VIGÉSIMO CUARTO DOMINGO
En
el evangelio vemos a San Pedro proclamar su fe en Jesús y, a renglón seguido,
reprocharle por hablar de su próxima pasión. Mas Jesús es el Siervo de Yahveh,
cuyos sufrimientos y confianza en Dios evoca la primera lectura. Por eso
prosigue firme en el anuncio de su cruz y en sus exigencias respecto a aquellos
que quieren seguirle. En la carta, Santiago, que es por encima de todo un «pastor»,
nos recuerda que la fe del cristiano se manifiesta en las obras y, en especial,
en el servicio a los hermanos más desheredados.
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Antífona de Entrada
Señor, da paz a tus fieles; que tus profetas te sean leales. Escucha las
preces de tu siervo y las de tu pueblo Israel.
Se dice «Gloria»
Oración Colecta
Oremos:
Oh Dios, creador y dueño de todas las cosas, míranos y para que sintamos el
efecto de su amor; concédenos servirte de todo corazón.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.
Primera Lectura
Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban
Lectura del libro del profeta Isaías
50, 5-10
En aquellos días dijo Isaías:
«El Señor Dios me ha abierto el oído, y yo no me he revelado, ni me he echado para atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me mesaban mi
barba. No oculté el rostro a los insultos y salivazos.
Mi Señor me ayudaba, por eso no quedaba confundido; por eso ofrecí el
rostro como pedernal, por eso no quedaré avergonzado. Tengo cerca a mi abogado,
¿quién pleiteará contra mí?. Vamos a enfrentarnos: ¿quién será mi rival?
que se acerque
Mirad mi Señor me ayudará; ¿quién probará que soy culpable?».
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial Salmo 114
R/ Caminaré en la presencia del Señor en el país de la vida
Amo al Señor porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mi,
el día que le invoco.
Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en miseria y angustia.
Invoqué el nombre del Señor,
"Señor, salva mi vida."
El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo.
El Señor guarda a los sencillos;
estando yo sin fuerzas me salvó.
Arrancó mi alma de la muerte,
miss ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.
Caminaré en la presencia del Señor,
en el país de la vida.
Segunda Lectura
La fe, si no se traduce en obras, está completamente muerta
Lectura de la carta del apóstol Santiago
2, 14-18
Hermanos míos: ¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe, si no tiene obras obras?
¿es que esa fe lo podrá salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan
sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: «Dios os
ampare; abrigaos y llenaos el estómago», y no le dais lo
necesario para el cuerpo: ¿de qué sirve?. Esto pasa con la
fe: si no se tiene obras, está muerta por dentro.
Alguno dirá: «Tú tienes fe y yo tengo obras». Enséñame tu fe sin obras, y yo,
por las obras te probaré mi fe».
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Dios me libre de gloriarme
si no es en la cruz de nuestro Señor
Jesucristo,
por la cual el mundo es para mí un crucificado
y yo un crucificado para el mundo.
Aleluya.
Evangelio
Dijo Pedro: «Tú eres el Mesías»
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
8, 27-35
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de
Cesárea de Felipe:
Por el camino preguntó a sus discípulos:
«¿Quién dice la gente que soy yo?"»
Ellos le contestaron:
«Unos, Juan el Bautista; otros, Elías, y otros uno
de los profetas».
Él les preguntó:
«Y vosotros, ¿quién dicen que soy yo?»
Pedro le contestó:
«Tú eres el Mesías».
Él les les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y empezó a
instruirles: "El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser
condenado por los senadores, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y
resucitar a los tres días". Se lo explicaba con toda claridad.
Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo.
Jesús se volvió y de cara a los discípulos, increpó
a Pedro:
«¡Quítate de mí vista, Satanás!.¡ Tú piensas como los hombres, no como
Dios!"
Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo:
«El que quiera venirse conmigo, que niegue a sí mismo, que cargue con su cruz
y me siga.
Mirad el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por
por el Evangelio, la salvará».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Se dice «Credo».
Oración de los Fieles
Imploremos, hermanos y hermanas, la misericordia de Dios y pidámosle que
escuche las oraciones de los que hemos puesto nuestra confianza en él. Respondemos:
Te lo pedimos Señor, óyenos.
Para los obispos, los presbíteros y los diáconos pidamos al Señor una vida
santa, tal como corresponde a su ministerio y el premio abundante de su trabajo,
roguemos al Señor.
Para que los que gobiernan las naciones y tienen bajo su poder el destino de los
pueblos, pidamos el espíritu de justicia, roguemos al Señor.
Para los enfermos e impedidos pidamos al Señor la fortaleza necesaria, a fin de
que no se desanimen ante las dificultades y vivan alegres en la esperanza de los
bienes eternos. Oremos:
Para nosotros mismos y para nuestros familiares, amigos y bienhechores, pidamos
al Señor que nos conserve y aumente los bienes que con tanta generosidad nos ha
concedido, roguemos al Señor.
Dios nuestro, fortaleza de los pobres y auxilio de los que sufren, escucha las
oraciones de tu Iglesia y danos el Espíritu Santo, para que, iluminados con su
luz, creamos con el corazón y confesemos con las obras que Jesús es el Mesías
y vivamos convencidos de que salvaremos nuestra vida si tenemos el valor de
perderla para anunciar el Evangelio.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Sé propicio a nuestras súplicas, Señor,
y recibe con bondad las ofrendas de tus siervos, para que la oblación que
ofrece cada uno en honor de tu nombre sirva para la salvación de todos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
El misterio de la salvación
El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación,
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por
Cristo, nuestro Señor.
El cual, compadecido del extravío de los hombres,
quiso nacer de la Virgen;
sufriendo la cruz, nos libró de eterna muerte;
y, resucitando, nos dio vida
eterna.
Por eso,
con los ángeles y los arcángeles
y con todos los coros celestiales,
cantamos
sin cesar
el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo…
Antífona de la Comunión
¡Que inapreciable es tu misericordia, oh Dios, los
humanos se acogen a la sombra
de tus alas.
Oración después de la Comunión
Oremos:
La gracia de esta comunión, Señor, penetre en nuestro cuerpo y nuestro
espíritu, para que sea su fuerza, no nuestro sentimiento quien mueva nuestra vida.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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Mc 8, 27-35
La Buena Noticia
PENSAR COMO DIOS
Tu
piensas como los hombres, no como Dios". Tenemos buena voluntad y nos gusta
que todo salga bien. A ver si lo que corresponde a Dios va ser menos que lo del
César, del sultán o del jefe de negociado. Apetecemos el triunfo social, el
quedar bien, la vida sin molestias. Para nada vemos que sea necesario desde la
opción por Dios o por los pobres, los débiles, pasar necesidad, dificultad y
menos muerte. Pedro después de la maravillosa confesión de fe no puede
entender que Jesús anuncie su pasi6n, muerte y resurrecci6n. Esto último ya ni
lo oye. Después de nuestra oraci6n fervorosa, o de la eucaristía vivida con
intensidad, todavía no acabamos de entender el proceder de Dios.
El pensar de Dios revelado en Jesús ha sido anonadarse, ocultar su brillo,
hacer desaparecer hasta la noci6n de poder. El Dios no es el todopoderoso, sino
el débil. Abstenerse los fuertes, los señores, los superhombres. Quizá esto
le llevó a alguien a reprobar a Jesús y los cristianos por predicar la moral
de los débiles y hasta tacharles de cobardía. ¡Qué distinto el pensar de
Dios! Niégate a ti mismo y sígueme. ¿Adónde, Jesús mío?. A Jerusalén, a
la cruz, a no amar tanto la vida que temas la muerte, a dar testimonio de tu
vocación sin acomodos. Si quieres salvar la vida, aislarte, vivir para ti,
pensar sólo en ti, en tus estudios o en tus predicaciones, la perderás. Pero
si pierdes tu vida por el evangelio, si vives para el hombre o mujer que está
cerca -y cualquiera lo está en esta aldea universal- la salvarás.
¡ Qué vamos a hacerle! Así piensa Dios, por lo que se ve en Jesús.
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