2 de Febrero

LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

presentacion4x.jpg (82122 bytes)Cuarenta días después del nacimiento de Jesús¿ María y José llevaron al Niño al Templo, a fin de presentarlo al Señor, según la ley de Moisés (Ex 13, 11-13), y María se sometió a la vez al rito de la purificación de las jóvenes que habían dado a luz (Lv. 12, 6-8). Un anciano, llamado Simeón, acudió al encuentro de Jesús y le saludó como a la «Luz de las naciones". Los diversos aspectos de este suceso han configurado la fiesta de este día, que cierra las solemnidades de la Encarnación. Se conmemora en primer lugar, la Presentación del Señor, pero también revivimos el Encuentro con Simeón, símbolo del encuentro del Señor con su pueblo - con la procesión de las candelas, que le ha valido a este día el nombre de fiesta de la Candelaria -. Por fin, y aun a pesar de su carácter secundario, la purificación ritual de la Virgen María ha hecho que durante mucho tiempo el 2 de febrero fuera la fiesta de la Purificación de María.
La misma evoca, ante todo la Presentación del Señor en el Templo y su Encuentro con Simeón. Se hace también una discreta alusión a la Purificación, cuando pedimos al Señor que podamos «ser presentados delante de El con el alma limpia». La procesión de las candelas representa un caminar festivo y comunitario en nuestra entrada a la casa de Dios, donde encontraremos a Cristo "en la fracción del pan, hasta que Vuelva revestido de gloria."

 LITURGIA DE LA PALABRA

En tanto que San Lucas descubrirá en su evangelio los diversos sucesos que conmemoramos, las dos primeras lecturas proyectan su luz sobre la entrada del Señor en el Templo. Jesús da cumplimiento hoy a la profecía de Malaquías, que profetizaba la próxima manifestación del Señor en su templo; al hacer notar la carta a los Hebreos el carácter sacerdotal de Cristo, nos permite entrever en la entrada de Jesús en el Templo la prefiguración de su entrada en el cielo, como sumo sacerdote de la Nueva Alianza.

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LECTURA DEL LIBRO DE MALAQUÍAS 3, 1-4

faru01x.jpg (4199 bytes)Así dice el Señor Dios: Mirad, yo envío mi mensajero, para que prepare el camino ante mí... pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis: miradlo entrar - dice el Señor de los ejércitos -. Quién podrá resistir el día de su venida?
Quién quedará en pie cuando aparezca?
Será un fuego de fundidor, una lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata, como a plata y a oro refinará a los hijos de Leví, y presentarán al Señor la ofrenda como es debido. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén como en los días pasados, como en los años antiguos.

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SALMO RESPONSORIAL 23

R/ ¿Quién es ese Rey de la gloria? Es el Señor.

¡Portones, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria!
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra. 

¡Portones, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria!
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los Ejércitos:
él es el Rey de la gloria.

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LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS HEBREOS 2, 14-18

raizesx.jpg (4465 bytes)Los hijos de una familia son todos de la misma carne sangre, y de nuestra carne y sangre participó también Jesús - así, muriendo, aniquiló al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo, y liberó a todos los que por miedo a la muerte pasaban la vida entera con; ) esclavos. Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser compasivo y pontífice fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo. Como él ha pasado por la prueba del dolor puede auxiliar a los que ahora pasan por ella.

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EVANGELIO

Aleluya, aleluya. Lc 2, 32
Luz para alumbrar a las naciones
v gloria de tu pueblo Israel. Aleluya

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 2, 2-40

presenta3x.jpg (9005 bytes)Cuando llegó el tiempo de la purificación de María según la ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén. para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la Ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor» y para entregar la oblación, con lo dice la ley del Señor: «Un par de tórtolas o dos pichones».
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre honrado y piadoso, que aguardaba el Consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu Santo, fue al templo. Cuando entraban con el Niño Jesús sus padres, para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
"Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz; porque Mis ojos han Visto a tu Salvador a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel.»
[ José y María, la madre de Jesús, estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo diciendo a María, su madre: «Mira: Este está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de Muchos corazones. Y a ti una espada te traspasará el alma.»
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y llevaba ochenta y cuatro de viuda; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel.
Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la Ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.]

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Oración de los Fieles

Oremos, hermanos y hermanas, a Jesús, el Señor, que, para cumplir la ley de Moisés, quiso ser presentado en el templo, y pidámosle que, como sacerdote compasivo, ruegue por nosotros y con nosotros, sus hermanos.
Respondemos a cada petición: Escúchanos, Señor.

Para que Cristo, luz que resplandece sobre la faz de la Iglesia, conceda a sus fieles convertirse en luz del mundo y en sal de la tierra, roguemos al Señor.

Para que el Salvador del mundo sea anunciado y presentado ante todos los pueblos y se revele como luz de todas las naciones, roguemos al Señor.

Para que los ancianos y moribundos, al ver que se acerca el fin de sus días, dejen este mundo en paz, seguros de que, terminada su carrera, verán al Salvador, roguemos al Señor

Para que Cristo, luz que alumbra a todo ser humano venido al mundo, no sea para nosotros causa de caída, sino de levantamiento y de resurrección, roguemos al Señor.

Señor, Dios todopoderoso, que, en el final de su camino, realizaste los deseos santos de los ancianos Simeón y Ana, escucha nuestra oración y haz que también nuestros ojos puedan contemplar al Salvador en el templo eterno de tu gloria. El, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.

Prefacio
La presentación del Señor

El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Porque hoy, tu Hijo es presentado en el templo
y es proclamado por el Espíritu: Gloria de Israel y luz de las naciones.
Por eso, nosotros, llenos de alegría, salimos al encuentro del Salvador, mientras te alabamos con los ángeles y los santos cantando sin cesar:

Santo, Santo, Santo…