TRIGÉSIMO DOMINGO

Al saludar en el evangelio a Jesús como Hijo de David el ciego de Jericó aclama en El al Mesías. Si Jesús le cura es como recompensa a su fe y, asimismo, para confirmar que han llegado los tiempos del Mesías, aquellos tiempos que -más todavía que los del retorno del exilio - verán acudir hacia Jerusalén a «los ciegos y cojos», como decía la profecía que vamos a leer.
La carta a los Hebreos contiene una amplia disertación sobre
el sacerdocio de Cristo: Jesús, Hijo de Dios y hermano de los hombres, es el sacerdote ante Dios en favor de la humanidad entera.


Antífona de Entrada

Que se alegren los que buscan al Señor. Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro.

Se dice «Gloria».

Oración Colecta


Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, aumenta nuestra fe, espe­ranza y caridad; y para conseguir tus promesas, concé­denos amar tus preceptos. Por nuestro Señor.

Amén.

Primera Lectura
Vienen a mí llorando, pero yo los consolaré y los guiaré

Lectura del libro del profeta Jeremías 31, 7-9

Esto dice el Señor: Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por el mejor de los pueblos; proclamad, alabad y decid: el Señor ha salvado a su pueblo al resto de Israel. Mirad que yo os traeré del país del Norte, os congregaré de los confines de la tierra. Entre ellos hay ciegos y cojos, preñadas y paridas: una gran multitud retorna. Se marcharon llorando los guiaré entre consuelos, los llevaré a torrentes de agua, por un camino llano en que no tropezarán. Seré un padre para Israel Efraín será mi primogénito.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial salmo 125

R/  El Señor ha estado grande con nosotros v estamos alegres.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión
nos parecía soñar
La boca se nos llenaba de risas

la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»

El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres. 

Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas,
cosechan entre cantares.

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla.
Al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas.

Segunda Lectura
Tú eres sacerdote eterno, como Melquisedec

Lectura de la carta a los hebreos 5, 1-6

Hermanos: El Sumo Sacerdote, escogido entre los hom­bres, esta puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. El puede comprender a los‑ignorantes y extra­viados, ya que él mismo está envuelto en debilidades. A causa de ellas tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, como por los del pueblo. Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama, como en el caso de Aarón.
Tampoco Cristo se confirió a sí mismo la dignidad de
Sumo Sacerdote, sino Aquel que le dijo: «Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy», o como dice otro pasaje de la Escritura: «Tú eres Sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.»
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.


Aclamación antes del Evangelio


Aleluya, aleluya
Jesucristo nuestro salvador, ha destruido la muerte
y ha iluminado la vida por el Evangelio.
Aleluya.


Evangelio
Maestro, que pueda ver

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 10, 46-52

Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo (el hijo de Timeo) estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, ten compasión de mí.» Muchos le regañaban para que se callara. Pero él gritaba más‑ «Hijo de David, ten compasión de mí.» Jesús se detuvo y dilo «Llamadlo.» Llamaron al ciego diciéndole‑ «Animo, levántate, que te llama.» Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: «¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego le contestó: «Maestro, que pueda ver. » Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha curado.» Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Se dice «Credo».

Oración de los Fieles

Confiados en que la oración de los pobres llega hasta el Señor, elevemos con humildad nuestras peticiones a Dios: Respondemos a cada petición: Escúchanos, Señor.

Para que el Señor conceda el espíritu de consejo, fortaleza, ciencia y piedad a nuestro obispo y a todos los pastores de la Iglesia, oremos.

Para que los gobiernos de las naciones edifiquen sus comunidades en la paz, equilibrando toda desigualdad injusta, oremos.

Para que el Señor alivie los dolores de los que sufren en el cuerpo o en el espíritu, y les dé fuerza para no desfallecer ante la tribulación, oremos.

Para que mantenga a nuestras familias firmes en la concordia y seguras en su gracia y amistad, oremos.

Dios nuestro, luz para los ciegos y consuelo para los afligidos, que en tu Hijo nos has dado al Sumo Sacerdote justo e indulgente hacia los que pecan por ignorancia o error, escucha las súplicas de tu familia y haz que todos los hombres experimenten la intercesión de Jesús, el Señor, y retornen al camino que conduce a ti. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Oración sobre las Ofrendas

Vuelve tu mirada, Señor, sobre las ofrendas que te presentamos, para que nuestra celebración sea para tu gloria y tu alabanza. Por Jesucristo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Prefacio
Alabanza a Dios por la creación y la redención del hombre


El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Pues, por medio de tu amado Hijo
eres el creador del género humano
y también el autor bondadoso de la nueva creación.
Por eso, con razón te sirven todas las criaturas,
con justicia te alaban todos los redimidos
y unánimes te bendicen tus santos.
Con ellos, también nosotros,
a una con los ángeles,
cantamos tu gloria gozosos diciendo:
Santo, Santo, Santo …

Antífona de la Comunión

Que podamos celebrar tu victoria y en el nombre de nuestro Dios alzar estandartes .

Oración después de la Comunión

Oremos:
Que tus sacramentos, Señor, produzcan en nosotros lo que significan, para que un día poseamos verdadera­mente cuanto celebramos ahora en estos ritos sagrados. Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén

La Buena Noticia                    Mc 10, 46-52

Bartimeo no era ni sordomudo ni paralítico; era un pobre ciego sentado al borde del camino. Por no ser sordo, oyó el ruido que le permitió descubrir el paso del hombre Jesús de Nazaret; por no ser mudo pudo llamarle a gritos; por no ser paralítico, cuando se sintió correspondido, dio un salto y se acercó a Él. Por sentirse pobre, pide, y por saberse ciego, quiere poder ver.
Bartimeo se entera de que pasa el profeta Jesús, por el ruido singular que produce su paso. Y pide porque cree que ese hombre puede darle lo que quiere recibir. Y como lo obtiene, se apunta a Él y lo sigue, aunque muchos de los que le rodean lo primero que hicieron fue conminarle a que se callara, porque un pobre, y además gritón, es siempre molesto y perturbador.
A los bartimeos de la sociedad postindustrial de hoy les pasa lo mismo y reaccionan de la misma manera. Lo que ocurre es que el ruido que denuncia el paso de ese hombre cualquiera, de Jesús, es el de la brisa del Espíritu, no el de frufrú de los capisayos.
La brisa que denuncia hoy el paso de Jesús es la misma de entonces; la que dijo Jesús a los discípulos de Juan, que denunciaban su presencia, que los cojos andan, los ciegos ven y los pobres se enteran. Jesús de Nazaret está vivo hoy en las escuelas en que enseña, en los templos en que se ora y en los hospitales en que se cura. Jesús pasa hoy entre nosotros, cuando la profesionalidad - en lugar de la chapuza- se da en los profesionales; cuando la acogida - en lugar del desprecio se da en las ventanillas; cuando la puntualidad - en lugar del retraso -, se da en la RENFE y el correo llega, en lugar de perderse.
Porque todos estos que sirven son los nuevos santos, los nuevos profetas, porque el servicio público es la expresión técnica de la versión secularizada del mandamiento del amor. Y donde hay amor, donde hay servicio público, está Jesús.
Por eso los bartimeos de hoy, los que se saben pobres y limitados, porque en el mundo que viven se sienten perdidos, ante la agresividad competitiva y consumiste, ante ese testimonio de "servicio", descubren el sentido del ser y estar en la vida; perciben lo que es la paz y la alegría de la obra bien hecha, y se apuntan a ella.