UNDÉCIMO DOMINGO

La petición de la liturgia de la Palabra presenta a Dios nuestra fragilidad, en tanto que las de la liturgia eucarística nos ayudan a adentrarnos más en su celebración.
Desde que empieza la asamblea se eleva al Señor una súplica: «No me deseches, no me abandones». Súplica del hombre, que vive la experiencia de su debilidad, de sus limitaciones y de su pecado y, a la vez, súplica del cristiano, que saca de su fracaso una convicción mayor de su dependencia absoluta respecto a Dios, sin el cual «nada puede». A quien se sabe redimido por Cristo, nunca le abandona el optimismo, puesto que espera de El la gracia para «agradarle con sus acciones y deseos».
El Señor Jesús instituyó el memorial de su pasión bajo el signo de una comida. El pan y el vino, convertidos en su Cuerpo y Sangre, alimentan a un mismo tiempo «nuestro cuerpo y nuestro espíritu». El pan único, fraccionado y distribuido, y el cáliz común, son «expresión de nuestra unión con Dios». Son el signo privilegiado de la unidad de aquella Iglesia, en favor de la cual pidió Jesús, de la única casa del Señor, a la que aspiran todos los bautizados. 


ANTÍFONA DE ENTRADA

Escúchame, Señor, que te llamo. No rechaces con ira a tu siervo, que tú eres mí auxilio; no me deseches, no me abandones, Dios de mi salvación.

ORACIÓN COLECTA

Oh Dios, fuerza de los que en ti esperan, escucha nuestras súplicas; y pues el hombre es frágil y sin ti nada puede, concédenos la ayuda de tu gracia para guardar tus mandamientos y agradarte con nuestras acciones y deseos. Por nuestro Señor.

LECTURAS

Leemos hoy en el evangelio dos parábolas: la de la semilla que germina lenta pero inexorablemente, y la del grano de mostaza que crece hasta el punto de poder cobijar a los pájaros. Ambas evocan el estado glorioso del Reino futuro, que sucederá al estado actual de humildad. La primera lectura nos da a entender que Jesús, al narrar esas parábolas, se referí de forma muy directa a un texto del profeta Ezequiel. San Pablo, luego de haber recordado las pruebas sufridas durante su ministerio, expresa su deseo del cielo y, más aún, su preocupación por agradar al Señor caminando en la fe.

LECTURA DEL LIBRO DE EZEQUIEL 17, 22-24

Ensalcé un árbol humilde

Esto dice el Señor Dios: «Arrancaré una rama del alto cedro y la plantaré. De sus ramas más altas arrancaré una tierna y la plantaré en la cima de un monte elevado; la plantaré en la montaña más alta de Israel, para que eche brotes y dé fruto y se haga un cedro noble. Anidarán en él aves de toda pluma, anidarán al abrigo de sus ramas. Y todos los árboles silvestres sabrán que yo soy el Señor, que humilla los árboles altos y ensalza los árboles humildes que seca los árboles lozanos y hace florecer los árboles secos. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré.»

SALMO RESPONSORIAL 91

R/ Es bueno dar gracias al Señor.

Es bueno dar gracias al Señor
y tañer para tu nombre, oh Altísimo;
proclamar por la mañana tu misericordia
y por la noche tu fidelidad.

El justo crecerá como la palmera,
se alzará como cedro del Líbano;
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro Dios.

En la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y frondoso;
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe la maldad.

LECTURA DE LA SEGUNDA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS 5, 6- 10

En destierro o en patria nos esforzamos en agradar a Dios

Hermanos: Siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras vivimos, estamos desterrados lejos del Señor. Caminamos sin verlo, guiados por la fe. Y es tal nuestra confianza, que preferimos desterrarnos del cuerpo y vivir junto al Señor. Por lo cual, en destierro o en Patria, nos esforzamos en agradarle. Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir premio o castigo por lo que hayamos hecho en esta vida.

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO

Aleluya, aleluya. La semilla es la Palabra de Dios el sembrador Cristo;
todo el que le encuentra, permanece para siempre.
Aleluya.

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 4. 26-34

Era la semilla más pequeña, pero se hace más alta que las demás hortalizas

En aquel tiempo decía Jesús a las turbas: "EI Reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. El duerme de noche, y se levanta de mañana la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega."
Dijo también: «¿Con qué podemos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? . Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después, brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.»
Con muchas parábolas parecidas les exponía la Palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Tú nos has dado, Señor, por medio de estos dones que te presentamos, el alimento del cuerpo y el sacramento que renueva nuestro espíritu; concédenos con bondad que siempre gocemos del auxilio de estos dones. Jesucristo nuestro Señor.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN              Sal26

Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de m¡ vida.
o bien: Jn 17,

Padre Santo: guárdalos en tu nombre a los que me has da para que sean uno como
nosotros, dice el Señor

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

 Que esta comunión de tus misterios, Señor, expresión de nuestra unión contigo, realice la unidad en tu Iglesia. Por Jesucristo nuestro Señor.

El reino crece

Con la parábola del grano de trigo que crece por sí solo se insiste en la fuerza vital que posee el Reino de Dios, depositada ya en la tierra, sin que nadie la pueda detener. Entre la sementera y la cosecha, la semilla va creciendo y madurando calladamente, sin que la persona lo advierta o lo comprenda, sin que nadie pueda impedir o acelerar su proceso.
Es una parábola que invita a la serenidad y a la confianza creyente en Dios. Él es quien obra. El reino avanza lentamente, imperceptiblemente, pero seguro.
En la parábola del grano de mostaza se muestra el contraste entre los pequeños comienzos y grandes resultados.
Ambas parábolas son un mensaje de ánimo y estímulo : Dios mismo saca adelante su obra, el germen del Reino está en marcha hacia su madurez. A nosotros nos toca sembrar y luego saber esperar.