SÉPTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Las
antífonas de entrada y de comunión confieren a domingo un matiz de júbilo y
confianza, que hacen de reunión de los cristianos una saludable pausa en medio
los trabajos y las jornadas. A la certeza del salmista: «Señor confío en tu
misericordia» hace eco la de San Pedro «Señor, yo creo que tú eres el Mesías,
el Hijo de Dios. La alegría colma el espíritu del hombre, que siente
consciente de su salvación, y también llena corazón del cristiano, que acude
a la mesa eucarística para recibir en ella «las primicias de la salvación
eterna». Por consiguiente,
prorrumpe en un himno: «Cantaré al Señor por el bien que me ha hecho», «me
alegro exulto contigo, oh Altísimo». Si bien la Eucaristía supone para
nosotros un descanso, encontramos además en ella un nuevo impulso para
conformar nuestras «palabras y obras» de acuerdo con la voluntad de Dios para
«cumplir siempre lo que a El le complace». Mas no se ha de olvidar que los
cristianos deben alcanzar los bienes espirituales precisamente «cumpliendo sus
trabajos temporales». No debe desanimarles la perspectiva de una búsqueda «incansable»,
toda vez que Cristo prometió que sería su descanso (Mt 11, 28).
Antífona de Entrada
Señor, yo confío en tu misericordia; alegra mi corazón con tu auxilio y
cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.
Se dice «Gloria».
Oración Colecta
Oremos: Dios
todopoderoso y eterno, concede a tu pueblo que la meditación de tu doctrina le
enseñe a cumplir siempre, de palabra y de obra, lo que a ti te complace. Por
nuestro Señor Jesucristo…
Amén.
LECTURAS
El sermón, con que comienza la predicación de Jesús en el monte según el
evangelio de San Lucas, insiste sobre la ley de la caridad: el amor a los
enemigos, la mutua ayuda, el perdón... . Erige como ley una virtud que habían
practicado hasta entonces los mejores de entre los hombres del pasado. Así,
vemos en la primera lectura cómo David rehúsa tomar venganza de Saúl, que
pretendía darle muerte. Siguiendo adelante con su predicación sobre la
resurrección de todos los hombres en Cristo, San Pablo nos presenta a Jesús
como el Señor de una nueva humanidad que vive para Dios, como el nuevo Adán.
LECTURA DEL LIBRO PRIMERO DE SAMUEL 26,2.7-912-13
El Señor te puso hoy en mis manos, pero yo no he querido atentar contra ti
En aquellos días, Saúl se puso en camino con tres mil soldados israelitas y bajó al desierto de Zif, persiguiendo a David. David v Abisaí fueron de noche al campamento enemigo y encontraron a Saúl durmiendo en el círculo de carros, la lanza hincada en tierra junto a la cabecera. Abner y la tropa dormían echados alrededor. Abisaí dijo a David: «Dios te pone al enemigo en la mano. Voy a clavarlo en tierra con la lanza de un solo golpe, no hará falta repetirlo.» Pero David replicó: «No le mates. No se puede atentar impunemente contra el Ungido del Señor. Entonces David cogió la lanza y el jarro de agua de la cabecera de Saúl, y los dos se marcharon. Nadie los vio, ni se enteró, ni se despertó. Todos siguieron dormidos, porque el Señor les había enviado un sueño profundo. David volvió a cruzar el valle y se detuvo en lo alto de la montaña, a buena distancia de Saúl. Desde allí gritó: «¡Rey! aquí está tu lanza, manda uno de tus criados a recogerla. El señor recompensará a cada uno su justicia y su lealtad. El te puso hoy en mis manos, pero yo no he querido atentar contra el Ungido del Señor.»
SALMO RESPONSORIAL 102
R/ El Señor es compasivo y misericordioso.
Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice alma mía,
al Señor y no olvides sus beneficios.
El perdona todas tus culpas,
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura.
El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
no nos trata como merecen nuestros pecados,
ni nos paga según nuestras culpas.
Como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos;
como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles.
LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS 15, 45-49
Nosotros, que somos imagen del hombre terreno seremos también imagen del hombre celestial
Hermanos: El primer hombre, Adán, se convirtió en ser vivo. El último Adán, en espíritu que da vida. El espíritu no fue lo primero: primero vino la vida y después el espíritu. El primer hombre, hecho de tierra, era terreno, el segundo hombre es del cielo. Pues igual que el terreno son los hombres terrenos; igual que el celestial son los hombres celestiales. Nosotros, que somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial.
EVANGELIO Jn. 13, 34
Aleluya, aleluya.
Un mandamiento nuevo os doy, --dice el Señor--
que os améis los unos a los otros como yo os he amado.
Aleluya.
Lectura del santo Evangelio según San Lucas 6, 27-38
Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «A los que me escucháis os
digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los
que os maldicen, orad por los que os injurian. Al que te pegue en una mejilla,
preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A
quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Tratad a los
demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os
aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y
si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También
los pecadores lo hacen. Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué
mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores con intención
de cobrárselo. ¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin
esperar nada: tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es
bueno con los malvados y desagradecidos. Sed compasivos como vuestro Padre es
compasivo; no juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis
condenados; perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará: os verterán una
medida generosa, colmada remecida, rebosante. La medida que uséis la usarán
con vosotros.»
COMO EL PADRE DEL CIELO
Una de las notas más hermosas
que recorren el Antiguo Testamento es el del Dios de la misericordia, el de la
ternura de Dios. Aunque los profetas anuncian castigos para el pueblo desviado,
está presente el Dios que ama gratuitamente (Os 14,5), el Dios-madre que cuida,
alza hasta las mejillas, enseña a caminar... una misericordia que tiene mucho
que ver con la justicia. Y la revelación prosigue en Jesús, y se agranda hasta
términos insospechados: el corazón del Padre es tan grande que, si te asomas a
él, no puedes sino amar al estilo de Dios. A veces, impotentes para amar
"como vuestro Padre del Cielo", olvidamos el sueño de Dios: una
familia hecha de relaciones de perdón, de acogida, de solidaridad, de amor.
Entonces, vamos de rodillas a orar ese "como el Padre del Cielo", a
pedirle que ponga en nosotros entrañas de misericordia para construir el nuevo
mundo que predicó Jesús, su Hijo y nuestro hermano.