J
uan el Precursor
De nuevo, como en el domingo anterior, la espera del Señor proyecta hoy su luz sobre nuestra condición cristiana. «Mira al Señor que viene». Esta certeza llena de gozo al cristiano pero, en especial, le ayuda a situarse en su debido puesto con relación a los dos mundos a que pertenece, el de los vínculos temporales y el de la vida eterna, en la que ya ha entrado por medio del bautismo. No hay antinomia alguna en una vida orientada sencillamente hacia Cristo. Para quien se esfuerza en acoger a Cristo --en Vivir en Cristo, según la expresión familiar en San Pablo--«los afanes de este mundo» no pueden impedir salir “al encuentro de Jesús “. En la intimidad del Señor, que le va a alimentar en la comunión eucarística, aprenderá «a sopesar los bienes de la tierra amando intensamente los del cielo». Lo que podría haber resultado un obstáculo se convertirá en un impulso. Los primeros discípulos de Jesús habían pertenecido antes a la áspera escuela de Juan Bautista, que les había adoctrinado sobre cómo preparar cada uno en sí mismo los caminos del Señor. Hemos de ver en todo esto una llamada semejante a la conversión para el perdón de los pecados.
Antífona de Entrada
LITURGIA DE LA PALABRA
Juan el Precursor --es decir, el que
corre delante para anunciar la venida del Señor--es la gran figura que domina este
domingo. El es quien invita a sus contemporáneos a «preparar el camino del Señor», a
purificar sus conductas pues es inminente la venida del Mesías. El profeta Isaías ve a
Cristo el Salvador, que había de reconciliar a la creación consigo misma, como
descendiente de David, sobre el que se posa el Espíritu de Dios. En cuanto a San Pablo,
anuncia el ofrecimiento a todos los hombres de la salvación en Jesucristo.
En aquel día:
Brotará un renuevo del tronco de Jesé, un vástago florecerá de su raíz. Sobre él se
posará el espíritu del Señor: espíritu de ciencia y discernimiento espíritu de
consejo y valor, espíritu de piedad y temor del Señor. Le inspirará el temor del
Señor.
No juzgará por apariencias, ni sentenciará de oídas defenderá con justicia al
desamparado con equidad dará sentencia al pobre. Herirá al violento con el látigo de su
boca con el soplo de sus labios matará al impío. Será la justicia ceñidor de sus lomos
la fidelidad, ceñidor de su cintura.
Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito el novillo y el
león pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastorea. La vaca pastará con el oso, sus
crías se tumbarán juntas el león comerá paja con el buey. El niño jugará con la hura
del áspid, la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente. No hará daño
ni estrago por todo mi Monte Santo: porque está lleno el país ir te la ciencia del
Señor, como las aguas colman el mar.
Aquel día la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos: la buscarán los
gentiles, y será gloriosa su morada.
Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.
Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra.
Porque él librará al pobre que
clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres.
Que su nombre sea eterno
y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición
de todos los pueblos
y lo proclamen dichoso
todas las razas de la tierra.
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Hermanos:
Todas las antiguas Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que entre
nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza. Que Dios,
fuente de toda paciencia y consuelo, os conceda estar de acuerdo entre vosotros como es
propio de cristianos, para que unánimes, a una voz, alabéis al Dios y Padre de Nuestro
Señor Jesucristo. En una palabra, acogeos mutuamente como Cristo os acogió para gloria
de Dios. Quiero decir con esto que Cristo se hizo servidor de los judíos para probar la
fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas hechas a los patriarcas, y, por otra parte,
acoge a los gentiles para que alaben a Dios por su misericordia.
Por
aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea predicando:
«Convertíos, porque está cerca el Reino de los Cielos. Este es el que anunció el
Profeta Isaías diciendo: Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor,
allanad sus senderos.» Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de
cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda
la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados y él los
bautizaba en el Jordán.
Oración de los Fieles
Salgamos al encuentro del
Señor que se acerca a nosotros con designios de paz, y presentémosle confiados
nuestra plegaria:
A cada petición respondemos: Ven, Señor no tardes.
Para que la Iglesia viva alegre sin inquietarse por nada y, llena de esperanza,
crea que el Señor está cerca de ella. Roguemos al Señor.
Para que nuestra comunidad, con la ayuda de Dios, goce de seguridad, de alegría
y de paz. Roguemos al Señor.
Para que el Señor, con su venida, conforte los corazones abatidos y fortalezca
las rodillas que se doblan. Roguemos al Señor.
Para que nuestra fe crea firmemente en los dones que Dios nos promete y,
ayudados por la gracia divina, nos dispongamos a recibir los auxilios que él
nos envía. Roguemos al Señor.
Señor Dios, grande en el
amor, que llamas a los humildes al esplendor de tu Reino, escucha nuestra
oración y endereza nuestro camino hacia ti; abaja los montes elevados de
nuestra soberbia, para que celebremos con fe ardiente la venida de Jesucristo,
tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Que los ruegos y ofrendas e
nuestra pobreza te conmuevan, Señor, y al vernos tan desvalidos y sin méritos
propios, acude compasivo en nuestra ayuda. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
Cristo, Señor y juez de la historia
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el
Señor.
Demos gracias al Señor,
nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo darte gracias,
es nuestro deber cantar en tu honor
himnos de bendición y de alabanza,
Padre todopoderoso, principio y fin de todo lo creado.
Tú nos has ocultado el día y la hora en que Cristo,
tu Hijo, Señor y Juez de la historia,
aparecerá revestido de poder y de gloria
sobre las nubes del cielo.
En aquel día terrible y glorioso,
pasará la figura de este mundo
y nacerán los cielos nuevos y la tierra nueva.
El mismo Señor,
que se nos mostrará entonces lleno de gloria,
viene ahora a nuestro encuentro en cada hombre
y en cada acontecimiento,
para que lo recibamos en la fe
y por el amor demos testimonio
de la espera dichosa de su Reino.
Por eso, mientras aguardamos su última venida,
unidos a los ángeles y a los santos
cantamos el himno de tu gloria
Santo, Santo, Santo…
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No se puede amar lo
que no se conoce. Este dicho popular se hace realidad también cuando se trata del
nacimiento de Jesús. Por eso la liturgia nos lo presenta durante el Adviento desde
distintas perspectivas. Este domingo lo hace desde la figura profética de Juan Bautista.![]()