DECIMONOVENO DOMINGO


A penitencial

 En silencio, iniciemos esta eucaristía reconociendo nuestros pecados; reconociendo que toda nuestra fuerza viene del Padre, que toda nuestra esperanza se fundamenta en la salvación que nos ha dado.

 A pesar de nuestro desaliento, te rogamos: Señor, ten piedad.
A pesar de que a veces desfallecemos en el camino, te rogamos: Cristo, ten piedad.
A pesar de nuestra indecisión, te rogamos: Señor, ten piedad.


 

En el evangelio, Jesús nos recomienda que permanezcamos siempre atentos, como los criados que aguardan durante la noche el regreso de su señor. El Señor pasó también durante la noche con ocasión de la primera Pascua, para liberar a su pueblo, nos recuerda la primera lectura. Y asimismo fue de noche cuando Cristo surgió del sepulcro. Comenzamos hoy a leer una parte de la carta a los Hebreos. Luego de haber asentado en qué consiste la fe, describe la epopeya de los creyentes primeros en camino hacia la Tierra prometida en pos de Abrahán, el hombre a quien el Islam llama, junto con la Biblia, «el amigo de Dios».

LECTURA DEL LIBRO DE LA SABIDURÍA 18, 6-9

Aquella noche se les anunció de antemano a nuestros padres, para que tuvieran ánimo al conocer con certeza la promesa de que se fiaban. Tu pueblo esperaba ya la salvación de los inocentes y la perdición de los culpables. Pues con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas llamándonos a ti. Los hijos piadosos de un pueblo justo ofrecían sacrificios a escondidas y de común acuerdo se imponían esta ley sagrada: que todos los santos serían solidarios en los peligros y en los bienes; y empezaron a entonar los himnos tradicionales.

SALMO RESPONSORIAL 32

R/ Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos
dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.

LECTURA DE LA CARTA A LOS HEBREOS, 1-2,8-19

Hermanos: La fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve. Por su fe son recordados los antiguos: por fe obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber a dónde iba. Por fe vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas - y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa - mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios. Por fe también Sara, cuando ya le había pasado la edad, obtuvo fuerza para fundar un linaje, porque se fió de la promesa. Y así de una persona, y ésa estéril, nacieron hijos numerosos, como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas.
[ Con fe murieron todos éstos, sin haber recibido la tierra prometida, pero viéndola y saludándola de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra. Es claro que los que así hablan, están buscando una patria; pues si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver. Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo. Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad.
Por fe Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac: y era su hijo único lo que ofrecía, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: «Isaac continuará tu descendencia.» Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para resucitar muertos. Y así recobró a Isaac como figura del futuro. ]


ALELUYA

Estad en vela y preparados,
porque a la hora que menos pensáis
bien el hijo del hombre.


LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 12, 32-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: [ No temas, pequeño rebaño; porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino. Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón ] Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas: vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle, apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela: os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y si llega entrada la noche o de madrugada, y los encuentra así, dichosos ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis, viene el Hijo del Hombre.» [ Pedro le preguntó: «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?» El Señor le respondió «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo al llegar lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes Pero si el empleado piensa: 'Mi amo tarda en llegar'; y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse; llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándole a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra, recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá: al que mucho se le confió, más se le exigirá». ]


Oración de los Fieles

 Oremos, hermanos, a dios Padre todopoderoso, que tanto amó al mundo que le dio a su hijo único. Respondemos: Roguemos al Señor.

 Por la santa Iglesia de Dios: para que la unidad, la caridad mutua y el fervor reinen entre nosotros.

 Por la humanidad: para que casen en el mundo las guerras, las divisiones, los odios, los recelos y las misericordias, y recuperemos la esperanza en el amor.

Por los que conociendo el amor, sufren los frutos del egoísmo: la soledad, la opresión, el desamparo: para que encuentren en su camino quienes le comprendan y le ayuden.

Por nosotros mismos: para que abandonando todos los ídolos: dinero, prestigio, consumimos,… amemos al Señor con un corazón indiviso.

Para que saliendo de nuestra mediocridad, sepamos llevar a plenitud la fe recibida en el bautismo, caminando así hacia la santidad que Dios exige de nosotros.

Padre que imitemos a tu Hijo, que pasó por la vida haciendo el bien, llevando así plenitud la ley; que te amemos sobre todas las osas y a nuestros hermanos como a nosotros mismos. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

Prefacio
El misterio de la salvación

 El Señor esté con vosotros.
Y con tu Espíritu.

Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor.
Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias 
siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor.
El cual, compadecido del extravío de los hombres,
quiso nacer de la Virgen;
sufriendo en la cruz, nos libró de eterna muerte y,
resucitando, nos dio vida eterna.
Por eso con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo…

ESTAD PREPARADOS

La imagen de tener ceñida la cintura y encendidas las lámparas es extraña para nosotros, pero expresiva para el tiempo de Jesús: el criado que no tuviera la túnica colocada en la cintura no podría acudir con presteza a la llamada de su señor, y lo mismo ocurriría al que tuviera que ir primero a buscar la lámpara de aceite y luego ponerse a encenderla. Hoy, para nosotros, vivir a la espera del Señor de la Vida es permanecer atentos, siempre dispuestos para dar una respuesta eficaz a la llamada de Dios o de los hermanos. Es vivir lúcidamente, pues, como decía la Celestina a Melibea, nadie hay tan viejo que no pueda vivir un día más, ni tan mozo que no pueda morir hoy mismo.