VIGÉSIMO CUARTO DOMINGO
Acto
Penitencial
Al
iniciar esta Eucaristía, reconozcamos que somos débiles y pidamos humildemente
al Señor su perdón.
Tú,
que incansablemente buscas a la oveja extraviada. Señor, ten piedad.
Tú, que nos amas a pesar de nuestros pecados. Cristo, ten piedad.
Tú, que nos aseguras que hay alegría en el cielo por nuestra conversión. Señor,
ten piedad.
Dios
todopoderoso, Padre de misericordia, perdone nuestros pecados y nos lleve a la
vida eterna.
La primera lectura nos muestra el pecado del pueblo hebreo al
fabricarse una representación material de Dios, pero, al mismo tiempo, el perdón del
Señor por medio de la oración de Moisés (1). En el evangelio, las tres parábolas
recogidas por San Lucas, cada una a su manera, hablan del amor perseverante y de la
misericordia de que da testimonio el Señor respecto al pecador. En la carta de San Pablo
a Timoteo es el pecador perdonado, el perseguidor convertido en apóstol, quien manifiesta
su reconocimiento hacia Cristo y afirma el valor del ejemplo del perdón que él mismo
recibió.
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LECTURA DEL ÉXODO 32,7-11.13-14
En aquellos días
dijo el Señor a Moisés: «Anda, baja del monte, que se ha pervertido tu pueblo, el que
tú sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado. Se
han hecho un toro de metal, se postran ante él, le ofrecen sacrificios y proclaman: 'Este
es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto'.» Y el Señor añadió a Moisés
«Veo que
este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Por eso déjame: mi ira se va a encender contra
ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo." Entonces Moisés suplicó al
Señor su Dios: «¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu pueblo, que tú
sacaste de Egipto con gran poder y mano robusta?. Acuérdate de tus siervos, Abrahán,
Isaac y Jacob a quienes juraste por ti mismo diciendo: "multiplicaré vuestra
descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he hablado se la
daré a vuestra descendencia para que la posea por siempre.» Y el Señor se arrepintió
de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo.
SALMO RESPONSORIAL 50
R/ Me pondré en camino adonde está mi padre.
Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa.
Lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado,
un corazón quebrantado y humillado
tú no lo desprecias.
LECTURA DE LA 1ª CARTA DEL APÓSTOL S. PABLO A TIMOTEO 1,12-17
Doy gracias a
Cristo Jesús nuestro Señor que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este
ministerio. Eso que yo antes era un blasfemo, un perseguidor y un violento. Pero Dios tuvo
compasión de mí, porque yo no era creyente y no sabía lo que hacía, Dios derrochó su
gracia en mí, dándome la fe y el amor cristiano.
Podéis fiaros y aceptar sin reserva lo que os digo: Que Jesús vino al mundo para salvar
a los pecadores, y yo soy el primero. Y por eso se compadeció de mí: para que en mí, el
primero, mostrara Cristo toda su paciencia, y pudiera ser modelo de todos los que creerán
en él y tendrán vida eterna.
Al rey de los siglos, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria por los siglos de
los siglos. Amén.
ALELUYA
Dios estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo,
y a nosotros nos ha confiado
la palabra de la reconciliación.
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 15, 1-32
En aquel tiempo,
solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y
los letrados murmuraban entre ellos: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos."
Jesús les dijo esta parábola: "Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde
una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la
encuentra? Y cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y al llegar
a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: '¡Felicitadme!, he encontrado
la oveja que se me había perdido.' Os digo que así también habrá más alegría en el
cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no
necesitan convertirse.
Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre
la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, reúne a las
vecinas para decirles: '¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido.'
Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se
convierta."
[ También les dijo: Un hombre tenía dos hijos: el menor de ellos dijo a su padre:
«Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.» El padre les repartió los bienes. No
muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano y
allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por
aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto
le insistió a un habitante de aquel país, que lo mandó a sus campos a guardar cerdos.
Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos y
nadie le daba de comer. Recapacitando entonces se dijo: 'Cuántos jornaleros de mi padre
tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino
adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no
merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.' Se puso en camino
adonde estaba su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y
echando a correr, se le echó al cuello, y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: 'Padre, he
pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.' Pero el padre dijo
a sus criados: 'Sacad enseguida el mejor traje, y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y
sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo celebremos un banquete, porque
este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.' Y
empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música
y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Este le contestó:
'Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con
salud.' El se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo.
Y él replicó a su padre: 'Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una
orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y
cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el
ternero cebado.' El padre le dijo: 'Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es
tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, estaba
perdido, y lo hemos encontrado.'» ]
Oración
de los Fieles
Imploremos,
hermanos y hermanas, la misericordia de Dios y pidámosle que escuche las
oraciones de los que hemos puesto nuestra confianza en él: Respondemos a cada
petición:
Señor,
atiende nuestra súplica.
Para
los obispos, los presbíteros y los diáconos: pidamos al Señor una vida santa,
tal como corresponde a su ministerio, y el premio abundante de su trabajo,
roguemos al Señor.
Para
los que gobiernan las naciones y tienen bajo su poder el destino de los pueblos:
pidamos el don de la prudencia y el espíritu de justicia, roguemos al Señor.
Para
los enfermos e impedidos: pidamos al Señor la fortaleza necesaria a fin de que
no se desanimen ante las dificultades, y vivan alegres en la esperanza de los
bienes eternos, roguemos al Señor.
Para
nosotros mismos y para nuestros familiares, amigos y bienhechores: pidamos al Señor
que nos conserve y aumente los bienes que con tanta generosidad nos ha
concedido, roguemos al Señor.
Dios
nuestro: tú que, gracias a los oraciones de Moisés renunciaste a abandonar al
pueblo que se obstinaba en rehusar tu amor, escucha las oraciones del nuevo Moisés,
Cristo, Hijo tuyo y sacerdote nuestro, que no deja de interceder por los
pecadores; y haz que también nosotros experimentemos aquella alegría que hay
entre los ángeles de Dios, por un solo pecador que se convierte. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
Prendas de la Pascua eterna
El
Señor esté con vosotros.
Y con tu Espíritu.
Levantemos
el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos
gracias al Señor.
Es justo y necesario.
En
verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
En quien vivimos, nos movemos y somos;
y todavía peregrinos en este mundo,
no sólo experimentamos las pruebas cotidianas de tu amor,
sino que poseemos ya, en prenda la vida futura.
Pues al poseer las primicias del Espíritu,
por el cual resucitaste a Jesús de entre los muertos
podemos esperar que un día sea nuestra pascua eterna.
Por eso, Señor, te damos gracias y proclamamos tu grandeza, cantando con los ángeles:
Santo, Santo, Santo …
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LAS TRES PARÁBOLAS DE LA MISERICORDIA
Las tres parábolas de la oveja
perdida, la moneda perdida y el hijo perdido están impregnadas de un principio
fundamental: Dios está empeñado en salvar a los extraviados. Por eso sale en su busca,
los recibe con amor y, loco de alegría, prepara una fiesta. Por eso Jesús, rostro de
Dios, acogía a los pecadores y comía con ellos.
Contaba un viejo rabino: "Cada uno de nosotros está unido a Dios por un hilo. Cuando
comete una falta, el hilo se rompe. Pero al arrepentirse de la falta, Dios hace un nudo en
el hilo. Entonces el hilo se acorta, y el pecador está un poco más cerca de Dios. Así,
después, del arrepentimiento de cada pecado, de nudo en nudo, nos vamos acercando siempre
más a Dios., Resulta entonces que cada pecado hace acortar la cuerda anudada y
acerca más rápidamente al corazón de Dios".
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