PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

Viene el Señor
La expectativa ante el retorno del Señor polariza la atención de la Iglesia y nutre su oración en este primer domingo de Adviento. Desde el comienzo de la misa volvemos nuestras miradas hacia Dios: “A ti, Señor, levanto mi alma. Los que esperan en ti no quedan defraudados”. Si el cristiano es un hombre que aguarda a Cristo, su espera no supone una actitud de pasividad, un abandono de todo lo del mundo. Tiene que “salir al encuentro de Cristo acompañado por las buenas obras”. El Señor retornará, como lo ha prometido, pero desea que caminemos hacia El sin escatimar sacrificios. «Vigilad», nos dice en el evangelio. Y el vigilar
durante toda la noche exige mucha paciencia. Por esto, cada año san Pablo se vale de términos casi idénticos para carac­terizar nuestro caminar. Quiere que nos revistamos de las “armas de la luz”, que resistamos «firmes hasta el final  “con santidad irreprochable”.
La esperanza cristiana es una fidelidad en la fe y un combate,
cuyo protagonista es Cristo en nosotros. En efecto, nuestra espera se alimenta ya con la presencia del Señor en la Eucaristía. Por medio de ella, Dios, con paciencia, nos enseña, «ya en nuestra vida mortal, a descubrir el valor de los bienes eternos».


Antífona de Entrada

A ti, Señor, levanto mi alma; Dios mío, en ti confío, no quede yo defraudado. Que no triunfen de mí mis enemigo pues, los que esperan en ti, no quedan defraudados.

No se dice «Gloria».

Oración Colecta

Oremos:
Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo acompañados por las buenas obras, para que colocados un día a su derecha, merezcan poseer el Reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

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10adviex.jpg (7810 bytes)Liturgia de la palabra

"El Señor viene"

Con el primer domingo de Adviento comenzamos para la lectura del evangelio el año de San Mateo. El Señor, al anunciarnos su retorno, nos da la consigna de esperar velando. También San Pablo nos invita a preparar la llegada del día de Cristo. En la primera lectura el profeta Isaías, contemplando en lontananza el día del Señor, presenta el carácter universal de la congregación de todos los pueblos en marcha hacia Jerusalén, la ciudad de Dios: "Hacia ella confluirán los gentiles»

Lectura Del Libro De Isaías 2, 1-5

advie1ax.jpg (11941 bytes)Visión de Isaías, hijo de Amós acerca de Judá y de Jerusalén:
Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor, en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas. Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos.
Dirán: Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob. El nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén la palabra del Señor.
Será el árbitro de las naciones el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra.
Casa de Jacob, ven; caminemos a la luz del Señor.

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SALMO RESPONSORIAL 121

R/ Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor».

Qué alegría cuando me dijeron
"Vamos a la casa del Señor».
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta
Allá suben las tribus
las tribus del Señor.

Según la costumbre de Israel
a celebrar el nombre del Señor
En ella están los tribunales de justicia
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
vivan seguros los que te aman
haya paz dentro de tus muros
seguridad en tus palacios».

Por mis hermanos y compañeros
voy a decir: «la paz contigo»
Por la casa del Señor nuestro Dios
te deseo todo bien.

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Lectura de la Carta Del Apóstol San Pablo A Los Romanos 13, 11-14advie1bx.jpg (8711 bytes)

Nuestra salvación está cerca Hermanos: Daos cuenta del momento en que vivís; ya es hora de espabilarse, porque ahora nuestra salvación esta mas cerca que cuando empezamos a creer. La noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz. Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias. Vestíos del Señor Jesucristo y que el cuidado de nuestro cuerpo no fomente los malos deseos.

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Lectura del santo evangelio de Jesucristo según San Mateo 24,37-44

advie1x.jpg (11157 bytes)En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Lo que pasó en tiempos de Noé, pasará cuando venga el Hijo del Hombre. Antes del diluvio la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del Hombre: Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán. Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor; Comprended que si supiera el dueño de casa a que hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre

Oración de los Fieles

Hermanos y hermanas invoquemos a Dios Padre, origen de todo don, para que nos ayude a acoger en la fe la venida del Salvador.
Respondemos a cada petición: Ven, Señor, y escúchanos.

Por la Iglesia, extendida en el mundo: para que viva en actitud constante de pobreza y de servicio. Roguemos al Señor.

Por los hombres que no han recibido la Buena Noticia: para que la solidaridad de las comunidades cristianas los disponga para acoger más fácilmente a Cristo Jesús, el Salvador. Roguemos al Señor.

Por la justicia y la paz del mundo: para que los egoísmos y los intereses cedan el paso a una fraternidad verdadera. Roguemos al Señor.
Por todos los que sufren en el cuerpo o en el espíritu y por cuantos se encuentran en mayor necesidad: para que experimenten los bienes que nos ha traído Jesús a través de la caridad generosa de los hermanos. Roguemos al Señor.

Por todos nosotros, reunidos en torno al altar: para que mantengamos una actitud de espera vigilante y serena ante la venida de Cristo Jesús. Roguemos al Señor.

Que tu Santo Espíritu, Señor, venga en ayuda de nuestra debilidad, y que nuestro compromiso evangélico sea germen de los cielos nuevos y de la tierra nueva que Cristo vendrá a instaurar en el último día. El, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.

Oración sobre las Ofrendas

Acepta, Señor, los bienes que de ti hemos recibido, y por la presentación de este pan y de este vino concédenos la acción santa, que celebramos ahora en nuestra vida mortal, sea para nosotros prenda de salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.


Prefacio

Las dos venidas de Cristo

El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.
El cual, al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne,
realizó el plan de redención trazado desde antiguo
y nos abrió el camino de la salvación,
para que cuando venga de nuevo,
en la majestad de su gloria,
revelando así la plenitud de su obra,
podamos recibir los bienes prometidos que ahora,
en vigilante espera, confiamos alcanzar.
Por eso,
con los ángeles y los arcángeles
y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo…


Antífona de la Comunión

El Señor nos dará sus bienes y nuestra tierra dará su fruto.

Oración después de la Comunión

Oremos:
Señor, que fructifique en nosotros la celebración de estos sacramentos, con los que tú nos enseñas, ya en nuestra vida mortal, a descubrir el valor de los bienes eternos y a poner en ello nuestro corazón. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

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LA ANTI-RUTINA

advie1cx.jpg (8655 bytes)"¡Hermanos, despertemos de nuestro sueño!". Nuestro sueño principal es la rutina, la monotonía en que nos sumerge el transcurrir inevitable de los días.
Como en tiempos de Noé, vivimos metidos en asuntos propios de la sociedad de consumismo en que estamos. Hasta que "cuando menos lo esperaban, llegó el diluvio y se los llevó a todos".
La rutina se apodera de nosotros. "Debería hacer... debería preocuparme..." "¡Cómo pasan los años!" "¡Tengo tanto trabajo!".
Al comenzar el Adviento la palabra vigilancia es clave. El que vigila hace quizá las mismas cosas pero con más interés, con densidad. Los rutinarios se quedan en la superficie de las cosas mientras los vigilantes se arraigan en lo eterno. ¿La anti-rutina? Reflexionar, recuperarse, no hacer todo por costumbre, dar gusto y sabor a las cosas de la vida.

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