OCTAVO
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
En el evangelio, Jesús nos
invita a que nos apartemos del culto al dinero, que supone una idolatría, y pongamos
nuestra confianza en Dios, cuya solicitud para con sus hijos presenta. También el
profeta, en la primera lectura expone esa misma solicitud de Dios en términos de una
delicadeza exquisita: el amor de Dios es más fuerte que el de una madre. En la epístola,
San Pablo declara a ciertos cristianos, que se le enfrentan, que rechaza el juicio de los
hombres: Soy servidor de Cristo. dice. mi juez es el Señor.
LECTURA DEL LIBRO DE ISAÍAS 49, 1415
Sión decía: «Me ha abandonado el Señor,
mi dueño me ha olvidado.
-¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura,
no conmoverse por el hijo de sus entrañas?
Pues aunque ella se olvide,
yo no te olvidaré.
SALMO RESPONSORIAL 61
R/ Descansa sólo en Dios, alma mía.
Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación
mi alcázar: no vacilaré.
Descansa sólo en Dios, alma mía
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.
De Dios viene mi salvación y mi gloria;
él es mi roca firme,
Dios es mi refugio.
Pueblo suyo, confiad en él
desahogad ante él vuestro corazón.
LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS 4, 1-5
Hermanos: Que la gente sólo vea en vosotros servidores de Cristo y
administradores de los misterios de Dios. Ahora, en un administrador lo que se busca es
que sea fiel. Para mí lo de menos es que me pidáis cuentas vosotros o un tribunal
humano; ni siquiera yo me pido cuentas. La conciencia, es verdad, no me remuerde pero
tampoco por eso quedo absuelto: mi juez es el Señor. Así, pues, no juzguéis antes de
tiempo, dejad que venga el Señor. El iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá
al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá de Dios lo que
merece.
Lectura del santo Evangelio según San Mateo 6 24-34
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Nadie puede estar
al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se
dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.
Por eso os digo: no estéis agobiados por la vida pensando qué vais a comer, ni por el
cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el
cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin
embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?
¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?
¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni
trabajan, ni hilan.
Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues si a
la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así,
¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados pensando qué
vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por
esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo
buscad el Reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no
os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le
bastan sus disgustos.»
![]()
LA RIQUEZA DE ALGUNOS EXISTE A CONSTA DE LA POBREZA DE OTROS
Las riquezas despiertan
en nosotros la necesidad insaciable de tener siempre más... Jesús ha visto con
profundidad... que el rico corre el riesgo de ahogar los deseos de libertad, justicia y
fraternidad que nacen desde lo más hondo de todo hombre.
Según toda la tradición bíblica esta riqueza de algunos existe a costa de la pobreza de
otros. En definitiva hay pobres porque hay ricos... Jesús no se preocupa tanto por el
origen injusto de las riquezas como por el mismo hecho de su posesión. Su denuncia es
más profunda y radical: mientras siga habiendo pobres y necesitados, la riqueza acaparada
y poseída para sí, es un obstáculo que impide el Reinado de Dios que quiere hacer
justicia a todos los hombres. Por eso Jesús la condena.
La riqueza endurece a los hombres y los insensibiliza a las necesidades de los demás...
Aunque viva una vida piadosa e intachable, algo esencial le falta al rico para entrar en
el Reino de Dios. Algo falla en nuestra vida cristiana cuando somos capaces de vivir
disfrutando y poseyendo más de lo necesario, sin sentirnos interpelados por el mensaje de
Jesús y las necesidades de los pobres.
![]()