DE
CIMOCUARTO
DOMINGO
Jesús se nos
muestra en el evangelio a un mismo tiempo como el Hijo de Dios --que es el único que
conoce al Padre--y como el Señor manso y humilde de corazón, que nos invita a ir en su
seguimiento. En la primera lectura percibimos al rey que entrará un día en Jerusalén
"modesto y cabalgando en un asno", de acuerdo con la profecía de Zacarías.
Habiendo participado, por el
bautismo, en el misterio pascual de Cristo, debemos, en conformidad
con las directrices señaladas por San Pablo en la epístola, vivir según el Espíritu de
Cristo, que habita en nosotros.
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LECTURA
DEL LIBRO DE ZACARÍAS 9, 9-10
Tu rey viene pobre a ti
Así dice el Señor: Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso, modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica. Destruirá los carros de Efraín, los caballos de Jerusalén, romperá los arcos guerreros, dictará la paz a las naciones. Dominará de mar a mar desde el Eufrates hasta los confines de la tierra.
SALMO RESPONSORIAL 144
R/ Te ensalzaré, Dios mío, mi rey, bendeciré tu nombre por siempre jamás. (o, Aleluya.)
Te ensalzaré, Dios mío, mi rey,
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
El Señor es clemente y misericordioso
lento en la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.
Que todas las criaturas te den gracias, Señor.
Que te bendigan tus fieles,
que proclamen la gloria de tu reino
que hablen de tus hazañas.
El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan.
LECTURA DE LA CARTA DEL
APÓSTOL SAN PABLO
A LOS ROMANOS 8, 9.11-13
Si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis
Hermanos: Vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Por tanto, estamos en deuda pero no con la carne para vivir carnalmente. Pues si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.
Aleluya, aleluya. Mt 11, 2s
Bendito eres Padre, Señor de cielo y tierra
porque le has revelado los misterios del reino
a la gente sencilla. Aleluya.
Lectura del santo Evangelio
según San Mateo 11, 25-30
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jQué maravilla sorprender en vivo y en
directo la oración de Jesús! Brota del fondo del corazón esa confianza en el Padre. En
una cortísima oración la palabra Padre se repite cuatro veces. Debemos suponer que es la
típica voz de cariño de Jesús: Abbá. Y no sólo confía, sino que se confía. Se
entrega a su voluntad: "Así te ha parecido mejor", y a la acción de gracias.
Su oración parte de aquí, de la acción de gracias, de la bendición.
¿De, que da gracias Jesús?. De que el Padre haya puesto ojos en la gente sencilla para
ver estas cosas, las del Padre, las de Jesús. Los sabios se desdeñan de sabiduría tan
simple: amar a Dios y al prójimo; ahí se encierran la ley y los profetas. No, no puede
ser. La ley debe ser complicada, minuciosa, pesada. Por eso la gente sencilla está
agobiada, cansada. Con un cansancio vital porque el cumplimiento de las leyes y normas no
descansa.
Venid a Mí. Jesús ofrece un yugo suave y ligero. Los mandatos de Jesús son brisa y
camino. Es Espíritu. Él es de los humildes: ayuda a andar y a descansar. Él revela al
Padre; no pone velos y refajos. En la palabra Padre resuena la vida que se da
constantemente, el fundamento, la roca. Su eco es ternura, acogida y fiesta para el hijo
pródigo. Y revelación para el hijo mayor de gratuidad, amor y hermandad.
¿Qué nos ha pasado después de tantos arios para que el yugo de Jesús se nos haya hecho
pesado, invasor y ciego? ¿Nos hemos llenado de mandatos en vez de Espíritu?. Pero
huyendo de las leyes, todo se ha convertido en violencia, crimen, corrupción o abuso de
los débiles.
Venid a Mí y conoceréis al Padre y también vosotros daréis gracias con corazón de
jilguero. La vida será leve y graciosa, como la de una golondrina.
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