El evangelio nos narra la
resurrección de la hija de Jairo. Esta victoria de Cristo sobre la muerte
se ilumina con la revelación que nos hace la primera lectura: "Dios no
hizo la muerte. por envidia del diablo entró la muerte en el mundo". Somos
unos resucitados en esperanza en Cristo, puesto que hemos sido redimidos del
pecado por su muerte. En la segunda lectura san Pablo invita a los cristianos d
Corinto a acudir en ayuda de sus hermanos de Jerusalén. Ayudar al pobre es
imitar a Cristo
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Antífona de Entrada
Pueblos todos batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo
Se dice «Gloria».
Oración Colecta
Oremos:
Padre de bondad, que por medio de tu gracia nos has hecho hijos de la luz;
concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el
esplendor de la verdad. Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.
Primera Lectura
Por envidia del diablo entró la muerte en el mundo
Lectura del libro de la Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-25
Dios no hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción de los vivientes; todo
lo creó para que subsistiera. Las criaturas del mundo son saludables, no hay en
ellas veneno de muerte ni imperio del Abismo sobre la tierra, porque la justicia
es inmortal.
Dios creó al hombre incorruptible, le hizo imagen de su misma naturaleza.
Por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los que
le pertenecen.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial Del salmo 29
R/ Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mí mis enemigos se rían de mí
Señor, sacaste mi vida del abismo
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.
Tañed para el Señor, fieles suyos
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura
un instante,
su bondad de por vida.
Al atardecer nos visita el llanto,
por la mañana el júbilo.
Escucha Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto
en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.
Segunda Lectura
Vuestra abundancia remedie la necesidad de los
hermanos pobres.
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los corintios
8,7.9.13-15
Hermanos: Ya que sobresalís en todo: en la fe, en la palabra, en el
conocimiento, en el empeño y en el cariño que nos tenéis, distinguios también ahora por vuestra generosidad.
Bien sabéis lo generoso que ha sido nuestro Señor Jesucristo, siendo rico, por
vosotros se hizo pobre, para que vosotros con su pobreza, os hagáis ricos.
Pues no se trata de aliviar a otros pasando vosotros estrecheces; se trata de
nivelar. En el momento actual vuestra abundancia remedia la falta que ellos
tienen; y un día, la abundancia de ellos remediará vuestra falta.; así habrá
nivelación. Es lo dice la Escritura: Al que recogía mucho, no le sobraba; y al que recogía poco,
no le faltaba.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Jesucristo, nuestro salvador, ha destruido la muerte y ha iluminado la
vida por medio del Evangelio.
Aleluya.
Evangelio
¡Óyeme, niña, levántate!
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 5, 21-43
En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo a la otra orilla, se le reunió mucha
gente alrededor y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga,
que se llamaba Jairo y al verlo se echó a sus pies rogándole con insistencia: "Mi
niña está en las últimas; ven pon las manos sobre ella, para que se cure y viva". Jesús se fue con él
acompañado de mucha gente que lo apretujaba.
[Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce
años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos y se
había gastado en eso toda
su fortuna, pero en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús,
y acercándose por detrás entre la gente, le tocó el manto, pensando
que, con sólo tocarle el vestido, curaría. Inmediatamente se le secó la
fuente de su hemorragia y notó que su cuerpo estaba curado.
Jesús notando que había salido fuerza de él, se
volvió enseguida, en medio de la gente preguntando: "¿Quién me ha tocado
el manto?. Los
discípulos le contestaron: "Ves cómo te apretuja la gente y preguntas:
"¿Quién me ha tocado?. " Él seguía mirando
alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó
asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado; se le echó a los pies
y le confesó todo. Él le dijo: "Hija, tu fe te
ha curado. Vete en paz y con salud.
Todavía estaba hablando, cuando] cuando llegaron de casa del jefe
de la sinagoga para decirle: "Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar
más al Maestro?" Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le
dijo al jefe de la sinagoga: "No temas; basta que tengas fe". No
permitió que lo acompañara nadie más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de
Santiago.
Llegaron a la casa del jefe de la sinagoga, y encontró el alboroto de los que
lloraban y se lamentaban. Entró y les dijo: "¿Qué estrépito y qué
lloros son esos? La niña no está muerta, está
dormida". Se reían de él.
Pero Él los echó fuera a todos, y con el padre y la madre de la niña y sus
acompañantes, entró a donde estaba la niña. La cogió de la mano y le dijo:
"¡Talitha, kumi!", (que significa: contigo hablo, niña, levántate!) La
niña se puso en pie inmediatamente y
se echó a andar - tenía doce años - . Y se quedaron viendo visiones.
Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.
Palabra del Señor.
Te alabamos, Señor.
Se dice «Credo».
Pidamos, hermanos, al Señor que escuche nuestras
oraciones, para que podamos alegrarnos al recibir su ayuda:
Por los ministros de la Iglesia que han consagrado su vida al Señor y por todos
los pueblos que adoran al Dios verdadero, roguemos a Cristo, el Señor.
Escúchanos, Señor.
Para que el tiempo sea bueno y todos podamos gozar de una naturaleza limpia en
la bella sucesión de las diversas estaciones, roguemos al Dios que con
sabiduría gobierna al mundo. Escúchanos, Señor
Por los que son víctimas mas de la debilidad humana, del espíritu de odio o de
envidia o de los otros vicios del mundo, roguemos al Redentor misericordioso.
Escúchanos, Señor
Encomendémonos mutuamente al Señor, pongamos toda nuestra existencia en sus
manos y oremos con confianza al autor y guardián de todo lo que tenemos y
poseemos. Escúchanos, Señor
Dios nuestro, que en el misterio de tu Hijo, pobre
y crucificado, has querido enriquecernos con tus bienes, escucha nuestras
oraciones y no permitas que, mientras anunciemos a los demás la alegre novedad
del Evangelio, nos acobardemos ante la pobreza o la cruz. Por Jesucristo,
nuestro Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios que obras con poder en tus sacramentos;
concédenos que nuestro servicio sea digno de estos dones sagrados. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
El misterio pascual y el pueblo de Dios
El Señor esté con ustedes.
Y con tu Espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y
salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios
todopoderoso y eterno,
por Cristo nuestro Señor.
Quien, por su misterio pascual,
realizó la obra maravillosa
de llamarnos del
pecado y de la muerte
al honor de ser estirpe elegida,
sacerdocio real, nación
consagrada,
pueblo de su propiedad,
para que, trasladados de las tinieblas a la
luz admirable, proclamemos ante el mundo tus maravillas.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles
y con todos los coros celestiales,
cantamos
sin cesar el himno de tu gloria.
Santo, Santo, Santo…
Antífona de la Comunión
Bendice. alma mía, al Señor y todo mi ser a su santo nombre.
Oración después de la Comunión
Oremos:
La víctima eucarística que hemos ofrecido y recibido en comunión nos
vivifique, Señor, para que, unidos a ti, en caridad perfecta, demos frutos que
siempre permanezcan. Por Jesucristo nuestro Señor.
LEVÁNTATE
¡Levántate!,
¿me dices?, Señor, me siento inerte: como aquella chiquilla, allá en su
oscuridad. Mis padres me adoraban: me dieron lo mejor. Con la Ley me fajaron el
día en que nací y todos sus mandatos me hacían repetir. Con Moisés me
criaron, como en una crisálida. Y ahora me siento ahogada, sin poder respirar:
me muero, pulso a pulso, en esta habitación.
Allá fuera, parece, está una multitud, y una mujer impura, de ropa tinta en
sangre... Parece que la veo: con la cara velada, alargando su mano para rozar tu
manto. Parece que se atreve a saltarse la Ley: y se lo juega todo a fiarse de Ti.
Parece que te vuelves, parece que la miras, le sonríes y dices: mi amada,¡vete
en paz!.
Yo aquí dentro la envidio: arropada en mi lecho, atada por mis sábanas, Mi
madre me ve yerta y llorando se sale y te dice: no sigas, que mi hija ya murió.
Pero Tú ¡no te rindes! Pasas con tus amigos (que tampoco creen mucho) a
donde yazgo yo. Y me dices ¡levántate!, mi chiquilla querida, no te dejes
morir, que arriba luce el sol. Y mira que tu padre -Jefe de Sinagoga- por
tu amor se atrevió a enfrentarse a su Ley. Si tu padre en la tierra hizo eso
por ti, mi Padre ¡qué no haría! para verte vivir...
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