VIGÉSIMO TERCER DOMINGO
San
Marcos recuerda en el evangelio la admiración de la multitud ante los milagros
de Jesús: «Hace oír a los sordos y hablar a los mudos». El pueblo no sólo
veía en eso una intervención divina, sino que recordaba la profecía que
leemos en la primera lectura y que anuncia precisamente esos milagros como señal
de los tiempos en que aparecerá el Mesías.
Santiago exalta lo que Bossuet denomina «la eminente dignidad de los pobres .
en la Iglesia»: Dios les ama con un amor de predilección, lo que les convierte
en ricos en la fe.
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Antífona de Entrada
Señor, tu eres justo, tus mandamientos son rectos. Trata con misericordia
a tu siervo.
Se dice «Gloria».
Oración Colecta
Oremos: Padre y Señor, que nos has
redimido y adoptado como hijos, mira con bondad a los que tanto amas; y pues
creemos en Cristo, concédenos la verdadera libertad y la herencia de los santos.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.
Primera Lectura
Se iluminarán los ojos de los ciegos y los oídos de los sordos se abrirán
Lectura del libro del profeta Isaías 35, 4-7a
Decid a los cobardes de corazón: sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios,
que trae el desquite, viene en persona, resarcirá y os salvará.
Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará
como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará.
porque han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estepa; el páramo
será un estanque, lo reseco un manantial.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial salmo 145
R/ Alaba, alma mía, al Señor.
Alaba, alma mía, al Señor.
Que mantiene su fidelidad perpetuamente
que hace justicia a los oprimidos;
que da pan a los hambrientos.
El señor libera a los cautivos.
El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos.
El señor sustenta al huérfano y a la
viuda.
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad.
Segunda Lectura
Dios ha elegido a los pobres del mundo para hacerlos herederos del Reino
Lectura de la carta del apóstol Santiago 2, 1-5
Hermanos: no juntéis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con la
acepción de personas. Por ejemplo, llegan dos hombres a la reunión litúrgica.
Uno va bien vestido y hasta con anillos en los dedos, el otro es un pobre
andrajoso.
Veis al bien vestido y le decís: por favor siéntate aquí, en el puesto
reservado. Al otro en cambio: «Estate ah de pie o siéntate en el suelos». Si
hacéis eso ¿no sois inconsecuentes y juzgáis con criterios malos?
Queridos hermanos, escuchad: ¿acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo
para hacerlos ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que le
aman?
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Jesús proclamaba la Buena Noticia del Reino y curaba toda enfermedad en el
pueblo.
Aleluya.
Evangelio
Hace oír a lo sordos y hablar a los mudos
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 7, 31-37
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino
del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo, que,
además, apenas podía hablar y le piden que le imponga las manos. El apartándolo
de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con saliva le tocó
la lengua.
Y mirando al cielo, suspiró
y le dijo:
«¡Effetá!» (esto es, ábrete).
Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y
hablaba sin dificultad.
El les mandó que no lo dijeran a nadie, pero cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo
proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían:
«¡Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Se dice «Credo».
Oración de los Fieles
Pidamos hermanos y hermanas, al Señor,
que escuche nuestras plegarias y atienda a nuestras peticiones. Respondemos a
cada petición: Escúchanos, Padre.
Por la santa Iglesia de Dios, para que el Señor le conceda la paz y la unidad,
la guarde de todo mal y acreciente el número de sus hijos, roguemos al Señor.
Escúchanos, Padre.
Por la paz del mundo, para que cesen las rivalidades entre las naciones, renazca
en el corazón de los hombres el amor y arraigue entre todos los pueblos la
mutua comprensión,
roguemos al Señor. Escúchanos, Padre.
Para que Dios, Padre todopoderoso, purifique al mundo de todo error, devuelva la
salud a los enfermos, aleje el hambre, abra las prisiones injustas y conceda el
regreso a los que añoran la patria, roguemos al Señor. Escúchanos, Padre.
Para que el Señor nos conceda perseverar en la fe hasta el fin de nuestra vida
y, después de la muerte, nos admita en el reino de la felicidad, de la luz y de
la paz, roguemos al Señor. Escúchanos, Padre.
Tú, Señor, que has elegido a los pobres
del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos de tu Reino, escucha nuestras
oraciones y ayúdanos a proclamar con valentía tu Evangelio:
para que los oídos de los sordos se abran, los cobardes de corazón recobren ánimos
y las lenguas de los mudos canten con nosotros la salvación. Por Jesucristo,
nuestro Señor.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios,
fuente de la paz y del amor sincero, concédenos glorificarte por estas
ofrendas, y unirnos fielmente a ti por la participación en esta Eucaristía.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
El misterio pascual y el pueblo de Dios
El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario,
es nuestro
deber y salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, nuestro Señor.
Quien, por su misterio pascual,
realizó la obra maravillosa
de llamarnos del
pecado y de la muerte
al honor de ser estirpe elegida,
sacerdocio real, nación
consagrada,
pueblo de su propiedad,
para que, trasladados de las tinieblas
a tu
luz admirable,
proclamemos ante el mundo tus maravillas.
Por eso, con los ángeles y los arcángeles
y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo …
Antífona de la Comunión
Como busca la cierva corrientes de agua de los ríos, así mi alma te busca a
ti, Dios mío; mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Con tu palabra, Señor, y con tu pan del cielo, alimentas y vivificas a tus
fieles; concédenos que estos dones de tu Hijo nos aprovechen de tal modo que
merezcamos participar siempre de su vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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Jesús salvador
El
tema del evangelio es Jesús salvador. No un salvador cualquiera, sino el
salvador definitivo prometido por Dios en el Antiguo Testamento. Así lo
testifica la exclamación de la gente : "Todo lo ha hecho bien. Hace
oír a los sordos, y hablar a los mudos", que recuerda a Isaías 35, 4-6.
Jesús, salvador universal (el relato se sitúa en territorio no judío), abre
los oídos y despierta la lengua. Nos recuerda la situación de aquellos que
tienen voz y ojos pero no son capaces sino de hablar de sí mismos y oírse a
sí mismos, estando incapacitados para la voz de Dios y el clamor del hermano.
A todos los que mantienen esta postura Cristo les dice : "Ábrete a la
comunicación con Dios y con los demás". Porque el cristiano no puede
vivir con los ojos cerrados ante la realidad de un orden social injusto y sordo
al clamor de los pobres.
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