DECIMOTERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Verdad, caridad: los dos polos de la vida y del testimonio de los cristianos son el objeto de nuestra oración en una liturgia dominical llena de la alegría de los redimidos: «Pueblos todos batid palmas», «Bendice, alma mía, al Señor».
«Por su misterio pascual», Cristo nos hizo pasar «de la tinieblas a su luz admirable» (Pr l); al llamarnos a la fe Dios nos hizo «hijos de la luz». Se selló una alianza entre El y nosotros. Tenemos el deber de no jugar con el error, de no tratar sin miramientos la fe que profesamos. Por lo mismo, pedimos al Señor la gracia de «permanece siempre en el esplendor de la verdad», de gozarnos en ella” y deducir de ella lo mejor de nuestro dinamismo puesto que irradia en nuestro derredor. Los hombres tienen necesidad de cristianos cuya fe les dé serenidad y entusiasmo. El humilde servicio a la verdad es una obra que supone
mucho amor; por lo mismo que el don de la verdad es más preciado don del amor. Por esta razón, luego de haber recibido la eucaristía, pedimos a Dios que haga que “unidos a Él, en caridad perpetua, demos frutos que siempre permanezcan”. Así, siendo sinceros en el amor, creceremos en todo hasta aquel que es cabeza, Cristo”. (Ef. 4, 15)


Acto  penitencial

En unos momentos de silencio, acojamos la misericordia de Dios reconociendo ante Él nuestros pecados. (Silencio).

Tú, que eres el camino, SEÑOR, TEN PIEDAD.
Tú, que eres la verdad, CRISTO, TEN PIEDAD.

Tú, que eres la vida,
SEÑOR, TEN PIEDAD.


LECTURAS

Empezamos a leer la segunda parte del evangelio de San Lucas: la subida de Jesús a Jerusalén, donde va a sufrir la pasión. Jesús quiere hoy hacer hincapié en el carácter exigente de la vocación apostólica: cuando Él llama, desea que se le siga sin tardanza y sin volver la vista atrás. De este modo, según la primera lectura, había abandonado ya Eliseo el campo en que trabajaba para seguir al profeta Elías ante la llamada de Dios. ¿Cuántos de entre nosotros tienen todavía el valor de dejarlo todo? San Pablo afirma a los Gálatas que son libres en relación a las obligaciones de la ley judía, pero que la libertad cristiana se ha de poner al servicio de los demás por amor.

Lectura del Libro 1º de los Reyes 19, 16b. 19-21

En aquellos días, el Señor dijo a Elías: «Unge como profeta sucesor a Eliseo, hijo de Safat, natural de Abel-Mejolá.» Elías marchó y encontró a Eliseo, hijo de Safat, arando, con doce yuntas en fila y él llevaba la última. Elías pasó a su lado y le echó encima su manto. Entonces Eliseo, dejando los bueyes, corrió tras Elías y le pidió: «Déjame decir adiós a mis padres; luego vuelvo y te sigo.» Elías contestó: «Ve y vuelve, ¿quién te lo impide?» Eliseo dio la vuelta, cogió la yunta de bueyes y los mató, hizo fuego con los aperos asó la carne y ofreció de comer a su gente. Luego se levantó, marchó tras Elías y se puso a sus órdenes.

ALMO RESPONSORIAL 15

R/ El Señor es mi lote y mi heredad.

Protégeme, Dios mío,
que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien"

El Señor es el lote
de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano.

Bendeciré al Señor que me aconseja,
hasta de noche me
instruye internamente.

Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas
y mi carne descansa serena:
porque no me entregarás a la muerte
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

lectura de la Carta del Apóstol S. Pablo a los Gálatas 5, 1.13-18

Hermanos: Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado. Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud. Hermanos, vuestra vocación es la libertad: no una libertad para que se aproveche el egoísmo; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor. Porque toda la ley se concentra en esta frase: «amarás al prójimo como a ti mismo». Pero, atención: que si os mordéis y os devoráis unos a otros, terminaréis por destruiros mutuamente. Yo os lo digo: andad según el Espíritu y no realicéis los deseos de la carne; pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne. Hay entre ellos un antagonismo tal, que no hacéis lo que quisierais. Pero si os guía el Espíritu, no estáis bajo el dominio de la ley.

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 9. 51-62

Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante. De camino entraron en una aldea de Samaría para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: "Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?" El se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea.
Mientras iban de camino, le dijo uno: «Te seguiré adonde vayas.» Jesús le respondió: «Las zorras tienen madriguera y los pájaros nido, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza.» A otro le dijo: «Sígueme.» El respondió: «Déjame primero ir a enterrar a mi padre.» Le contestó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios.» Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia.» Jesús le contestó: «El que echa mano al arado y sigue mirando atrás, no vale para el Reino de Dios.»


Oración de los Fieles

Pidamos, hermanos, al Señor que escuche nuestras oraciones, para que podamos alegrarnos al recibir su ayuda: Respondemos: Escúchanos, Señor.

Por los ministros de la Iglesia que han consagrado su vida al Señor y por todos los pueblos que adoran al Dios verdadero, roguemos a Cristo, el Señor.

Para que el tiempo sea bueno y todos podamos gozar de una naturaleza limpia en la bella sucesión de las diversas estaciones, roguemos al Dios que con sabiduría gobierna al mundo. 

Por los que son víctimas de la debilidad humana, del espíritu de odio o de envidia o de los otros vicios del mundo, roguemos al Redentor misericordioso.

Encomendémonos mutuamente al Señor, pongamos toda nuestra existencia en sus manos y oremos con confianza al autor y guardián de todo lo que tenemos y poseemos.

Dios nuestro, que nos has convocado para celebrar tus sacramentos, escucha nuestras oraciones y mantén nuestra libertad con la fuerza y la suavidad de tu amor, para que nunca disminuya nuestra fidelidad a Cristo en el generoso servicio a nuestros hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Prefacio

El misterio pascual y el pueblo de Dios

El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario. 

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias
siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo nuestro Señor,
quien, por su misterio pascual, realizó la obra
maravillosa de llamarnos del pecado y de la muerte
al honor de ser estirpe elegida, sacerdocio real,
nación consagrada, pueblo de su propiedad,
para que trasladados de las tinieblas a la luz admirable,
proclamemos ante el mundo tus maravillas.
Por eso,
con todos los ángeles y arcángeles
y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo…

 

SEGUIR A JESÚS

A través de tres diálogos, Lucas se dirige a su comunidad, y a nosotros, para advertirles/nos sobre la seriedad y las exigencias del discipulado.
Hacerse discípulo de Jesús supone ponerle a Él en el centro de nuestra vida y hacer que todo lo demás pase a segundo plano. Todo. Nuestros proyectos, nuestros deseos, nuestras seguridades. E insiste en la necesidad de colocar a la familia en segundo lugar, porque en aquel tiempo no había seguridad social ni cuentas corrientes, y todo apoyo y ayuda procedían de ella. El discípulo es el que deja todo para seguir a Jesús, poniendo lo que es y tiene al servicio del Reino de Dios.
Éste es su gran proyecto, para esto llama a sus discípulos: para hacer presente, en medio de este mundo dominado por el mal, el señorío de Dios, que tiene como ley principal el amor y la misericordia.