan el Bautista, aunque el más pequeño en el Reino de los cielos es más
grande que él.»
Oración de los Fieles
Confortados por el
anuncio de la venida del Señor oremos, hermanos y hermanos, mientras esperamos
confiadamente nuestra total liberación: A cada petición, respondemos:
Escúchanos, Padre.
Para que Dios visite a la santa Iglesia con su venida y la gobierne con su
asistencia, roguemos al Señor.
Para que con la tutela divina nuestros tiempos sean tranquilos y nuestra vida
feliz, roguemos al Señor.
Para que el Señor con su venida cure los dolores de los enfermos, dé paz y
alegría a los que no la tienen y libre al mundo de todos los males, roguemos al
Señor.
Para que quienes ahora recordamos con piedad la primera venida del Señor en la
carne, merezcamos participar también con gozo en su gloriosa aparición al
final de los tiempos, roguemos al Señor.
Escucha nuestra
oración Señor, Dios todopoderoso, y renuévanos con el fuego de tu Espíritu
Santo; haz que, avanzando por las sendas de tus mandatos, anunciemos a todos los
hombres la alegre noticia de la venida de tu Hijo, el cual vive y reina por los
siglos de los siglos.
Amén.
Oración sobre las
Ofrendas
Al presentarte,
Señor, nuestras ofrendas, te pedimos que lleves a cabo en nosotros la obra de
salvación que has querido realizare por este sacramento. Por Jesucristo,
nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
La doble espera de Cristo
El Señor esté con
vosotros.
Y con tu espíritu.
Levantemos el
corazón.
Lo tenemos levantado
hacia el Señor.
Demos gracias al
Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y
necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, nuestro Señor.
A quien todos los profetas anunciaron,
la Virgen esperó con inefable amor de madre;
Juan lo proclamó ya próximo
y señaló después entre los hombres.
El mismo Señor nos concede ahora
prepararnos con alegría al misterio de su nacimiento,
para encontrarnos así, cuando llegue,
velando en oración y cantando su alabanza.
Por eso,
con los ángeles y los arcángeles
y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo…
Antífona de la
Comunión
Decid a los cobardes
de corazón; "sed fuertes, no temáis." Mirada a nuestro Dios que va a
venir a salvarnos.
Oración después de
la Comunión
Oremos:
Imploramos, Señor, tu misericordia, para que esta comunión que hemos recibido
nos prepare a las fiestas que se acercan, purificándonos de todo pecado. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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El Adviento es una llamada a vivir animados por la esperanza del Señor que
llega a implantar su reino. Es la misma esperanza que canta el segundo Isaías en la
primera lectura. Desde el abismo oscuro del exilio puede proclamar: "El vendrá y os
salvará". Toda la naturaleza será una explosión de alegría. Júbilo y regocijo
acompañarán también a los desterrados.![]()