La unión entre la primera
lectura y el evangelio resulta siempre sugestiva. Hoy, el recuerdo de las
prescripciones de la antigua ley en relación con los enfermos de lepra
--enfermedad contagiosa y, hasta estos últimos tiempos, incurable-- da ocasión
para comprender mejor lo libre que es Jesús respecto a la ley--pues toca al
leproso-- y, a la vez, su respeto hacia ella. Por lo que toca a nosotros nuestra
lepra es el pecado.
En segunda lectura, San Pablo nos invita a tomarle a él como modelo. Puede
emplear semejantes expresiones sin orgullo, añade: «Yo sigo el ejemplo de
Cristo».
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LECTURA DEL LIBRO DEL LEVÍTICO 13, 1-2.44-46
Vivirá solo el leproso y tendrá su morada fuera del campamento
El Señor dijo a Moisés y a Aarón: «Cuando alguno tenga una inflamación, una erupción o una mancha en la piel se le produzca la lepra, será llevado ante el sacerdote Aarón o cualquiera de sus hijos sacerdotes. Se trata e un hombre con lepra, y es impuro. El sacerdote le declarará impuro de lepra en la cabeza. El que haya sido declarado enfermo de lepra, andará harapiento y despeinado, con la barba tapada y gritando: «¡Impuro, impuro!» Mientras le dure la lepra, seguirá impuro: vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento.»
SALMO RESPONSORIAL 31
R/ Tú eres mi refugio me rodeas de cantos de liberación.
Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el delito.
Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito propuse:
"Confesaré al Señor mi culpa",
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.
Alegraos, justos, con el Señor,
aclamadlo, los de corazón sincero.
LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS 10
, 31-11,
1
Seguid mi ejemplo como yo sigo el de Cristo
Hermanos: Cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios. No deis motivo de escándalo a los judíos, ni a los griegos, ni a la Iglesias de Dios. Por mi parte, yo procuro contentar en todo a todos, no buscando mi propio bien, sino el de ellos, para que todos se salven. Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo.
EVANGELIO
Aleluya, aleluya. Lc 7, 16
Un gran profeta ha surgido entre nosotros,
y Dios ha visitado a su pueblo.
Aleluya.
Lectura del santo Evangelio según San Marcos 1, 40-45
Se le quitó la lepra y quedó limpio
En aquel tiempo se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:
«Si quieres, puedes limpiarme.» Sintiendo lástima, extendió la mano y lo
tocó diciendo: «Quiero: queda limpio.» La lepra se le quitó inmediatamente y
quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: "No se lo digas
a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu
purificación lo que mandó Moisés." Pero cuando se fue, empezó a
divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía
entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaban fuera, en descampado; y aun
así acudían a él de todas partes.
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ACUD
ÍAN ÉL
Yo
sé que ver y oír a un triste enfada" exclama Miguel Hernández. Un
leproso es como alguien con sida o con tuberculosis. Queda aislado para que no
contagie. Es un maldito. Muchas más personas se sienten con la maldición del
aislamiento: un anciano de no buen ver, un depresivo pelmazo, un extranjero
pobre. Imaginamos esta cárcel sin barrotes, pero que rodea a la persona y la
ahoga. ¡Qué enorme deseo de liberación!
Este leproso ha oído hablar de este nuevo rabí que expulsa demonios. Se acerca
como tantos otros en el evangelio. ¿Caemos en la cuenta que la mayor parte de
la gente sale al encuentro, busca a Jesús? Viene con fe grande y se arrodilla
ante Él. Brota la oración: Si quieres, puedes limpiarme. La gracia de Dios se
manifiesta en el leproso. Jesús no sólo no se mancha con su impureza, sino que
limpia totalmente. Destaca la compasión de Jesús. El encuentro ha sido
maravilloso. Su curación es de una enfermedad y sobre todo de una esclavitud
interior y externa. Es un hombre nuevo, aceptado en sociedad y en el templo.
Queda reconciliado
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