SEXTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
En
la antífona de entrada decimos: «Sé la roca de mi refugio», pero ese clamor
se encuentra ya impregnado de certeza, puesto que en seguida añadiremos: «El
Señor fue mi refugio». Con todo, el salmista no podía sospechar con cuánta
munificencia se haría Dios salvador de su pueblo. Aquel que había multiplicado
sus beneficios en los días del Éxodo, había de llegar al colmo de su amor con
el envío de su Hijo: «Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo unigénito».
Todos cuantos creyeren en el Hijo, se convertirían en hijos de Dios según la
promesa de Jesús, las tres divinas Personas vendrían a ellos y harían en
ellos su morada (jn 14, 25). Este es el tema de la primera oración: Dios quiso
«habitar en los limpios y sinceros de corazón». Todos los santos, bien hayan
sido contemplativos u hombres de acción, han rehecho sus fuerzas y encontrado
su felicidad en el contacto con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo presente y
actuante en ellos mismos. Por este motivo, hemos de pedir al Señor '«vivir la
vida de la gracia», como hombres «limpios y sinceros de corazón», y, después
de la comunión con Cristo en el sacramento de su amor, le pedimos a Dios que
nos conceda siempre apetecer «las fuentes de donde brota la vida verdadera»,
es decir, tener sed de El, puesto que en El se encuentra la fuente de la vida»
(Sal 35, 10).
Antífona de Entrada
LECTURAS
Las Bienaventuranzas según San Lucas van acompañadas de un número igual de
maldiciones correlativas: "Dichosos los pobres... ¡Ay de vosotros, los
ricos!". La forma de expresarse de Jesús es muy parecida a la que
escuchamos en la primera lectura: «Maldito quien confía en el hombre. Bendito
quien confía en el Señor». Todo eso encierra para nosotros una invitación a
huir de los compromisos y de las medias tintas.
San Pablo, que el pasado domingo recordaba las manifestaciones de Cristo
resucitado, se apoya ahora en eso para aseverar con firmeza la resurrección de
todos los muertos.
LECTURA DEL LIBRO DE JEREMÍAS 17, 5-8
Maldito quien confía en el hombre, bendito quien confía en el Señor
Así dice el Señor: Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor. Será como un cardo en la estepa, no verá llegar el bien; habitará la aridez del desierto, tierra salobre e inhóspita. Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza: será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto.
SALMO RESPONSORIAL 1
R/ Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.
Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos;
Ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos,
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche.
Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
Da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin.
No así los impíos, no así,
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal.
LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS 15,
12.16-20
Si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido
Hermanos: Si anunciamos que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que decía alguno que los muertos no resucitan? Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado. Y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís con vuestros pecados; y los que murieron con Cristo, se han perdido. Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados. ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos.
EVANGELIO Lc. 6, 23a
Aleluya, aleluya.
Alegraos y saltad de gozo,
porque vuestra recompensa
será grande en el cielo
Aleluya.
Lectura del santo Evangelio según San Lucas 6 17 20-26
Dichosos los pobres; ¡hay de vosotros, los ricos!
En aquel tiempo, bajó Jesús del monte con los Doce y se paró en un llano
con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de
Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Él, levantando los ojos hacia sus
discípulos, les dijo:
"Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.
Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.
Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis.
Dichosos vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y
proscriban vuestro nombre como infame por causa del Hijo del Hombre.
Alegraos ese día y saltad de gozo; porque vuestra recompensa será grande en el
cielo.
Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.
Pero, ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo!
¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre!
¡Ay de los que ahora reís porque haréis duelo y lloraréis!
¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros
padres con los falsos profetas.
Oración después de la Comunión
DICHOSOS
Un hombre está sentado a la
orilla de un lago. Mira el agua, pero no puede captar todo lo que hay en ella:
la arena, las piedras de distintas tonalidades, los peces...
Las palabras de Jesús nos hacen ver que nuestra vida tiene una dimensión
escondida que no puede vislumbrarse a primera vista... Y es que nosotros
llegamos a ver poco más que lo superficial. A nadie se le ocurre afirmar que
son felices los que pasan hambre, o los que lloran. Sin embargo, para los que se
abren a Dios, la nueva situación del reino empieza ya en este mundo. Ellos son
dichosos ya ahora porque les ha tocado la lotería del amor del Padre.
Jesús nos hace penetrar hasta el fondo y da profundidad a nuestra vida,
ayudándonos a ver la realidad con los ojos de Dios, desde los valores del
reino.