OCTAVO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 Al igual que en el domingo anterior, nuestra asamblea dominical se congrega hoy dentro de una atmósfera de serenidad  y júbilo que origina una certidumbre: el Señor  prometió estar con nosotros hasta el fin del mundo.
Pero la certeza no dispensa de la oración. Al pedir a Dios,  en la colecta, la serenidad y el júbilo que se manifiestan ya  en nuestro cántico, reconocemos cuánto depende nuestra  vida de los acontecimientos que configuran al mundo. La  Iglesia «unificada por virtud y a imagen de la Trinidad,  aparece ante el mundo como cuerpo de Cristo y Templo del  Espíritu, para alabanza de su infinita sabiduría» (Pr.. 8)  es un pueblo formado por hombres y mujeres. Prosigue su camino a través de los siglos en medio de los avatares de  la historia, y, lo que constituye una catástrofe para los hombres, lo es también para ella. Esta es la razón por la que pedimos a Dios «que el mundo progrese, según sus designios, y gocen las naciones de una paz estable».
La oración sobre las ofrendas hace notar el misterio de la libertad del hombre y su absoluta dependencia con respecto a Dios. El Señor quiere «mirar esta ofrenda como un gesto de nuestro devoto servicio», pero El es quien «nos da lo que hemos de ofrecerle». Como dice la Plegaria eucarística primera, le ofrecemos «los mismos bienes que nos ha dado». El nos preparará con ellos un manjar de eternidad.


ANTÍFONA DE ENTRADA                 Sal 17,19‑20

El Señor fue mi apoyo: me sacó a un lugar espacioso, me libró, porque me amaba.

ORACIÓN COLECTA

Concédenos tu ayuda, Señor, para que el mundo progrese, según tus designios, gocen las naciones de una paz estable y tu Iglesia se alegre de poder servirte con una entrega confiada y pacífica. Por nuestro Señor.


LECTURAS

El evangelio recoge hoy tres breves parábolas: la del ciego que conduce a otro ciego, la de la paja y la viga y la del árbol al que se reconoce por sus fruto. La primera lectura ilustrará esta última parábola, recordando que la palabra del hombre manifiesta su personalidad.
San Pablo concluye su exposición acerca de la resurrección con un grito de triunfo y una acción de gracias a causa de la victoria que hemos obtenido sobre la muerte por medio, Cristo.

 

 

LECTURA DEL LIBRO DEL EECLESIÁSTICO 27, 4-7

No alabes a nadie antes de que razone

Se agita la criba y queda el desecho, así el desperdicio del hombre cuando es examinado; el horno prueba la vasija del alfarero, el hombre se prueba en su razonar; el fruto muestra el cultivo de un árbol, la palabra la mentalidad del hombre; no alabes a nadie antes de que razone, porque esa es la prueba del hombre.

SALMO RESPONSORIAL 91

R/ Es bueno dar gracias al Señor.

Es bueno dar gracias al Señor.
y tañer para tu nombre, oh Altísimo;
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu fidelidad.

El justo crecerá como palmera,
se alzará como cedro del Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro Dios.

En la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y frondoso;
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe la maldad.

LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS 15, 54-58

Nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo

Hermanos: Cuando esto corruptible se vista de incorrupción y esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita: «La muerte ha sido absorbida en la victoria.¿Dónde está, muerte, tu victoria?¿Dónde está, muerte, tu aguijón?"
El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado es la ley. ¡Demos gracias a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo! Así, pues, hermanos míos queridos, manteneos firmes y constantes. Trabajad siempre por el Señor, sin reservas, convencidos de que el Señor no dejará sin recompensa vuestra fatiga.

EVANGELIO Fil 2, 15-16

Aleluya, aleluya.
Brilláis como antorchas, presentando al mundo
la Palabra de vida.
Aleluya.

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 6~ 39-45

Lo que rebosa del corazón, lo habla la boca

En aquel tiempo, ponía Jesús a sus discípulos esta comparación: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? Un discípulo no es más que su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «hermano, déjame que te saque la mota del ojo», sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo?
¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano. No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano. Cada árbol se conoce por su fruto: porque no se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. El que es bueno de la bondad que atesora en su corazón saca el bien y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca.


Oración de los Fieles

Invoquemos, queridos hermanos y hermanas, a Dios Padre todopoderoso y pidámosle que venga en ayuda de su pueblo y lo socorra en sus necesidades: (Respondemos a cada petición:
Escúchanos, Señor.

Pidamos al Señor, presente en su Iglesia, que la vivifique y la haga agradable a sus ojos, para que pueda alabarlo con los ángeles del cielo, roguemos al Señor.

Oremos por los que tienen autoridad en el mundo: que su gobierno sea justo para la tranquilidad de la Iglesia y el bienestar de todos los pueblos, roguemos al Señor.

Oremos por los que viven lejos de su hogar, por los que están de viaje y por todos los que se encuentran en peligro, para que Dios les envíe sus ángeles y los proteja de todo mal, roguemos al Señor.

Oremos por el pueblo aquí reunido, para que el Señor perdone nuestras culpas, nos revele su luz y nos conceda proclamar con valentía el nombre de su Hijo, roguemos al Señor.

Escucha, Señor, nuestras oraciones y haz que la palabra que resuena en tu Iglesia como fuente de sabiduría y norma de vida, nos ayude a comprender y amar a nuestros hermanos, para que nunca seamos jueces presuntuosos, sino portadores de bondad y de paz. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Señor, Dios nuestro: tú mismo nos das lo que hemos de ofrecerte y miras esta ofrenda como un gesto de nuestro devoto servicio; confiadamente suplicamos que lo que nos otorgas, para que redunde en mérito nuestro, nos ayude también a alcanzar los premios eternos. Por Jesucristo nuestro Señor.

Prefacio
La salvación, fruto de la obediencia de Cristo


El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Porque tu amor al mundo fue tan misericordioso
que no sólo nos enviaste como redentor a tu propio Hijo,
sino que en todo lo quisiste semejante al hombre, menos en pecado,
para poder así amar en nosotros lo que amabas en él.
Con su obediencia has restaurado aquellos dones que por nuestra desobediencia habíamos perdido.
Por eso,
ahora nosotros, llenos de alegría,
te aclamamos con los ángeles y los santos diciendo:
Santo, Santo, Santo…

ANTÍFONA DE COMUNIÓN             Sal 12,6

Cantaré al Señor por el bien que me ha hecho, entonaré himnos al Dios Altísimo.
o bien.
Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo, dice el Señor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Alimentados con los dones de la salvación, te pedimos, Padre de misericordia, que por este sacramento con que ahora nos fortaleces nos hagas un día ser partícipes de la vida eterna. Por Jesucristo.


RECONSTRUIR LA VIDA INTERIOR

 Jesús nos invita a pasar de lo exterior a lo interior; poner la importancia en la calidad de la savia que riega nuestra vida, en la vida interior, en la dinámica vital que nos empuja.
El evangelio pone reiteradamente el énfasis en el cambio del corazón y su bondad. Esto no quiere decir que la experiencia cristiana mire solamente a lo interior y sea un asunto privado e intimista, con olvido de todos los otros niveles de la persona. Pero, lo que le interesa al evangelio es la verdad del hombre y esta no puede ponerse en el exterior sino en lo interior.
Nosotros somos testigos en nuestra vida y en la de los demás de que hay muchos comportamientos exteriores que son genuinamente farisaicos; son fachadas brillantes de sepulcros podridos. La autenticidad del hombre nace de su experiencia interior, del corazón nuevo, de su principio vital regenerado. Cuando el núcleo de nuestro ser personal está saneado no puede menos de dar frutos buenos en todas las manifestaciones de la persona.

Por lo tanto, hay que poner atención a la savia que nos recorre, a nuestra vida interior, al núcleo de la experiencia vital desde la que surgimos y vivimos como personas ante los demás. El fruto nace de dentro; nunca desde fuera del árbol. Por eso el fruto revela la calidad del árbol y de las personas y por el fruto conocemos quién es quién.