Cuarenta días antes de la Exaltación de la santa Cruz,
celebramos la Transfiguración del Señor. La fiesta era ya conocida en Oriente desde el
siglo V.![]()
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LECTURA DEL LIBRO DE DANIEL 7,9-10~13-14
Miré y vi que colocaban unos tronos. Un anciano se sentó. Su vestido era
blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus
ruedas, llamaradas; un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le
servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros.
Yo vi, en una visión nocturna, venir una especie de hombre entre las nubes del cielo.
Avanzó hasta el anciano venerable y llegó hasta su presencia. A él se le dio poder,
honor y reino. Y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su poder es eterno,
no cesará. Su reino no acabará.
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R/ El Señor reina altísimo sobre toda la tierra.
El Señor reina, la tierra goza;
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
Justicia y Derecho sostienen su trono.
Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra.
Los cielos pregonan su justicia
y todos los pueblos contemplan su gloria.
Porque tú eres, Señor
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses.
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LECTURA DE LA SEGUNDA CARTA DEL APÓSTOL SAN PEDRO 1, 16-19
Queridos hermanos: Cuando os dimos a conocer el poder y la última
venida de nuestro Señor Jesucristo no nos fundábamos en invenciones fantásticas, sino
que habíamos sido testigos oculares de su grandeza. El recibió de Dios Padre honra y
gloria, cuando la Sublime Gloria le trajo aquella voz: «Este es mi Hijo amado, en él me
he complacido.» Esta voz traída del cielo la oímos nosotros, estando con él en la
montaña sagrada. Esto nos confirma la palabra de los profetas, y hacéis muy bien en
prestarle atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte
el día y el lucero nazca en vuestros corazones.
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Aleluya, aleluya. Mt 17, 5c
Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto.
Escuchadle. Aleluya.
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Lectura del santo Evangelio según San Mateo 17,1-9
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su
hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos
y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y
se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces tomó la palabra
y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué hermoso es estar aquí! Si quieres, haré tres chozas:
una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Todavía estaba hablando cuando una
nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Este es mi
Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle.» Al oírlo los discípulos cayeron de bruces,
llenos de espanto. Jesús se acercó y tocándoles les dijo: «Levantaos, no temáis.» Al
alzar los ojos no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña,
Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre resucite
de entre los muertos.»
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Lectura del santo Evangelio según San Marcos 9,2-10
En aquel tiempo Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a
una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un
blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron
Elías y Moisés conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a
Jesús: «Maestro. ¡Qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas, una para ti,
otra para Moisés y otra para Elías.» Estaban asustados y no sabía lo que decía. Se
formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube: «Este es mi Hijo amado
escuchadlo.» De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús,
solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que habéis
visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.» Esto se les quedó
grabado y discutían qué querría decir aquello de resucitar de entre los muertos.
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Lectura del santo Evangelio según San Lucas 9, 28b-36
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Juan y a Santiago a lo alto de una montaña, para orar. Y mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecieron con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y espabilándose vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, qué hermoso es estar aquí. Haremos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» No sabía lo que decía. Todavía estaba hablando cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el escogido, escuchadle.» Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaban silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.
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Oración
de los Fieles
Invoquemos, hermanos y
hermanas, a Dios, nuestro Padre, que al revelarnos la gloria de su Hijo amado,
nos muestra la esperanza a la que estamos llamados: Respondemos a cada petición:
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que Dios conceda a las Iglesias del Oriente que hoy celebran con gran
solemnidad la Transfiguración de Jesucristo, encontrar su gozo en el hecho de
que la luz de la gloria del Señor resplandezca sobre ellas, roguemos al Señor
Para que quienes empiezan a sentirse atraídos por Jesús y su Evangelio,
encuentren quién los ayude a transformar la simple admiración en una fe plena
en Jesucristo, roguemos al Señor.
Para que Dios fortalezca a los enfermos, con la esperanza de que su frágil
condición será transformada según el modelo de la condición gloriosa de
Jesucristo, roguemos al Señor.
Para que el Dios de la gloria, que nos llama a vivir en su presencia, nos
conceda el espíritu de contemplación y oración, de manera que gustemos ya
desde ahora el gozo que nos prepara en el cielo, roguemos al Señor.
Escucha nuestra oración,
Dios todopoderoso y eterno, e ilumínanos con tu gracia, para que vivamos
siempre a la espera de la manifestación de Jesucristo, que vive y reina por los
siglos de los siglos.
Amén.
Prefacio
El misterio de la Transfiguración
El Señor esté con
vosotros.
Y con tu Espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado
hacia el Señor.
Demos gracias al Señor,
nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y
necesario es nuestro deber y salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Porque Cristo, nuestro Señor,
reveló su gloria ante los testigos que él escogió;
y revistió con máximo esplendor su cuerpo,
en todo semejante al nuestro,
para quitar del corazón de sus discípulos el escándalo de la cruz y anunciar
que toda la Iglesia , su cuerpo,
habría de participar de la gloria que
tan admirablemente resplandecía en Cristo, su cabeza.
Por eso, con los ángeles que te cantan en el cielo,
nosotros te alabamos en la tierra diciendo sin cesar:
Santo, Santo, Santo…