VIGÉSIMO DOMINGO


Acto  Penitencial

 Nuestra naturaleza humana nos impulsa como instintivamente a creernos el centro de todo e incluso a prescindir de Dios en nuestra vida. Por eso siempre tenemos necesidad del perdón que el Padre nos ofrece. Pongámonos, pues, en su presencia. Pidamos su perdón y acojámoslo con el propósito firme de cambiar el rumbo de nuestra vida para vivir según el amor de Dios.

Tú, que escuchas el grito de los oprimidos por el pecado. SEÑOR. TEN PIEDAD.
Tú, que nos guardas de todo mal. CRISTO, TEN PIEDAD.
Tú, que eres nuestro auxilio y nuestra liberación. SEÑOR, TEN PIEDAD.

 El Dios y Padre de misericordia, que está pronto a socorrernos, derrame su amor sobre nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

Jesús se nos muestra en el evangelio como una señal de contradicción entre los hombres: aun dentro del seno de una misma familia hay escisión con respecto a El. Lo mismo ocurría ya con los profetas, romo atestigua la primera lectura, que describe las violencias sufridas por Jeremías. La epístola continúa recordando a la inmensa multitud de los que han soportado el combate de la fe. Hemos de permanecer fieles en la lucha contra el pecado, «fijos los ojos en Jesús». El fue quien «inició y completa nuestra fe»; El nos apercibió que hemos de resistir hasta derramar nuestra sangre.

LECTURA DEL LIBRO DE JEREMÍAS 38, 4-6. 8-10

En aquellos días, los príncipes dijeron al rey: «Muera ese Jeremías, porque está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad, y a todo el pueblo, con semejantes discursos. Ese hombre no busca el bien del pueblo, sino su desgracia.» Respondió el rey Sedecías: «Ahí lo tenéis, en vuestro poder: El rey no puede nada contra vosotros.» Ellos cogieron a Jeremías y lo arrojaron en el aljibe de Melquías, príncipe real, en el patio de la guardia, descolgándolo con sogas. En el aljibe no había agua, sino lodo, y Jeremías se hundió en el lodo.

SALMO RESPONSORIAL

R/ Señor, date prisa en socorrerme.

Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito.

Me levantó de la fosa fatal,
de la charca fangosa
afianzó mis pies sobre roca,
y aseguró mis pasos.

Me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios.
Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos
y confiaron en el Señor.

Yo soy pobre y desgraciado,
pero el señor se cuida de mí;
tú eres mi auxilio y mi liberación:
Dios mío, no tardes.

 

LECTURA DE LA CARTA A LOS HEBREOS 12, 1-4

Hermanos: Una nube ingente de espectadores nos rodea por tanto, quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que renunciando al gozo inmediato soportó la cruz, sin miedo a la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del Padre. Recordad al que soportó la oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el animo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.

Aleluya

Mis ovejas escuchan mi voz
- dice el Señor -
y yo las conozco, y ellas me sigue.

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 12, 49-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «He venido a prender fuego en el mundo: ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz?. No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.»


Oración de los Fieles

Presentemos, hermanos y hermanas, nuestras súplicas al Señor y pidámosle que atienda a sus hijos, según las necesidades de cada uno de ellos: A cada petición respondemos: Te rogamos, Señor, óyenos.

Roguemos al Señor por quienes, a causa de su enfermedad, porque están al servicio de sus hermanos o por cualquier otro motivo, no han podido venir a celebrar con nosotros el domingo; a fin de que, ya que no pueden participar de la alegría de esta celebración, no se vean privados nunca del gozo del Señor, roguemos al Señor.

Roguemos por los que ayudan a los pobres o hacen obras de misericordia en favor de sus hermanos, para que Dios premie abundantemente el bien que hacen, y lo que reparten a sus hermanos el Señor lo multiplique y lo convierta para ellos en premio de vida eterna, te rogamos Señor.

Roguemos por los que están de viaje, por los que tienen que vivir fuera de su hogar o alejados de sus familiares y amigos, para que Dios los proteja de todo peligro, los ayude en sus dificultades y les conceda retornar, sanos y salvos, a sus hogares, te rogamos Señor.

Roguemos finalmente por nosotros mismos, para que el Señor nos haga perseverar en la fe cristiana, nos ayude a conocer más y más el Evangelio de Cristo, fortalezca nuestra voluntad en el bien, nos guarde de todo mal y nos conceda alcanzar la vida eterna, te rogamos Señor.

Dios nuestro, que con la cruz de tu Hijo, bandera discutida, nos revelas la actitud de muchos corazones, escucha nuestras plegarias y no permitas que la humanidad rechace de nuevo la verdad y la gracia, sino que sepa descubrir los momentos que estamos viviendo para alcanzar así la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Prefacio
La acción del Espíritu en la Iglesia

El Señor esté con vosotros.
Y con tu Espíritu.

Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor.
Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Por que de tal manera gobiernas a tu Iglesia,
que en todo lugar y en cada momento,
No cesas, en efecto, de asistirla con la fuerza del Espíritu Santo,
para que, confiaba siempre a ti en el amor,
ni abandone la plegaria en la tribulación,
ni deje de darte gracias en el gozo, por Cristo nuestro Señor.
Por eso,
unidos a los coros angélicos,
te aclamamos diciendo, llenos de alegría:

Santo, Santo, Santo…

 

FUEGO

Las tres lecturas de este domingo hablan de persecuciones y contradicción: Jeremías arrojado al aljibe y enfrentado a su pueblo; los cristianos a los que se dirige el autor de Hebreos, en lucha con la sociedad hostil, con posibilidad incluso de llegar a la sangre en su lucha contra el pecado; Jesús mismo habla de división y conflicto, de venir "a prender fuego en el mundo", de un bautismo, las aguas de la muerte, en donde desea ser sumergido, para que brote el surtidor de la Vida. Por eso, ser cristiano es peligroso, es caminar en medio del incendio y llevar el fuego dentro, El día que escogemos amar de verdad, con valentía, comienzan los conflictos, la división y guerra. Y sólo quienes lleven dentro el fuego de Cristo podrán mantenerse firmes ante las adversidades.