VIGÉSIMO PRIMER
DOMINGO
El evangelio recuerda que
el anuncio de la Eucaristía apartó de Jesús a muchos de sus discípulos, pero
dio ocasión a Pedro para afirmar de nuevo su fe. Las palabras de Pedro son casi
las mismas que había usado el pueblo de Dios, luego de su entrada en la Tierra
prometida, para renovar su elección deliberada de servir al Señor.
San Pablo ve en el amor de los esposos el signo del amor de Cristo para con su
Iglesia, pero también pone este mismo amor de Cristo, que llegó hasta la cruz,
como el modelo del amor humano.
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Antífona de Entrada
Lectura del libro de Josué
24, 1-2a- 15-17.18bR/ Gustad y vez qué bueno es el Señor.
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.
Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando una grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias.
El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
Aunque el justo sufra muchos males,
de todos los libra el Señor;
Él cuida de todos sus
huesos,
y ni uno solo se le quebrará.
Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que lo temen;
Los ricos empobrecen y pasan hambre,
Lo que buscan al Señor, no carecen de nada.
La maldad da muerte al malvado.
y los que odian al justo serán castigados.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a Él.
Segunda Lectura
Este es un gran misterio, y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios
5, 21-32
Hermanos: Sed sumisos unos a otros con respeto cristiano. Las mujeres, que se
sometan a
sus maridos como al Señor. Porque el marido es cabeza de la
mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia; el que es el salvador del cuerpo.
Pues como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo.
Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia: Él se entregó
a si mismo por ella
para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y
para colocarla ante si gloriosa, la Iglesia sin mancha, ni arruga ni nada
semejante, sino santa e inmaculada.
Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son.
Amar a su mujer es amarse a sí mismo.
Pues nadie jamás ha odiado su propio carne, sino que le da alimento y calor,
como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. "Por eso
abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los
dos una sola carne".
Es éste un gran misterio; y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya
Tus palabras Señor, son espíritu y vida.
Tú tienes palabras de vida eterna.
Aleluya.
Evangelio
¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna
Lectura del santo Evangelio según san Juan
6, 61-70
En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron:
"Este modo de hablar es inaceptable, ¿quién puede hacerle caso?"
Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban les dijo: "¿Esto os hace vacilar?, ¿y si
vierais al Hijo del hombre subir a donde
estaba antes? el espíritu es quien da vida, la carne no sirve de nada. Las
palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Y, con todo, algunos de
vosotros no creen.
Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a
entregar.
Y dijo:
Por eso os he dicho quien nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede.
Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir
con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce:
También vosotros queréis marcharos?
Simón Pedro le contestó:
Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros
creemos. Y sabemos que tú eres el Santo, consagrado por Dios.
Palabra de Dios
Gloria a Ti, Señor Jesús.
Se dice «Credo».
Oración de los Fieles
Pidamos, hermanos, al Señor que venga en nuestro auxilio y, por el honor de su
nombre, escuche nuestra oración.
A cada petición responderemos:
Te lo pedimos Señor, óyenos.
Para que el Señor, en su infinita bondad, se acuerde del santo Padre, el Papa,
de nuestro obispo y de todos los que anuncian la palabra de Dios; para que
bendiga a los sacerdotes y diáconos y, en su gran misericordia, se acuerde de
todos los fieles que aman a Jesucristo, roguemos al Señor.
Para que Dios conceda a los que trabajan la tierra lluvias oportunas y buenas
cosechas, dé sabiduría a los investigadores, acierto a los que enseñan,
docilidad y constancia a los que estudian y otorgue a todos aquello que
necesitan en cada momento, roguemos al Señor.
Para que el Señor infunda en el corazón de los pecadores un vivo y sincero
arrepentimiento de sus culpas, les conceda el perdón de sus pecados y les dé
fuerza para no recaer en el mal, a fin de que donde creció el pecado, más
desbordante sea la misericordia divina, roguemos al Señor.
Para que el Señor conceda sus dones a nuestros familiares, amigos, bienhechores
y a todos aquellos que queremos recordar; para que, a cambio de las riquezas que
nos ha dado, obtengan las riquezas inmortales y, en lugar de los bienes
temporales, alcancen los bienes eternos, roguemos al Señor.
Señor Dios, que por medio de Cristo, el Verbo eterno, nos has hecho descubrir
tu amor, escucha nuestras oraciones e ilumina a tus fieles con la luz del
Espíritu Santo, para que nada nos aleje de Cristo, el único que tiene palabras
de vida eterna, y vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Por el único sacrificio de Cristo, tu
Unigénito, te has adquirido, Señor, un pueblo de hijos; concédenos propicio
los dones de la
unidad y de la paz en tu Iglesia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
Historia de la salvación
El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por
Cristo, nuestro Señor.
Porque él con su nacimiento, restauró nuestra naturaleza caída;
con su muerte destruyó nuestro pecado;
al resucitar nos dio nueva vida;
y en su ascensión,
nos abrió el camino de tu Reino.
Por eso, con los ángeles y los santos,
te cantamos el himno de alabanza diciendo sin cesar.
Santo, Santo, Santo …
Antífona de la Comunión
La tierra se sacia de tu acción fecunda, Señor, sacas pan de los campos y
vino
que alegra el corazón.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Te pedimos, Señor, que lleves en nosotros a su plenitud la obra salvadora de tu
misericordia; condúcenos a perfección tan alta y mantennos en ella de tal
forma que en todo sepamos agradarte.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Señor, ¿A quién vamos a acudir ?
El
seguimiento de Jesús no es fácil. Él mismo se ha quedado con unos pocos
discípulos al final de su vida y casi solo al pie de la cruz.
Pero el Jesús de Pedro tiene palabras de Vida, palabras que enamoran y seducen,
palabras que interpelan y llaman a la decisión por el seguimiento. Sólo desde
este "amor apasionado" se puede dejarlo todo, definirse a favor de
Jesús : "A quién vamos a acudir ?. Nosotros creemos".
La pregunta que provocó tal respuesta en Pedro sigue hoy en pie :
"¿También vosotros queréis marcharos ?. Y vienen las dudas :
el mensaje se hace duro, la situación se oscurece, ¿pan de vida o pan de
trigo ?... se trata en definitiva de creer o no creer, de estar dispuestos
o no a que el Espíritu haga vida el evangelio en nosotros.
"Señor, ¿a quién vamos a acudir ?. Tu tienes palabra de vida
eterna.
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