SEXTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

La unión entre la primera lectura y el evangelio resulta siempre sugestiva. Hoy, el recuerdo de las prescripciones de la antigua ley en relación con los enfermos de lepra --enfermedad contagiosa y, hasta estos últimos tiempos, incurable-- da ocasión para comprender mejor lo libre que es Jesús respecto a la ley--pues toca al leproso-- y, a la vez, su respeto hacia ella. Por lo que toca a nosotros nuestra lepra es el pecado.
En segunda lectura, San Pablo nos invita a tomarle a él como modelo. Puede emplear semejantes expresiones sin orgullo, añade: «Yo sigo el ejemplo de Cristo».

LECTURA DEL LIBRO DEL LEVÍTICO 13, 1-2.44-46

Vivirá solo el leproso y tendrá su morada fuera del campamento

El Señor dijo a Moisés y a Aarón: «Cuando alguno tenga una inflamación, una erupción o una mancha en la piel se le produzca la lepra, será llevado ante el sacerdote Aarón o cualquiera de sus hijos sacerdotes. Se trata e un hombre con lepra, y es impuro. El sacerdote le declarará impuro de lepra en la cabeza. El que haya sido declarado enfermo de lepra, andará harapiento y despeinado, con la barba tapada y gritando: «¡Impuro, impuro!» Mientras le dure la lepra, seguirá impuro: vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento.»

SALMO RESPONSORIAL 31

R/ Tú eres mi refugio me rodeas de cantos de liberación.

Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el delito.

Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito propuse:
"Confesaré al Señor mi culpa",
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

Alegraos, justos, con el Señor,
aclamadlo, los de corazón sincero.

LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS 10, 31-11, 1

Seguid mi ejemplo como yo sigo el de Cristo

Hermanos: Cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios. No deis motivo de escándalo a los judíos, ni a los griegos, ni a la Iglesias de Dios. Por mi parte, yo procuro contentar en todo a todos, no buscando mi propio bien, sino el de ellos, para que todos se salven. Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo.

EVANGELIO

Aleluya, aleluya. Lc 7, 16
Un gran profeta ha surgido entre nosotros,
y Dios ha visitado a su pueblo.
Aleluya.

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 1, 40-45

Se le quitó la lepra y quedó limpio

En aquel tiempo se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme.» Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero: queda limpio.» La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: "No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés." Pero cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaban fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

ACUDÍAN ÉL

Yo sé que ver y oír a un triste enfada" exclama Miguel Hernández. Un leproso es como alguien con sida o con tuberculosis. Queda aislado para que no contagie. Es un maldito. Muchas más personas se sienten con la maldición del aislamiento: un anciano de no buen ver, un depresivo pelmazo, un extranjero pobre. Imaginamos esta cárcel sin barrotes, pero que rodea a la persona y la ahoga. ¡Qué enorme deseo de liberación!
Este leproso ha oído hablar de este nuevo rabí que expulsa demonios. Se acerca como tantos otros en el evangelio. ¿Caemos en la cuenta que la mayor parte de la gente sale al encuentro, busca a Jesús? Viene con fe grande y se arrodilla ante Él. Brota la oración: Si quieres, puedes limpiarme. La gracia de Dios se manifiesta en el leproso. Jesús no sólo no se mancha con su impureza, sino que limpia totalmente. Destaca la compasión de Jesús. El encuentro ha sido maravilloso. Su curación es de una enfermedad y sobre todo de una esclavitud interior y externa. Es un hombre nuevo, aceptado en sociedad y en el templo. Queda reconciliado
.
El leproso cuenta su experiencia de liberación. Nos lo imaginamos gritando por todas partes su alegría, dando gracias a Dios por Jesús. Se ha convertido en un gran propagandista. ¿Cuántos cristianos tenemos una experiencia semejante de liberación? Para nada se trata de que no libre de alguna de estas enfermedades, que haya destellos o bailes solares ante nuestra vista. Sencillamente, la interior experiencia, silenciosa y honda, de ser liberados por Él."Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien" escribía Cernuda. A esta experiencia de libertad o de verdad que salva me refiero. La seducción del amor